Los cálculos renales son una afección en la que los minerales y los productos de desecho de la orina se cristalizan formando cristales sólidos en los riñones o en las vías urinarias. A medida que estos cristales crecen, pueden desplazarse y provocar obstrucciones, lo que da lugar al cólico renal, uno de los dolores más intensos en la práctica clínica.
En Vietnam, los cálculos renales son cada vez más frecuentes debido a una dieta rica en sal, una ingesta insuficiente de agua y un clima cálido y húmedo que provoca deshidratación. Resulta preocupante que muchas personas solo traten los síntomas y descuiden la prevención de la recurrencia.
1. Causas de la formación de cálculos renales
Los cálculos renales se forman cuando la orina se concentra, lo que provoca la cristalización de sustancias como el calcio, el oxalato o el ácido úrico. Algunas de las principales causas incluyen:
- No beber suficiente agua: Este es un factor de riesgo importante, especialmente para las personas que trabajan al aire libre o en ambientes calurosos.
- Una dieta rica en sal y proteína animal: aumenta la excreción de calcio y ácido úrico en la orina. Trastornos metabólicos: como hiperoxaluria, hipercalciuria e hiperuricemia.
- Factores genéticos: Las personas con antecedentes familiares de cálculos renales tienen un mayor riesgo.
- Infecciones recurrentes del tracto urinario: Ciertas bacterias pueden crear condiciones propicias para la formación de cálculos.
- Anomalías estructurales del tracto urinario: Provocan retención urinaria, aumentando el riesgo de cristalización.
Los cálculos renales se manifiestan de diversas maneras según su tamaño y ubicación. Los síntomas más comunes incluyen dolor en la parte baja de la espalda que se irradia al abdomen o la ingle (cólico renal), acompañado de micción dolorosa y frecuente, sangre en la orina y náuseas. En casos de infección, pueden presentarse fiebre y escalofríos. Algunas personas experimentan solo síntomas leves, pero aun así sufren daño renal silencioso.
Si no se tratan, los cálculos renales pueden causar hidronefrosis, infecciones del tracto urinario, deterioro de la función renal e incluso progresar a enfermedad renal crónica. El riesgo de recurrencia es alto si no se controlan los factores de riesgo.

Los cálculos renales pueden afectar la función renal e incluso progresar hasta convertirse en una enfermedad renal crónica.
2. ¿Cómo se pueden prevenir los cálculos renales?
La prevención desempeña un papel crucial en el manejo de los cálculos renales, especialmente para aquellos con alto riesgo o con antecedentes de esta afección:
Beber suficiente agua es fundamental para prevenir los cálculos renales. Los adultos deben mantener una ingesta de agua de entre 2,5 y 3 litros diarios, ajustándola según el clima o el nivel de actividad. El objetivo es que la orina tenga un color amarillo claro, lo que ayuda a diluir los minerales y reduce el riesgo de cristalización y formación de cálculos.
Además, reducir el consumo de sal es fundamental. La ingesta diaria recomendada de sal no debe superar los 5 g. Hábitos como consumir alimentos salados, ingerir muchos alimentos procesados o añadir sal a las comidas aumentan la excreción de calcio a través de la orina, lo que favorece la formación de cálculos renales.
La dieta también debe ser equilibrada en cuanto a proteínas . El consumo excesivo de carne roja o vísceras puede aumentar el ácido úrico y disminuir el citrato, una sustancia que ayuda a prevenir la formación de cálculos renales. Por lo tanto, se deben priorizar las fuentes de proteínas saludables, como el pescado y las legumbres, y limitar las dietas ricas en proteínas a largo plazo.

Beber suficiente agua es el principio más importante para prevenir los cálculos renales.
Otro factor a considerar son los alimentos ricos en oxalatos . Alimentos como las espinacas, el chocolate, el té fuerte o los frutos secos, si se consumen en grandes cantidades, pueden aumentar el riesgo de formación de cálculos renales. Sin embargo, no es necesario evitarlos por completo; la moderación es clave, junto con asegurar una ingesta adecuada de agua para reducir el riesgo de cristalización.
La suplementación con calcio también debe realizarse correctamente. Contrariamente a la creencia popular, eliminar por completo el calcio de la dieta puede aumentar la absorción de oxalato e incrementar indirectamente el riesgo de cálculos renales. El calcio debe obtenerse de alimentos naturales como la leche y los productos lácteos, y debe evitarse el uso excesivo de suplementos a menos que sean recetados por un médico.
Además, es necesario limitar el consumo de bebidas poco saludables, como refrescos carbonatados y bebidas alcohólicas, y evitar el consumo excesivo de zumos de frutas. Algunos tipos de zumo pueden aumentar la absorción de oxalatos si se consumen con regularidad.
Mantener un peso saludable y realizar actividad física con regularidad también desempeña un papel importante en la prevención de cálculos renales. La actividad física ayuda a mejorar el metabolismo, reduciendo el riesgo de trastornos metabólicos, uno de los factores asociados a la formación de cálculos.
En personas con afecciones subyacentes como diabetes, hipertensión, hiperuricemia o hiperparatiroidismo, el control eficaz de estas afecciones puede reducir significativamente el riesgo de formación de cálculos renales.
Las personas con alto riesgo o antecedentes de cálculos renales deben someterse a revisiones médicas periódicas. Los análisis de orina, los análisis de sangre y las ecografías renales ayudan a detectar anomalías precozmente, lo que permite una intervención oportuna y una prevención eficaz de la recurrencia.
Finalmente, busque atención médica inmediata si experimenta síntomas inusuales como dolor intenso y persistente, fiebre, presencia de sangre en la orina, náuseas intensas o dificultad para orinar. Estos podrían ser signos de una obstrucción o infección grave y requieren tratamiento inmediato para evitar complicaciones.
Los cálculos renales no solo causan dolor agudo, sino que también representan un riesgo de daño renal a largo plazo si se repiten. La prevención requiere un esfuerzo constante, basado en cambios en la dieta, los hábitos de vida y el control de las afecciones subyacentes. Beber suficiente agua, seguir una dieta baja en sal, mantener una alimentación equilibrada y someterse a chequeos médicos regulares son medidas sencillas pero eficaces para proteger los riñones y reducir el riesgo de formación de cálculos en el futuro.
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Fuente: https://suckhoedoisong.vn/cach-phong-ngua-soi-than-khong-dung-thuoc-169260326082042442.htm











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