El Dr. Hoang Ngoc Vinh, ex Director del Departamento de Educación Profesional (Ministerio de Educación y Capacitación), analizó las causas subyacentes de la presión actual del examen de ingreso al décimo grado y sugirió soluciones políticas para ayudar a los padres y estudiantes a aliviar la carga, mejorando simultáneamente la eficacia del sistema de educación secundaria.

En las grandes ciudades, a medida que se acerca la temporada de exámenes de ingreso a décimo grado, la presión recae sobre los padres y los estudiantes de noveno grado. Esta ansiedad no es infundada. En el contexto de la rápida evolución de la ciencia y la tecnología , la educación secundaria se considera ahora la base mínima para que los estudiantes continúen su educación, cambien de carrera y actualicen sus habilidades a lo largo de su vida laboral.

Mientras tanto, la cantidad de plazas en las escuelas secundarias públicas, especialmente en las zonas urbanas, es limitada. Cuando la oferta es inferior a la demanda, la competencia es inevitable. A medida que la competencia se intensifica, las tutorías adicionales centradas en la preparación de exámenes y el aprendizaje basado en cuestionarios se convierten rápidamente en una opción casi obligatoria para muchas familias para conseguir una plaza en una escuela pública.

Cambio de trayectoria profesional después de la educación secundaria inferior: ¿Por qué la formación profesional no se ha convertido en una "válvula de alivio de presión"?

A partir del año escolar 2025-2026, la política de eximir de matrícula a los estudiantes de escuelas públicas y brindar apoyo a los estudiantes de escuelas privadas y concertadas es un avance encomiable, que demuestra humanidad y comparte la carga financiera con la población. Sin embargo, debemos afrontar la realidad: eximir de matrícula no significa necesariamente más plazas escolares. De hecho, cuando los costos disminuyen, el atractivo de las escuelas públicas puede incluso aumentar, lo que genera mayor presión para asistir a ellas si no se amplía su capacidad en consecuencia. Para muchas familias de bajos ingresos en zonas urbanas, la diferencia entre la matrícula en las escuelas privadas y los gastos de manutención sigue siendo un obstáculo muy real.

Por lo tanto, para aliviar de forma sostenible la presión de los exámenes, es imposible confinar a todos los estudiantes de 9.º grado a una sola puerta. Lo crucial es que el sistema educativo abra múltiples vías diferentes e igualmente valiosas. Se espera que la educación secundaria profesional y la formación profesional postsecundaria actúen como una válvula de escape, pero en realidad no han sido lo suficientemente atractivas. Esto se debe a los prejuicios sociales que consideran la formación profesional como una opción secundaria, a la preocupación de los padres por que el futuro de sus hijos se "determine" demasiado pronto, y a la falta de vías claras y convincentes para la educación superior, las oportunidades laborales y las perspectivas de ingresos.

W-Thi sinh thi vao 10_13.jpg
Estudiantes que realizan el examen de ingreso a décimo grado en Hanói . Foto: Hoang Ha

Para atraer a los estudiantes a los programas de formación/educación vocacional y reducir la presión sobre el examen de ingreso a la escuela secundaria pública, este camino debe convertirse en una opción verdaderamente valiosa: los estudiantes todavía están equipados con una base cultural básica que les permite continuar sus estudios y adaptarse a largo plazo; su aprendizaje está vinculado al lugar de trabajo para demostrar practicidad; y lo más importante, existe un mecanismo de articulación transparente para reducir los riesgos asociados con esta elección.

La experiencia internacional demuestra que en países donde la formación profesional se concibe como una opción de alta calidad estrechamente vinculada al mercado laboral, los padres ya no consideran la formación académica como la única opción. Suiza es un ejemplo claro: la mayoría de los estudiantes, tras finalizar la educación secundaria básica, participan en programas de formación profesional, donde los programas de aprendizaje desempeñan un papel fundamental. Estos programas se basan en estándares nacionales e implican una estrecha participación de las asociaciones profesionales. La OCDE también ha insistido reiteradamente en que, para reducir la desigualdad y la tensión social en el período de transición tras la educación secundaria básica, los países deben combatir la miopía, fortalecer la orientación profesional y realzar el valor real de las diferentes vías de aprendizaje.

Gestionar el examen de 10º grado: Cuando la incertidumbre aumenta la presión.

Volviendo a la situación nacional, además de la falta de claridad sobre el punto de inflexión hacia la formación profesional, la gestión del examen de ingreso a décimo grado ha aumentado inadvertidamente la presión. Una de las manifestaciones más claras es que muchas localidades anuncian la asignatura del tercer examen demasiado tarde.

Desde una perspectiva de gestión, la preocupación de que los estudiantes se centren exclusivamente en las asignaturas de los exámenes cuando estas se anuncian con demasiada antelación es justificada. Sin embargo, en el contexto del acceso ya limitado a las escuelas públicas, este retraso genera una cadena de consecuencias negativas. Sin conocer con certeza las asignaturas de los exámenes, los padres suelen matricular a sus hijos en clases adicionales de diversas asignaturas para mitigar los riesgos. Como resultado, los estudiantes se enfrentan a una mayor carga de trabajo y a una mayor presión psicológica, mientras que su rendimiento académico no necesariamente mejora.

Además, la incertidumbre sobre las asignaturas de los exámenes debilita el papel de los centros educativos. Al profesorado le resulta difícil centrarse en reforzar las competencias básicas, y los alumnos son más propensos a adoptar una mentalidad de empollar el examen en lugar de dominar el currículo. Cuando el examen se vuelve una incógnita hasta el último minuto, la presión no disminuye, sino que se traslada de nuevo a las familias y a los alumnos mediante tutorías extracurriculares. En ese sentido, la publicación tardía de las asignaturas de los exámenes no genera competencia directa, sino que amplifica la sensación de riesgo en un sistema ya de por sí sobrecargado.

Para reducir la presión, el Ministerio de Educación y Formación debe fortalecer la comunicación e invertir más en la formación profesional, mientras que los Departamentos provinciales de Educación y Formación deben gestionar los exámenes con estabilidad y transparencia. Un anuncio temprano, incluso en un ciclo estable de 2 a 3 años, de las asignaturas, la estructura y los niveles de evaluación del examen transmitiría un mensaje claro: basta con dominar el currículo; no hay necesidad de empollar. Las asignaturas del examen también deben ser troncales, lo que garantiza que los estudiantes tengan una base sólida al ingresar a la educación secundaria. En opinión del autor, las localidades deberían considerar la elección de tres asignaturas: Matemáticas, Literatura e Inglés, asignaturas fundamentales no solo para la educación secundaria, sino también para la adaptabilidad a la era digital.

Desde la perspectiva de la escuela, es necesario romper con la mentalidad centrada en el logro en 10.º grado, centrándose en enseñar una base sólida, evaluar de forma que enfatice la comprensión y la aplicación, y organizar tutorías gratuitas o de bajo costo para estudiantes desfavorecidos. Más importante aún, la orientación profesional debe implementarse con seriedad, ayudando a estudiantes y padres a visualizar claramente los caminos y las oportunidades profesionales, para que la formación profesional deje de ser una opción provisional tras no poder ingresar a la escuela pública, y se convierta en una decisión proactiva.

Cuando la formación profesional se convierta en una "vía real", cuando la información de matrícula se proporcione con la suficiente antelación y constancia para que los estudiantes estudien con diligencia y dedicación, la presión del examen de admisión a décimo grado disminuirá gradualmente. En ese momento, la práctica de "empollar" para obtener clases adicionales dejará de existir, y las familias se sentirán menos presionadas a depositar el futuro de sus hijos en una ventana de oportunidad tan limitada. En definitiva, reducir la presión del examen de admisión a décimo grado debería considerarse un indicador importante de la eficacia de la gestión educativa a nivel local y nacional.

Fuente: https://vietnamnet.vn/cuoc-dua-vao-lop-10-cong-lap-mo-them-loi-di-de-phu-huynh-va-hoc-sinh-bot-kho-2482319.html