Esta política ha recibido mucha atención porque está directamente relacionada con el orden urbano, el sustento de las personas y la apariencia de la capital.
En Hanói, las aceras no solo han sido para los peatones, sino también una fuente de sustento para decenas de miles de pequeños negocios. Desde puestos de bebidas y comida hasta tiendas con escaparates, el comercio callejero se ha convertido en una parte habitual de la vida urbana, especialmente en el Barrio Antiguo y en las calles turísticas y gastronómicas .
Sin embargo, la prolongada invasión de las aceras también conlleva numerosas consecuencias negativas. En muchos lugares, los peatones se ven obligados a caminar por la calzada porque las aceras están ocupadas por vendedores ambulantes o vehículos estacionados. Esto no solo perjudica la estética urbana, sino que también supone un riesgo potencial para la seguridad vial.
Por lo tanto, permitir el uso condicional de una parte de la acera se considera una solución más apropiada que una prohibición absoluta, que es difícil de hacer cumplir eficazmente. Si se gestiona adecuadamente, esta política regularía las actividades comerciales y aumentaría los ingresos para el presupuesto, a la vez que impulsaría la economía nocturna.
Cabe destacar que Hanói ha establecido criterios bastante estrictos. Solo se considerarán para el programa piloto las calles con aceras de al menos 3 metros de ancho, tras reservar un mínimo de 1,5 metros para peatones. Este es un principio importante, ya que, en cualquier caso, las aceras deben estar destinadas principalmente a los peatones. Las aceras frente a las viviendas no pueden considerarse un derecho de propiedad privada, puesto que son de dominio público.
La implementación gradual y el programa piloto también demuestran la cautela del gobierno municipal. Esto es necesario para evaluar su efectividad real y evitar una gestión deficiente que podría provocar la repetición de la situación caótica y desagradable del pasado.
Para que la política sea efectiva, la gestión y la supervisión siguen siendo fundamentales. Sin transparencia, el arrendamiento de espacios en las aceras podría acarrear consecuencias negativas o competencia desleal. La ciudad debe publicar claramente los criterios de selección, las tarifas, el área utilizable y las responsabilidades de los negocios. Además, es necesario un mayor uso de la tecnología, cámaras de vigilancia y sistemas automatizados de control para garantizar que el uso de las aceras cumpla con la normativa.
Más importante aún, la cuestión de las aceras debe considerarse no solo desde la perspectiva de la gestión urbana, sino también en relación con el sustento de las personas. Para muchos trabajadores autónomos y pequeños empresarios, unos pocos metros cuadrados de acera representan una fuente crucial de ingresos. Por lo tanto, las políticas deben garantizar un equilibrio de intereses, manteniendo el orden urbano y, al mismo tiempo, creando las condiciones necesarias para que las personas desarrollen actividades comerciales legítimas.
En muchos países, el uso de las aceras para actividades comerciales no está prohibido, pero siempre conlleva regulaciones estrictas en cuanto a área, horario y acceso peatonal. Hanói sin duda puede aprender de esa experiencia para desarrollar un modelo adecuado.
Alquilar espacios en las aceras no se trata solo de unos pocos metros cuadrados, sino también de gestión urbana. Si se hace bien, Hanói puede impulsar su economía nocturna y, al mismo tiempo, construir una imagen urbana más civilizada, moderna y habitable.
Fuente: https://nld.com.vn/tphcm-hai-benh-vien-lon-cung-bieu-dien-phau-thuat-robot-196260514100817683.htm











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