Durante muchos años, la reforma administrativa se ha mencionado constantemente como una tarea clave. Sin embargo, debido a su frecuente mención, a veces puede percibirse como un eslogan manido. Por lo tanto, lo que distingue las recientes directivas del Primer Ministro Le Minh Hung no es solo el contenido, sino el grado de contundencia y especificidad de las acciones. Cuando insta a "reducir las condiciones para las empresas", "resolver los obstáculos institucionales" o establecer un objetivo de ahorro de al menos el 10 % de los gastos corrientes, el mensaje es muy claro: la reforma ya no es algo que se debería hacer, sino algo que debe hacerse de inmediato y a fondo.
En particular, al integrar estos requisitos en el objetivo general de un alto crecimiento, se revela un nuevo enfoque: considerar la reforma administrativa como una de las palancas más importantes para impulsar el desarrollo. Desde esta perspectiva, la reforma administrativa no es solo una cuestión del aparato administrativo, sino de toda la economía . Cada procedimiento simplificado supone una reducción de costes. Cada requisito empresarial eliminado representa una barrera desmantelada. Y cada proceso transparente supone un paso más hacia el fortalecimiento de la confianza del mercado.
Sin embargo, lo que los ciudadanos y las empresas esperan no es la redacción de la resolución, sino cambios tangibles en su vida cotidiana. Anhelan menos trámites, tiempos de procesamiento más rápidos y la eliminación de costos no oficiales. Esperan evitar la situación en la que "se reduce un trámite, pero surge otro", o, como dice el refrán, "de la raíz brotan nuevas ramas".
En otras palabras, esperan que esta reforma no sea solo un ajuste superficial, sino un cambio sustancial en el funcionamiento del sistema. Este es también el criterio principal para evaluar una reforma: ¿resulta más conveniente para la ciudadanía y facilita la actividad empresarial? Si la respuesta es afirmativa, la reforma ha sido un éxito. De lo contrario, es necesario continuar con los esfuerzos. Desde esta perspectiva, se puede afirmar que la reforma administrativa es el "paquete de estímulo" más eficaz que no requiere presupuesto. Porque al disminuir los costos de cumplimiento y volverse más transparente el entorno empresarial, los recursos de la sociedad se liberan automáticamente y se gestionan con mayor eficiencia. Por supuesto, el camino desde la determinación hasta los resultados siempre es arduo.
En realidad, muchas reformas anteriores han enfrentado dificultades en su implementación: regulaciones superpuestas, responsabilidades poco claras y mecanismos de monitoreo y medición limitados. Por lo tanto, para traducir este compromiso actual en resultados concretos, lo más importante es organizar la implementación de manera seria y consistente. En primer lugar, se deben asignar responsabilidades claras a cada organismo, a cada nivel y a cada persona. La reforma no puede tener éxito sin que alguien asuma la responsabilidad total. A continuación, se necesita un sistema de medición específico, que no solo mida la cantidad de documentos emitidos, sino también el tiempo empleado en los trámites, los costos de cumplimiento y el nivel de satisfacción de los ciudadanos y las empresas.
Además, promover la transformación digital, simplificar los procesos y mejorar la transparencia son factores clave. Cuando los procesos se digitalizan, los datos se conectan y cada paso del proceso se puede rastrear, el margen para la inercia o la arbitrariedad se reduce gradualmente. En otras palabras, esta reforma administrativa debe implementarse como una cadena de ejecución completa, desde el diseño de políticas y la estructura organizativa hasta el monitoreo y la evaluación de resultados.
La determinación está presente. La dirección es clara. Lo que queda es actuar. Si estas directrices decisivas se implementan eficazmente, la reforma administrativa no solo simplificará la burocracia, sino que se convertirá en un poderoso motor para mejorar la competitividad nacional, impulsar el crecimiento y elevar la calidad de vida de la población. En última instancia, la confianza de la sociedad y del mercado no se basa en promesas, sino en cambios concretos: en cada procedimiento simplificado, en cada reducción de costos y en cada mejora de la experiencia administrativa. Y si logramos esto, la determinación de hoy se convertirá verdaderamente en la confianza del mañana.
Fuente: https://www.sggp.org.vn/khoi-thong-nguon-luc-cung-co-niem-tin-post848396.html











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