Las dos resoluciones, colocadas una al lado de la otra, fácilmente plantean preguntas: ¿se superpondrán realmente en la práctica estas dos fuerzas impulsoras?
Esa pregunta está arraigada en los proyectos de desarrollo y en cada ajuste controvertido de los precios de la electricidad, y refleja las preocupaciones de las empresas estatales: cómo seguir los principios del mercado y seguir comprometidos con los objetivos sociales.
Por lo tanto, los debates en torno a la Resolución 79 en el reciente seminario organizado por el periódico Tien Phong no fueron sólo asuntos académicos, sino también una historia de desarrollo práctico.
El liderazgo no puede lograrse únicamente a través del rol.
Cuando la economía estatal debe operar según los principios del mercado y con plena contabilidad, la competencia con el sector privado es inevitable. La pregunta es: ¿esta competencia generará desarrollo mutuo o se destruirá mutuamente?
Si las empresas estatales carecen de capacidad genuina, el concepto de "liderazgo" puede fácilmente convertirse en una mera formalidad. No pueden abrir camino si aún luchan por encontrar su propio camino hacia el desarrollo.

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La Resolución 79 es correcta en sus objetivos y dirección, pero necesita definir claramente el camino para evitar una situación en la que sea correcta en el papel pero lenta en su implementación en la práctica.
Más importante aún, si no se definen claramente los roles de los sectores público y privado, la Resolución 79 podría socavar inadvertidamente el espíritu de la Resolución 68.
Cuando "liderar" se malinterpreta como "tomar el control" o "invadir", el motor de crecimiento más importante es vulnerable.
La experiencia práctica en el sector de infraestructura de transporte revela una paradoja de larga data: algunas empresas estatales tienen a su cargo la ejecución de numerosos proyectos clave de autopistas nacionales, pero su capital registrado es insuficiente en comparación con sus activos totales y la magnitud de su inversión. Esta estructura de capital dificulta la captación de recursos adicionales, lo que las obliga a desaprovechar proyectos cruciales.
Solo con aumentos sustanciales de capital cambiará la situación. Las empresas acelerarán su ritmo de inmediato, implementando simultáneamente múltiples proyectos de gran envergadura, incluidos aquellos bajo el modelo de APP.
La lección aprendida es clara: dar a las empresas estatales un papel protagónico sin brindarles recursos suficientes las pone en riesgo.
Por lo tanto, la Resolución 79 no puede entenderse simplemente como un fortalecimiento de las empresas estatales y su expansión para dominar el mercado. En cambio, las encomienda la tarea de hacer lo que las empresas estatales deben hacer en sectores clave con un impacto real.
Una economía que solo invierte en proyectos con garantía de éxito tendrá muchas dificultades para lograr avances. Liderar según el espíritu de la Resolución 79 implica atreverse a ser pionero y aceptar riesgos controlados, especialmente en nuevos campos, alta tecnología e infraestructura estratégica, donde el sector privado aún no está cualificado para participar.
Esto requiere no solo mecanismos de evaluación más flexibles, sino también la protección necesaria para quienes se atreven a actuar y asumir la responsabilidad por el bien común. Si cada riesgo se etiqueta como una falta, nadie tendrá el coraje de tomar la iniciativa.
Disciplina de mercado y decisiones incómodas
Un cambio notable es cómo algunas grandes corporaciones estatales están abordando la Resolución 79 no con la mentalidad de pedir más mecanismos, sino con la presión de endurecer sus propias regulaciones.
Operar según los principios del mercado implica aceptar decisiones difíciles, incluso delicadas. La electricidad es un claro ejemplo. Operar según los principios del mercado no implica ignorar los objetivos sociales, pero tampoco puede evitar la transparencia en los costos, la precisión en la reflexión sobre el valor y el fomento del uso eficiente de los recursos. La frontera entre los principios del mercado, el bienestar social y los objetivos políticos es donde el liderazgo de las empresas estatales se pone a prueba con mayor claridad.
Además, la reforma de la gobernanza ya no es un concepto abstracto. Muchas empresas estatales han comenzado a acelerar la transformación digital, estandarizar procesos, mejorar la eficiencia operativa y crear valor tangible, no solo cambios teóricos. Esto demuestra que la disciplina de mercado, si se implementa con seriedad, puede generar resultados absolutamente positivos.
Un punto crucial de la Resolución 79, que se malinterpreta fácilmente, es que no se limita a las empresas estatales. El enfoque más profundo se centra en la gobernanza de todos los recursos pertenecientes a la economía estatal: desde el capital, la tierra y la infraestructura hasta los activos públicos y los fondos de inversión.
Los activos públicos no implican que solo el sector estatal tenga derecho a un uso preferente. Lo importante es asignarlos eficazmente a toda la sociedad, mediante mecanismos transparentes y basados en el mercado. Las empresas estatales son solo una herramienta de este sistema, no un fin en sí mismas.
Este enfoque ayuda a que la Resolución 79 rompa con la rutina de "volver a discutir sobre las empresas estatales" y se acerque a una mentalidad moderna: el Estado lidera organizando y asignando recursos, en lugar de reemplazar al mercado.
El cuello de botella está en las instituciones y en las personas.
Una resolución, por correcta que sea, será difícil de implementar si el proceso de institucionalización es lento y vacilante.
Con la Resolución 79, la etapa más difícil ya no es fijar la dirección, sino pasar de los documentos escritos a la acción: construir mecanismos específicos y programas de acción concretos que sean lo suficientemente claros para implementar y lo suficientemente flexibles para no atar las manos de los involucrados.
Pero, en última instancia, las personas siguen siendo el factor decisivo. Con el mismo mecanismo, algunos lugares tienen un excelente desempeño, mientras que otros permanecen prácticamente estancados. La diferencia radica en la competencia, el carácter y el sentido de responsabilidad del equipo implementador, especialmente de los líderes.
En general, la Resolución 79 no pretende ampliar el papel de la economía estatal de forma inclusiva, sino más bien de forma más racionalizada y eficiente. El liderazgo no pretende eclipsar al sector privado, sino allanar el camino para un mejor funcionamiento del mercado, una asignación más eficiente de recursos y la creación de las bases para el crecimiento a largo plazo.
Si se implementa correctamente, la Resolución 79 no contradirá a la Resolución 68, sino que se complementarán, convirtiéndose en dos pilares paralelos: el Estado cumpliendo su rol de crear y liderar la estrategia, mientras que al mercado –con el sector privado como principal impulsor– se le da suficiente espacio para crecer.
En última instancia, la prueba de la Resolución 79 reside en si existe suficiente determinación y capacidad para traducir el liderazgo en acciones concretas. Esto se verá reflejado en la práctica en cada proyecto, cada decisión y cada etapa del crecimiento económico.
Vietnamnet.vn
Fuente: https://vietnamnet.vn/nghi-quyet-79-khi-nha-nuoc-dan-dat-thay-vi-lam-thay-va-lan-san-2488869.html






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