• El Comando de la Guardia Fronteriza de Ca Mau lanza una campaña de emulación para lograr la victoria en 2026.
  • Desde Ca Mau se canta la canción "Recordando al tío Ho en mayo".

La frontera en mayo posee una belleza singular, a la vez austera y poética. Es el sol abrasador que recorre los sinuosos caminos de patrulla a través de las montañas y los bosques, la brisa marina salada que impregna los uniformes de los soldados tras largas jornadas de servicio en el mar y en las islas. Algunas mañanas, justo cuando el amanecer asoma en el horizonte, los soldados inician su patrulla a lo largo de la frontera, atravesando bosques ancestrales aún húmedos por el rocío nocturno. Otras noches, el mar está agitado, las olas tan altas que amenazan con engullirlo todo, pero en la lancha patrullera, los ojos de los soldados brillan con una determinación inquebrantable. Permanecen en medio de la inmensidad del cielo y el mar no solo para cumplir con su deber, sino también para afirmar que: dondequiera que repose la sagrada soberanía de la Patria , se encontrarán las huellas de los guardias fronterizos.

Guardias fronterizos patrullando. (Foto: Le Khoa)

Quizás solo visitando la frontera en mayo se pueda comprender plenamente el silencioso sacrificio de los soldados de uniforme verde. Su juventud no está ligada al bullicio de las calles de la ciudad ni a la alegría de sus veinte años. Esa energía juvenil se queda en los puestos fronterizos, en remotos puestos que afrontan dificultades durante todo el año. Algunos soldados llevan meses sin volver a casa. Algunas madres ancianas, frágiles y débiles, solo pueden ver a sus hijos a través de la señal intermitente de la pantalla de un teléfono. Algunos niños crecen orgullosos de que sus padres sean soldados, pero también se acostumbran poco a poco a que sus padres se pierdan cumpleaños o fiestas. Sin embargo, los soldados nunca lo consideran una pérdida. Porque en sus corazones arde siempre una creencia sencilla pero sagrada: la paz del pueblo es la mayor felicidad de un soldado.