Tan solo mencionar la frase "cometa de la infancia" evoca un torrente de recuerdos, acariciando como una suave brisa vespertina un magnífico terraplén. No se trata simplemente de un objeto inanimado, hecho de bambú rústico y papel frágil, sino que en su interior se esconde un universo de sueños, un ardiente anhelo de elevarse libremente hacia el vasto cielo.