En promedio, más de 114 personas mueren cada día, y aproximadamente una persona fallece cada 12 minutos debido a la contaminación atmosférica causada por las emisiones de los vehículos. Esto ya no es solo una historia sobre el cambio climático futuro, sino una crisis de salud pública en tiempo real.
Los gases de escape de los vehículos de gasolina y diésel contienen diversos contaminantes peligrosos, como partículas finas PM2.5, óxidos de nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos tóxicos. Estas partículas ultrafinas pueden penetrar profundamente en los pulmones, entrar en el torrente sanguíneo y aumentar el riesgo de sufrir un derrame cerebral, un infarto, cáncer de pulmón y muchas enfermedades respiratorias crónicas.
Aún más preocupante es que los niños son el grupo más afectado. El informe muestra que Estados Unidos registra el mayor número de nuevos casos de asma infantil a causa de la contaminación del tráfico en todo el mundo. Tan solo en 2024, los niños estadounidenses representaron el 10 % de todos los nuevos casos de asma relacionados con la contaminación del tráfico a nivel mundial. Cabe destacar que la gran mayoría de estas muertes y enfermedades son totalmente prevenibles.
Los investigadores estiman que si la transición a vehículos de cero emisiones se acelera y los automóviles, camiones y autobuses eléctricos representan el 100 % de las ventas nuevas para 2040, el mundo podría prevenir más de 100 000 muertes prematuras y evitar más de 42 000 casos de asma infantil para 2050 solo en Estados Unidos. Esto demuestra que invertir en transporte limpio no solo es una solución para la protección del medio ambiente, sino también una política que salva vidas.
De hecho, muchas ciudades han demostrado que el transporte ecológico y el control de emisiones mejoran la calidad del aire, protegen la salud y reducen las emisiones de carbono. Por el contrario, la relajación de las regulaciones ambientales o una transición lenta a las energías limpias provocarán un aumento continuo de muertes y enfermedades. El mensaje de la investigación es claro: las emisiones del tráfico no son solo un problema ambiental, sino una cuestión de vida o muerte, que exige una acción más decisiva por parte del gobierno .
Es evidente que, para reducir las muertes, los gobiernos deben acelerar la transición hacia un transporte con cero emisiones, endurecer las normas sobre emisiones, invertir en transporte público y desarrollar políticas basadas en evidencia científica sobre el impacto de la contaminación atmosférica. El aire limpio no es un privilegio, sino un derecho humano fundamental. Cada hora que pasa con cinco muertes más a causa de las emisiones tóxicas es una advertencia de que la demora en la acción se traduce en vidas perdidas.
Fuente: https://baovanhoa.vn/doi-song/can-hanh-dong-quyet-liet-hon-241985.html









