Las realidades prácticas exigen herramientas capaces de medir y monitorear con precisión el proceso legislativo. Por lo tanto, el proyecto piloto para evaluar y calificar (mediante indicadores clave de rendimiento) dicho proceso, que actualmente implementa el Gobierno , no es simplemente una solución administrativa, sino un paso concreto hacia la aplicación de un enfoque de gobernanza moderno para mejorar la calidad de la planificación de políticas y la rendición de cuentas.
Según el Ministerio de Justicia , el sistema de evaluación y criterios de puntuación se está revisando y mejorando para definir con claridad las responsabilidades de cada entidad involucrada en el proceso legislativo. Si se diseñan adecuadamente, estos criterios podrían convertirse en una herramienta importante para mejorar la calidad de las instituciones.
Sin embargo, para perfeccionar los criterios es necesario abordar una cuestión fundamental: ¿el objetivo final de la puntuación es evaluar el grado de cumplimiento de las tareas por parte de cada organismo en el proceso legislativo, o evaluar la capacidad de desarrollo del aparato estatal?
Esta cuestión cobra especial relevancia en el contexto de la Resolución n.º 66 del Politburó , que identifica la reforma de la legislación y su aplicación como una tarea fundamental para el perfeccionamiento del Estado de derecho socialista en Vietnam. Cuando las instituciones se reconocen como un recurso para el desarrollo y una ventaja competitiva nacional, la calidad de la legislación se convierte en un indicador de la capacidad de gobernanza del país.
Cada ley promulgada refleja la capacidad del aparato estatal para identificar problemas, seleccionar soluciones políticas y organizar una implementación eficaz. Una agencia que no logra identificar los obstáculos institucionales tendrá dificultades para proponer soluciones. Una política diseñada sin una base sólida o con una previsión insuficiente puede aumentar los costos para los ciudadanos y las empresas, y reducir la eficacia de la gestión estatal.
En ese sentido, evaluar el proceso legislativo no solo consiste en valorar la calidad del proceso legislativo, sino también en valorar la capacidad institucional, la capacidad de gobernanza y la capacidad de aplicación de la ley del aparato estatal.
En realidad, un proyecto de ley puede completarse a tiempo, con toda la documentación necesaria y siguiendo los procedimientos correctos, pero esto no garantiza necesariamente una buena ley. Lo que el país necesita ahora son leyes que permitan liberar recursos, promover la innovación, mejorar la competitividad y proteger mejor los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos y las empresas.
Por lo tanto, los criterios de evaluación no pueden limitarse a medir el grado de cumplimiento de los procedimientos y procesos por parte de los organismos en el proceso legislativo, sino que también deben evaluar la capacidad para identificar y resolver problemas; la habilidad para identificar con precisión los obstáculos al desarrollo y proponer soluciones institucionales adecuadas. Asimismo, deben evaluar la capacidad de diseño de políticas mediante la calidad de las evaluaciones de impacto, la habilidad para cuantificar costos y beneficios, pronosticar riesgos, reducir los trámites administrativos y movilizar recursos para el desarrollo.
Más importante aún, la evaluación debe abarcar la efectividad de la implementación una vez promulgada la ley. La calidad y efectividad de la ley deben comprobarse en la práctica. Una buena ley debe generar cambios positivos, reducir los costos de cumplimiento, eliminar las barreras al desarrollo y mejorar la eficiencia de la administración estatal.
Si se diseñaran para evaluar todo el ciclo de vida de las políticas, desde la identificación del problema, la formulación de políticas, la redacción, la evaluación, la verificación, hasta la implementación y la evaluación del impacto posterior a la promulgación, los criterios no solo reflejarían la calidad de la legislación, sino también la capacidad de desarrollo de cada organismo dentro del aparato estatal.
En definitiva, el objetivo de calificar y evaluar la labor legislativa no es clasificar ministerios y agencias ni crear procedimientos administrativos adicionales. La mayor importancia de esta herramienta radica en identificar con precisión la capacidad institucional, la capacidad de gobernanza y la capacidad de implementación de las agencias encargadas de la elaboración de leyes.
En un periodo donde la reforma institucional se define como un avance trascendental, la evaluación del trabajo legislativo debe ir más allá del simple recuento de documentos, progresos o procedimientos. La medida definitiva debe ser la capacidad de crear mejores políticas, mejores leyes y mejores condiciones para el desarrollo del país. Esta es también una forma de medir hasta qué punto se cumplen los requisitos para construir un Estado de derecho socialista moderno, orientado al desarrollo y altamente eficaz, en consonancia con el espíritu de la Resolución 66.
Fuente: https://daibieunhandan.vn/cham-diem-cong-tac-xay-dung-phap-luat-10421479.html






