La gente suele contar esa historia como una lección de honestidad. Pero al crecer, empecé a reflexionar sobre los detalles: el leñador solo dejó caer el hacha mientras trabajaba. Si se hubiera quedado quieto a la orilla del río, el hacha jamás se le habría caído. No habría tenido que preocuparse, no habría tenido que afrontar la pérdida ni el fracaso. Pero tampoco habría tenido leña que llevar a casa.
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| Ilustración: mundo abierto |
Al observar a la juventud actual, veo que muchos albergan un miedo invisible. No se trata necesariamente de miedo al fracaso, sino de miedo a cometer errores. Tememos elegir la carrera equivocada, tomar una decisión profesional errónea, emprender un proyecto que no tenga éxito o ser juzgados negativamente si los resultados no son los esperados. Debido a este miedo a equivocarse, muchos optan por quedarse estancados, esperando la oportunidad perfecta, el momento perfecto o un camino seguro hacia el éxito. Pero la vida no ofrece tal perfección.
Existe una gran filosofía: un barco está más seguro en puerto, pero no es para eso que se construyen barcos. Lo mismo ocurre con la juventud. Los jóvenes no nacen para vivir en una zona de confort. La juventud es el momento más propicio para experimentar, explorar y desafiarse a uno mismo. Los mejores años de la vida no son aquellos sin errores, sino aquellos en los que te atreves a vivir la vida al máximo con tus decisiones.
La realidad es que muy pocas personas alcanzan el éxito al primer intento. Detrás de cada logro suele haber fracasos que otros no ven. Algunas personas tienen que cambiar de carrera muchas veces antes de encontrar un trabajo adecuado. Otras experimentan numerosos contratiempos antes de comprender el valor de la perseverancia. Algunas solo maduran de verdad tras superar desafíos aparentemente insuperables. Lo valioso de la juventud no es la ausencia de fracasos, sino que, tras cada caída, aún conservamos el coraje para levantarnos y seguir adelante. Porque el fracaso no es el final, sino solo una parte del camino hacia la madurez. Cada error nos ayuda a comprendernos mejor, a identificar nuestras fortalezas y debilidades, y a saber qué necesitamos cambiar.
Quizás todos hemos experimentado el fracaso al menos una vez. Podría ser un resultado insatisfactorio en un examen, un proyecto sin terminar o un plan fallido. Estas cosas pueden entristecernos por un tiempo, pero un día, al mirar atrás, nos damos cuenta de que los momentos más memorables de la juventud no son los éxitos fáciles. Más bien, son las veces que nos atrevimos a intentarlo, nos atrevimos a cometer errores y seguimos adelante. Porque, en definitiva, de lo que más se arrepiente la gente no son las cosas que hicieron y no lograron, sino las cosas que nunca se atrevieron a hacer cuando eran jóvenes.
Fuente: https://www.qdnd.vn/xa-hoi/cac-van-de/dam-lam-khi-ta-con-tre-1045332










