Las familias no pueden delegar por completo la responsabilidad de criar a los hijos en otras personas.
Hoy en día, la noche en muchas familias transcurre de forma similar. Cada padre o madre sostiene su teléfono. Los niños también están absortos en sus tabletas o teléfonos. Toda la familia se encuentra en el mismo espacio, pero vive en mundos distintos. Esto ya no es un caso aislado, sino una imagen habitual en la sociedad digital.
La tecnología ofrece innumerables beneficios; con solo unos toques, los niños pueden aprender idiomas extranjeros, explorar la historia, descubrir la ciencia o conectar con amigos de todo el mundo. Sin embargo, este mismo espacio también puede exponerlos a desinformación, contenido dañino, violencia, incitación al odio o valores distorsionados si carecen de la orientación adecuada. Aún más preocupante es que muchos padres, sin darse cuenta, están delegando la responsabilidad de la educación de sus hijos en internet.
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| Imagen ilustrativa. Fuente: vietnamnet.vn |
Muchos padres ocupados usan sus teléfonos como una "niñera electrónica". Se los dan a un niño que llora, ponen YouTube para los niños inquietos y les muestran dibujos animados mientras comen. Al principio son solo unos minutos, pero luego se convierten en horas al día. Solo cuando el niño se vuelve dependiente de la pantalla, pierde habilidades de comunicación, pierde interés en aprender o presenta problemas de comportamiento, los padres se alarman.
Ninguna aplicación puede reemplazar el abrazo de un padre o una madre, y ningún algoritmo puede enseñar a los niños a amar, compartir o respetar a sus mayores. Estas cualidades solo se forman en el seno familiar.
Las escuelas pueden impartir conocimientos, la sociedad puede crear un entorno. Pero la familia sigue siendo el lugar donde se forjan los primeros cimientos del carácter. Si ese primer cimiento se coloca incorrectamente, será muy difícil construir con solidez las capas superiores.
La tecnología cambia nuestra forma de vida, pero no puede reemplazar el amor.
Se está desarrollando una paradoja: las personas están más conectadas con el mundo que nunca, pero hablan menos con sus seres queridos que nunca.
Muchos padres saben qué videos les gustan a sus hijos en internet, pero desconocen si están contentos o tristes. Saben qué clases extraescolares toman, pero ignoran la presión que sufren en la escuela. Saben cuántas horas pasan con el móvil, pero no saben qué necesitan que les escuchen. Esta brecha no la crea la tecnología, sino la falta de presencia de los padres en la vida emocional de sus hijos.
Muchos expertos en educación han advertido que el mayor problema actual no es la falta de información entre los niños; lo más preocupante es la falta de compañeros que les ayuden a distinguir el bien del mal, la verdad de la mentira, los valores reales de los valores virtuales.
Las redes sociales pueden enseñar a los niños a ser famosos, pero solo la familia puede enseñarles a vivir una vida digna. La inteligencia artificial puede responder millones de preguntas, pero solo los padres pueden responder la pregunta más importante de un niño: "¿Quién soy y en qué tipo de persona debo convertirme?". Esto demuestra, además, que en la era digital, el papel de los padres no ha disminuido, sino que se ha vuelto aún más importante. Los padres no necesitan saber más de tecnología que sus hijos, pero sí necesitan comprenderlos mejor que la tecnología.
En lugar de limitarte a controlar el tiempo frente a la pantalla, presta atención a lo que tu hijo ve, piensa y cree. En vez de prohibirlo, enséñale a usar la tecnología de forma responsable. Una comida sin teléfonos, una hora de lectura juntos, una conversación antes de acostarse... Estas pequeñas cosas son la mejor "vacuna" para ayudar a los niños a desarrollar resistencia a los impactos negativos de internet.
Para construir una sociedad mejor, comencemos por cada hogar.
Durante generaciones, el pueblo vietnamita ha creído que la familia es la base de la sociedad. Una familia amorosa forma individuos amorosos. Una familia disciplinada produce ciudadanos responsables. Una familia que valora la honestidad contribuye a una sociedad honesta; esto permanece inalterable en la era digital. Por el contrario, a medida que la tecnología se desarrolla a un ritmo cada vez más acelerado, los valores familiares deben preservarse aún más como pilar fundamental.
No es casualidad que muchos países desarrollados consideren la educación familiar como la base de la educación nacional. Una sociedad civilizada no se mide únicamente por el número de rascacielos, la velocidad de internet o el nivel de inteligencia artificial. Más importante aún, se trata de si los padres siguen pasando tiempo con sus hijos en casa; si los hijos siguen respetando a sus abuelos y padres; y si los miembros de la familia siguen viendo el hogar como un lugar al que regresar o simplemente como un lugar para dormir.
El Día de la Familia Vietnamita no solo es una ocasión para honrar los valores tradicionales, sino que, aún más importante, nos invita a reflexionar sobre nuestros propios hogares. Dejen de usar el teléfono con más frecuencia, pasen más tiempo con su familia, escuchen más a sus hijos en lugar de solo preguntarles por sus calificaciones y permítanles ver el amor en los pequeños detalles de cada día.
La tecnología seguirá desarrollándose, la inteligencia artificial será cada vez más sofisticada, pero ninguna máquina podrá reemplazar jamás el corazón de un padre, la compasión de una madre ni el calor de una familia. Tampoco ninguna plataforma digital podrá crear una sociedad humana si cada hogar no se fundamenta en el amor, la responsabilidad y la compañía. Porque, en definitiva, un país con un desarrollo sostenible, una sociedad civilizada y feliz, debe comenzar con familias felices.
Fuente: https://www.qdnd.vn/van-hoa/doi-song/dung-de-cong-nghe-day-con-thay-cha-me-1046482











