Pero esa misma gloria a veces ensombrece enormemente el presente. En el Mundial de 2026, mientras Brasil busca su primer título desde 2002, el hombre que devuelve a la Seleção a la realidad no es otro que Vinícius. Brasil llega al torneo bajo la dirección del entrenador Carlo Ancelotti, quien ha anunciado una plantilla de 26 jugadores para el Mundial de 2026, incluyendo a Neymar , Vinícius Júnior, Raphinha, Marquinhos, Gabriel Martinelli y Gabriel Magalhães. La FIFA destaca que Brasil es el equipo más exitoso en la historia de los Mundiales con cinco títulos, pero no ha ganado el título en 24 años desde 2002. Esta larga sequía hace que el deseo de Brasil de volver a la cima sea aún más intenso esta vez.
En los partidos de Brasil , aún se pueden ver camisetas con el nombre de Pelé, banderas que conmemoran sus cinco victorias en la Copa del Mundo y símbolos del pasado recreados en las gradas. Pero cada vez que el balón llega a los pies de Vinicius, esa atmósfera parece salir del reino de la nostalgia y regresar al ritmo del presente. Brasil no puede vivir eternamente en el pasado. Y Vinicius, con su velocidad, fuerza, estilo de juego directo y la madurez adquirida tras muchos años en el Real Madrid, se está convirtiendo en la respuesta a la pregunta: ¿Quién es Brasil hoy?

De niño pobre a nuevo ícono de la Seleção.
Vinicius no encarna el arquetipo clásico del "futebol-arte" como lo hace Neymar. No es un artista puro que brilla con movimientos de baile improvisados, sino más bien un delantero moderno: rápido, fuerte, directo y con tendencia a acelerar desde la banda izquierda, recortando hacia adentro para definir con la derecha. En el Real Madrid, tuvo un comienzo difícil antes de evolucionar significativamente bajo la dirección de Ancelotti. Esa conexión se está replicando ahora en la selección brasileña.
No se parece a Pelé, ni a Ronaldo, ni a Neymar. Es producto de otra época: la del fútbol vertiginoso, la guerra mediática, el racismo expuesto a nivel mundial, donde los jugadores debían marcar goles y, a la vez, defender su dignidad. Si Brasil llega lejos en este Mundial, la imagen de Vinicius bien podría convertirse en un nuevo referente para la Seleção.
Algún día, tal vez en las gradas del Mundial, los hinchas brasileños vestirán camisetas amarillas y verdes con el nombre de Vini, tal como hoy visten las de Pelé o Neymar. Esa es la máxima expresión de un ícono: no solo marcar goles en el presente, sino también entrar en la memoria colectiva de la nación.
Ancelotti entiende a Vinicius mejor que la mayoría de los demás entrenadores. Si bien antes la Seleção giraba en torno a Neymar, un jugador al que le gustaba recibir el balón, ralentizar el ritmo y crear secuencias de pases complejas, ahora Brasil está organizado para maximizar las fortalezas de Vinicius. Cuando Neymar regresó a la selección para el Mundial tras una larga ausencia, la FIFA reconoció su regreso como uno de los momentos más destacados de la alineación brasileña. Pero en realidad, Neymar ya no es la figura central. Ese rol ahora le pertenece a Vinicius.
Durante la fase de grupos, Brasil empató 1-1 con Marruecos y luego venció 3-0 a Haití y Escocia para liderar el Grupo C. Vinicius fue el jugador más destacado de Brasil tras la fase de grupos con cuatro goles, incluyendo un doblete contra Escocia. Esto representó un cambio significativo respecto a su imagen anterior en la selección nacional, donde solía ser visto como un jugador secundario en un sistema centrado en Neymar. Ahora, se ha convertido en el principal objetivo de los contraataques, recibiendo el balón en espacios abiertos y siendo la punta de lanza que determina el resultado del ataque.
Ancelotti y el "rediseño" de Brasil
Bajo la dirección de Ancelotti, Brasil no necesariamente exhibe la imagen tradicional de una Seleção que domina la posesión y crea bellas secuencias de pases desde el mediocampo hasta el área. En cambio, el técnico italiano construye un Brasil más pragmático, dispuesto a replegarse, ceder la posesión en ocasiones y esperar a que el rival cometa un error para desatar la velocidad de Vinicius.
Esto evidencia una clara división de roles: Neymar sigue siendo el ícono emocional, la opción para marcar la diferencia si Brasil necesita un momento de brillantez contra una defensa muy cerrada; pero Vinicius es quien decide el destino del ataque de la Seleção desde el inicio del partido. Este es un Brasil organizado para darle a Vinicius espacio para acelerar, para elegir cuándo explotar y para que se le libere de algunas de sus responsabilidades defensivas.
Un detalle a destacar es que Ancelotti no se limitó a mantener a Vinicius en la banda. Lo animó a moverse hacia el centro, buscando espacios entre los laterales y los centrales, donde una rápida aceleración o un buen posicionamiento podían generar una oportunidad de gol. Para un jugador con la agilidad, el equilibrio y la velocidad en distancias cortas de Vinicius, esa es la zona más peligrosa.
Crecer en medio de batallas fuera del campo de juego.
La madurez de Vinicius no se mide únicamente por sus goles. También creció en un entorno convulso, especialmente en la lucha contra el racismo. En 2023, tras ser insultado durante un partido entre el Real Madrid y el Valencia, la estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro se apagó durante una hora en señal de apoyo y para condenar el comportamiento racista.
De ser un jugador a menudo criticado por sus celebraciones, sus expresiones y sus bailes tras los goles, Vinicius se convirtió gradualmente en un símbolo de resistencia. No solo se enfrentó a los defensores en el campo, sino también a los prejuicios y comportamientos ofensivos que trascendían los límites del deporte. En Brasil, los legisladores impulsaron una iniciativa llamada "Ley Vinicius" para combatir el racismo en los estadios. Todo esto contribuyó a la extraordinaria profundidad del carácter de Vinicius. No es solo un goleador para Brasil; es el rostro de una generación de jugadores que se niegan a guardar silencio ante la injusticia. En una selección nacional siempre asociada a símbolos culturales, este rol eleva la estatura de Vinicius más allá de su carrera profesional.
De la sombra de Pelé a la camisa Vini
El Mundial siempre necesita figuras clave. Argentina tiene a Messi, Francia a Mbappé, Noruega a Haaland, y Brasil ahora deposita sus sueños en Vinicius. Durante décadas, los aficionados brasileños han acudido al Mundial llevando consigo el recuerdo de sus predecesores: Pelé, Garrincha, Zico, Romário, Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo, Kaká, Neymar… Cada generación tiene su propio ícono. Pero el fútbol no puede ser solo un depósito de recuerdos. Un gran equipo siempre debe encontrar a alguien que represente su época.
Vinicius se acerca cada vez más a ese rol. No es como Pelé, ni como Ronaldo, ni como Neymar. Es producto de una era diferente: la era del fútbol vertiginoso, de las batallas mediáticas, del racismo expuesto globalmente, donde los jugadores deben marcar goles y defender su dignidad. Si Brasil llega lejos en este Mundial, la imagen de Vinicius bien podría convertirse en parte de la memoria de la Seleção. Algún día, tal vez en las gradas del Mundial, los aficionados brasileños vestirán camisetas amarillas y verdes con el nombre de Vini, tal como visten hoy las de Pelé o Neymar. Esa es la máxima expresión de un ícono: no solo marcar goles en el presente, sino también entrar en la memoria colectiva de la nación.
Para Brasil, el camino para recuperar la corona después de más de dos décadas aún presenta muchos desafíos. Pero al menos, han encontrado un nuevo hogar para sus sueños. Cuando el balón llega a los pies de Vinicius, el pasado se desvanece, el presente se abre ante ellos, y la Seleção tiene motivos para creer que el baile amarillo y verde puede llevarlos una vez más a la cima del mundo.
Fuente: https://baovanhoa.vn/the-thao/giac-mo-tren-doi-chan-vinicius-242655.html

























































