Convertir el medio ambiente en un criterio de desarrollo.
Por primera vez, el concepto de "civilización ecológica" se sitúa en el centro de un artículo del máximo líder del país, lo que refleja un cambio significativo en la concepción del desarrollo.
Si bien anteriormente el medio ambiente solía considerarse una consecuencia del desarrollo o un área que debía abordarse una vez que surgían los problemas, ahora se define como la base del desarrollo sostenible, como "una cuestión central del desarrollo, la seguridad, la paz, la justicia, la ética y la supervivencia de las naciones y los pueblos".
El mayor cambio que trae consigo el concepto de civilización ecológica es que el medio ambiente ya no es un factor que se considera al final del proceso de desarrollo, sino que debe convertirse en un criterio desde el principio del proceso de toma de decisiones.

Muchos problemas ambientales actuales no son consecuencia de una única fuente de contaminación, sino del resultado acumulativo de decisiones a largo plazo en materia de planificación, energía, transporte, uso del suelo, desarrollo urbano y explotación de recursos. Por lo tanto, es necesario integrar más profundamente los objetivos ambientales en las estrategias, planes y políticas de desarrollo. Toda decisión de desarrollo debe abordar la cuestión del crecimiento económico , considerando al mismo tiempo la capacidad de carga ambiental, los impactos en la salud pública y los costos ambientales futuros.
Si el medio ambiente se convierte en un criterio de desarrollo, los métodos de gestión ambiental también deben adaptarse. Durante muchos años, la gestión ambiental se ha centrado principalmente en controlar las fuentes de emisión individuales cuando es necesario para cumplir con las normas ambientales. Este enfoque es necesario, pero insuficiente ante la creciente presión ambiental y la disminución de la capacidad de carga. En el futuro, es preciso un cambio radical hacia la gestión de la calidad ambiental basada en la capacidad de carga ambiental y los riesgos. Esta es, además, una tendencia que están adoptando muchos países.
Por ejemplo, en la gestión de la calidad del aire, el objetivo final no es que todas las fuentes de emisión cumplan con los estándares, sino que la calidad del aire mejore y las concentraciones de PM2.5 disminuyan. De manera similar, en la gestión de los recursos hídricos, no se trata solo de controlar los puntos de descarga individuales, sino también de gestionar la carga total de contaminación en las cuencas fluviales y la capacidad de carga del cuerpo de agua. Esto representa un cambio de mentalidad, pasando de un enfoque de tratamiento de la contaminación a uno de prevención, desde la etapa de diseño y desarrollo.
Gobernanza ambiental mediante datos y tecnología.
Uno de los puntos más destacados del artículo es la opinión de que la transición verde no es solo un requisito ambiental, sino también una fuerza impulsora para mejorar la competitividad nacional.
Sin embargo, el desafío actual no radica en la concienciación, sino en la implementación. Muchos modelos de economía circular aún enfrentan dificultades en su despliegue. Si bien muchos tipos de residuos son reciclables o reutilizables, todavía no se ha establecido un mercado estable. Numerosas pequeñas y medianas empresas siguen teniendo dificultades para acceder a tecnologías verdes, créditos verdes y nuevas normas ambientales.
Por lo tanto, además de mejorar las instituciones, es necesario centrarse en eliminar las barreras del mercado, la tecnología y los recursos para que la transformación verde se convierta realmente en un nuevo motor de crecimiento para la economía. La transformación verde no debe considerarse una obligación ambiental, sino una oportunidad para innovar tecnológicamente, aumentar la productividad y ampliar el abanico de posibilidades de desarrollo del país.
Si el objetivo es la civilización ecológica, la gobernanza ambiental moderna basada en datos es la herramienta para lograrlo. Por primera vez, los datos, la tecnología digital , la inteligencia artificial (IA), los sensores, la teledetección y las nuevas tecnologías se sitúan en el centro de la gobernanza ambiental moderna.
En el contexto de la creciente descentralización, la delegación de poder y la transformación digital nacional, la gestión ambiental también debe adaptarse. El enfoque no debe centrarse en la creación de más sistemas tecnológicos individuales, sino en la formación de una plataforma compartida de datos ambientales a nivel nacional. Es necesario crear rápidamente registros ambientales electrónicos para cada proyecto e instalación, conectando datos sobre planificación, permisos, emisiones, monitoreo, inspección y cumplimiento legal. De esta manera, pasaremos de una gestión basada en registros a una gestión basada en datos.
Es fundamental que la transformación digital no se limite a la presentación electrónica de documentos. El objetivo debe ser crear datos precisos, completos, limpios y actualizados que puedan compartirse, reutilizarse y servir de base para la toma de decisiones. Solo así la IA, el modelado digital, la teledetección y las nuevas tecnologías tendrán margen para desarrollarse y potenciar las capacidades analíticas, predictivas y de alerta temprana.
Mejorar la capacidad de aplicación de la ley
En muchas localidades, los recursos humanos en materia ambiental siguen siendo limitados y la capacidad profesional es desigual. Numerosos campos nuevos, como la economía circular, el inventario de emisiones, los mercados de carbono, la gestión de la calidad del aire y la gestión de cuencas hidrográficas, aún carecen de orientación técnica específica. Por lo tanto, además de mejorar las instituciones, es necesario centrarse en la creación de un sistema de orientación técnica, procedimientos operativos y programas de capacitación regulares para el personal de gestión ambiental.
En un contexto de creciente descentralización y delegación de poder, la capacidad de implementación a nivel local determinará la eficacia de las políticas ambientales. La descentralización solo es verdaderamente efectiva cuando se complementa con datos, herramientas de gestión, orientación técnica y personal suficientemente capacitado. La experiencia internacional demuestra que la eficacia de la gestión ambiental depende no solo de la calidad de las leyes, sino también, y en gran medida, de la capacidad del equipo de implementación.
El mensaje más importante del artículo radica, sin duda, en situar el medio ambiente en el centro del desarrollo y establecer una ideología de civilización ecológica como principio rector para el desarrollo del país en la nueva era. Para materializar esta ideología, se requieren cambios en la concepción del desarrollo, los métodos de gestión, los modelos de crecimiento y la capacidad de implementación. Esto implica pasar de considerar el medio ambiente como una consecuencia del desarrollo a verlo como un criterio de desarrollo; de gestionar en función de las fuentes de emisión a gestionar en función de la calidad ambiental; de tratar la contaminación a prevenirla; de un crecimiento basado en la explotación de recursos a un crecimiento verde y una economía circular; y de una gestión administrativa a una gobernanza basada en la ciencia, los datos y la tecnología digital.
Esto no solo es un requisito para la protección del medio ambiente, sino también parte del proceso de reforma del modelo de desarrollo del país en el siglo XXI. Este es, además, el significado más profundo del concepto de "civilización ecológica" que han propuesto el Secretario General y el Presidente.
Fuente: https://daibieunhandan.vn/hien-thuc-hoa-tu-tuong-van-minh-sinh-thai-10419715.html








