Desde la antigüedad, nuestros antepasados ​​consideraban tener un lugar estable donde vivir como un requisito indispensable para ganarse la vida, es decir, para desarrollar una carrera profesional y estabilizar la propia vida. En la sociedad moderna, este significado se ha acentuado aún más con la rápida urbanización, la concentración de grandes poblaciones en las principales ciudades y la creciente demanda de vivienda.

Para muchos jóvenes de hoy, especialmente los trabajadores de ingresos medios en las grandes ciudades, tener una vivienda cómoda y bien ubicada para trabajar y vivir cómodamente se ha convertido casi en un sueño de toda la vida. Sin embargo, ese sueño se aleja cada vez más a medida que los precios de la vivienda siguen subiendo a un ritmo que supera con creces los ingresos de la mayoría de la población.

En Hanói y Ciudad Ho Chi Minh existen apartamentos asequibles que ahora cuestan cientos de millones de dongs por metro cuadrado. En muchas zonas, el precio del suelo se ha multiplicado en tan solo unos años. Mientras tanto, los salarios de los trabajadores aumentan muy lentamente, lo que provoca que la brecha entre los ingresos y los precios de la vivienda se amplíe.

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El área de Cau Giay en Hanói, vista desde arriba. Foto: Hoang Ha

Esto ya no es solo una historia sobre el mercado inmobiliario, sino que se ha convertido en un importante problema socioeconómico que requiere atención. Porque si la mayoría de los trabajadores no tiene acceso a una vivienda, las consecuencias no solo serán dificultades en sus vidas, sino que también afectarán la estructura social, la calidad de los recursos humanos y el desarrollo sostenible del país.

Una de las principales razones de los elevados precios de la vivienda es la mentalidad de poseer una propiedad como un activo seguro y rentable.

En un contexto de volatilidad en otros canales de inversión, el sector inmobiliario suele considerarse una reserva de valor, un indicador de éxito y una garantía de seguridad financiera a largo plazo. Esta mentalidad ha generado una creciente demanda de compra de viviendas, no solo para vivir, sino también como inversión y para acumular patrimonio. Muchas personas poseen varias casas y terrenos, pero no los utilizan, simplemente esperando a que suban los precios para revenderlos con ganancias. Esto crea un ciclo especulativo que eleva los precios inmobiliarios muy por encima de su valor real y de la capacidad de pago de la mayoría de la población.

Este hecho fue destacado especialmente por el Secretario General y Presidente To Lam, quien hizo hincapié en la necesidad de "evitar que la vivienda se convierta en un activo especulativo". Esta perspectiva demuestra que el problema actual de la vivienda no es solo una cuestión económica, sino que también está relacionado con la equidad social y la orientación del desarrollo nacional.