Entre las innumerables profesiones que rigen la vida, algunas se definen y miden por valores tangibles. Sin embargo, también existen profesiones que perduran, cuyo valor se reafirma con la fe. ¡Y el periodismo es una de ellas! Porque, en una era donde incluso una simple publicación puede llegar a millones de personas en segundos, el periodismo debe regresar a sus valores más fundamentales: que los periodistas busquen la verdad, la verifiquen y la sirvan al público con la verdad. Este camino del periodismo revolucionario vietnamita comenzó hace más de un siglo.

En Guangzhou, China (21 de junio de 1925), se publicó oficialmente el primer número del Periódico de la Juventud, fundado por el líder Nguyen Ai Quoc. No se trataba simplemente de la aparición de un nuevo periódico, sino del inicio de una nueva corriente periodística, un movimiento periodístico con la misión de acompañar el destino de la nación. Antes de esto, Vietnam contaba con el Periódico Gia Dinh y muchos otros periódicos que aparecían en Saigón, Hanói y otras localidades. Sin embargo, el Periódico de la Juventud marcó un punto de inflexión. Por primera vez, el periodismo no solo sirvió para transmitir información, sino que también se convirtió en una herramienta para despertar el patriotismo, difundir ideas revolucionarias, movilizar a las masas y señalar el camino de la lucha por la independencia, la libertad y el socialismo.
Esos primeros periódicos no se producían en redacciones modernas ni con sistemas de transmisión de última generación, sino que se escribían en condiciones de escasez, secretismo y adversidad. Sin embargo, el periódico dio voz a la nación durante un período turbulento de la historia. Desde entonces, la Prensa Revolucionaria Vietnamita siguió los pasos de la nación.
Durante la guerra, los periodistas no se mantuvieron al margen del conflicto. Estuvieron presentes en el campo de batalla, en las rutas de suministro, en los refugios antiaéreos, donde la línea entre la vida y la muerte a veces se separaba por un instante. Algunos artículos se redactaron entre el estruendo de las bombas, algunas fotografías se tomaron entre el humo y las llamas, y algunos reportajes se transmitieron desde lugares que carecían de todo. En aquel entonces, las páginas de los periódicos registraron y preservaron el espíritu indomable de una nación que se alzaba para luchar por su independencia.
En tiempos de paz, la prensa sigue presente en nuevos focos de la vida social, como obras de construcción, hospitales saturados, escuelas en zonas remotas, áreas residenciales en rápida transformación, juzgados, parlamentos y lugares donde la gente necesita ser escuchada. La prensa refleja los logros, pero no elude las deficiencias. Difunde optimismo, pero también debe señalar con valentía las imprecisiones, las carencias y los problemas que afectan al bien común. Porque, si solo informa sin verificar los hechos, la prensa perderá su función social. Y si solo busca la atención mediática descuidando sus responsabilidades, también perderá su dignidad profesional.
Desde un suspiro en medio del ajetreo de la vida, una historia sobre las dificultades cotidianas, una deficiencia aparentemente insignificante o un movimiento social silencioso, los periodistas deben ser lo suficientemente perspicaces para reconocer y expresar sus observaciones sobre las carencias sociales. Los periodistas no se mantienen al margen de la vida observando fríamente, pero tampoco pueden permitir que las emociones eclipsen la verdad. El ego del periodista es el de un testigo, un conector y un intérprete. Un ego sensible pero no fácilmente influenciable, con opiniones propias pero sin imponerse, capaz de profundizar en los temas manteniendo la objetividad y la responsabilidad con la verdad.
Al comenzar 2026, la Prensa Revolucionaria Vietnamita habrá conmemorado su 101.º aniversario en un contexto completamente diferente. Los desafíos actuales ya no radican en la distancia geográfica ni en la falta de recursos operativos. Los desafíos residen en la rápida propagación de noticias falsas, la presión de la competencia de las redes sociales, los constantes cambios en los hábitos de consumo de información pública y el rápido desarrollo de la inteligencia artificial.
Ahora, en cuestión de segundos, un sistema puede recopilar, distribuir y personalizar información para millones de personas. Pero es precisamente en medio de esta vorágine tecnológica donde el papel del periodismo se vuelve más claro que nunca. Si las redes sociales facilitan la rápida difusión de la información, el periodismo debe ayudar al público a discernir la información fiable. Si la inteligencia artificial puede sintetizar los hechos, el periodismo debe ir más allá, basándose en la experiencia directa, los testimonios de los testigos presenciales, el contexto y la responsabilidad social. Si los algoritmos priorizan lo que atrae la atención, el periodismo debe perseverar con lo que realmente beneficia a la comunidad.
Por lo tanto, la innovación no se trata solo de cambiar la plataforma o la interfaz de presentación. Ante todo, la innovación consiste en cambiar la mentalidad de la profesión. Un medio de comunicación moderno no puede simplemente esperar a que el público acuda a él; debe estar presente de forma proactiva en los espacios donde el público vive, lee, ve e interactúa. Un periodista en la era digital no basta con ser bueno escribiendo. También debe saber cómo aprovechar los datos, verificar las fuentes digitales, comprender el comportamiento del público y defender la ética profesional ante la presión de la inmediatez.
Sin embargo, por mucho que cambie la tecnología, la esencia del periodismo permanece inalterable: la presencia. Estar presente cuando la gente necesita ser escuchada. Estar presente cuando la sociedad necesita información precisa. Estar presente en los ámbitos más difíciles, complejos y desafiantes de la vida. No para embellecer la realidad ni para exacerbar las ansiedades, sino para reflejarla con exactitud, comprenderla correctamente y contribuir a promover un cambio positivo.
Desde el primer número del periódico Thanh Nien en 1925 hasta los boletines informativos multiplataforma de 2026, ha sido un recorrido de más de un siglo. Un recorrido a través de la guerra, la paz, la innovación, la integración y hacia una nueva era. Sin embargo, independientemente del período histórico, el periodismo revolucionario vietnamita siempre se ha caracterizado por un valor fundamental: que los periodistas se integren en el devenir de la nación, acompañando al pueblo y defendiendo la verdad con responsabilidad profesional.
Cien años no solo representan la duración de la historia, sino también la profundidad de una misión. Y en una era donde millones de datos pueden aparecer cada segundo, lo que hace que un periódico sea respetable no es ser el más rápido en difundir la información, sino ser el que mantiene la confianza durante más tiempo.
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Fuente: https://htv.vn/newzgraphic-giu-lua-su-that-giua-dong-chay-mot-the-ky-222260620110720769.htm










