Tras las derrotas de muchos representantes asiáticos en la segunda ronda de partidos, la victoria de Japón por 4-0 sobre Túnez sirvió como un importante recordatorio: el fútbol asiático todavía tiene un equipo con el carácter, la organización y la ambición suficientes para llegar lejos en la Copa del Mundo de 2026.
Asia tiene presencia.
El Mundial de 2026 comenzó con muchas señales positivas para el fútbol asiático. Corea del Sur venció a la República Checa, Japón empató con los Países Bajos, Catar sumó un punto contra Suiza, Irán empató con Nueva Zelanda y Arabia Saudita empató con Uruguay. Estos resultados generaron la sensación de que Asia ya no afrontaba el Mundial con un complejo de inferioridad.

El Mundial de 2026 arrancó con muchas señales positivas para el fútbol asiático. Corea del Sur venció a la República Checa, Japón empató con los Países Bajos... y Arabia Saudita (de azul) compartió puntos con Uruguay.
Pero la segunda ronda de partidos devolvió a muchos equipos a la realidad. Corea del Sur perdió contra México 0-1. Catar perdió contra Canadá 0-6. Irak perdió contra Noruega 1-4. Australia, tras su victoria contra Turquía, también perdió contra Estados Unidos 0-2. Estos resultados no desanimaron a Asia, pero sí bastaron para recordarnos que todavía existe una gran diferencia entre impresionar en un partido y tener la fortaleza necesaria para llegar lejos en la Copa del Mundo.
En ese contexto, la victoria de Japón por 4-0 sobre Túnez significa más que un simple triunfo en el Grupo F. No solo acerca a Japón a la fase eliminatoria, sino que también reafirma que Asia aún cuenta con un referente fiable.
Gana como lo hace el equipo fuerte.
Lo destacable de Japón no es solo el marcador de 4-0. Contra Túnez, ganaron gracias a su iniciativa, velocidad, organización y eficacia. Daichi Kamada abrió el marcador muy pronto, Ayase Ueda anotó dos goles y Junya Ito también marcó. Japón no necesitó un partido de infarto para sumar puntos. Controlaron el juego, presionaron, supieron rematar a sus rivales y mantuvieron la calma hasta el final.

Japón (a la derecha) posee actualmente el carácter, la organización y la ambición necesarios para llegar lejos en la Copa del Mundo de 2026.
Esa es la diferencia entre un equipo que puede dar sorpresas y un equipo que tiene la base para llegar lejos. Muchos equipos asiáticos pueden jugar bien en un momento dado, en una mitad o incluso en todo un partido. Pero Japón está demostrando algo más importante: tienen estructura, profundidad y la costumbre de competir al más alto nivel.
El empate 2-2 contra los Países Bajos en el primer partido demostró que Japón puede plantar cara a un rival europeo fuerte.
La victoria por 4-0 contra Túnez demostró que también saben afrontar partidos decisivos. Un equipo que aspira a llegar lejos en el Mundial necesita ambas cualidades: no dejarse intimidar por equipos fuertes y no desaprovechar oportunidades contra rivales más débiles.
Lo que resulta aún más destacable es que Japón participó en este torneo sin su plantilla completa. Les faltaban jugadores clave como Kaoru Mitoma, Takumi Minamino y Wataru Endo debido a lesiones.
Antes del partido contra Túnez, Japón también contaba con la baja de Takefusa Kubo, quien había sufrido una lesión de rodilla en el partido inaugural, un empate 2-2 contra los Países Bajos.
Sin embargo, los Samuráis Azules supieron superar las dificultades. Incluso sin sus estrellas más brillantes en ataque, ganaron con contundencia. Sin su mejor alineación, jugaron como un equipo sólido. Eso demuestra que son un equipo basado en un sistema, no solo en unos pocos jugadores excepcionales.
Convertirse en una figura destacada no sucede por casualidad.
Japón no se convirtió en la potencia asiática gracias a una sola generación de jugadores explosivos. Alcanzaron su posición actual a través de un largo proceso: invertir en el desarrollo de jóvenes talentos, desarrollar la J-League, enviar jugadores al extranjero, construir una identidad táctica y mantener la regularidad en varias Copas del Mundo.

Asia aún tiene una bandera lo suficientemente fuerte como para considerarla para un viaje más largo. Y ahora mismo, esa bandera es la de Japón (izquierda).
Así que cuando Japón venció a Túnez por 4-0, no fue solo una victoria en 90 minutos. Fue el resultado de un sistema futbolístico que sabía adónde quería llegar. Ya no se conformaban con superar la fase de grupos. Tampoco veían la victoria en la Copa del Mundo como el único hito histórico. Para Japón, el objetivo ahora era ir más allá, incluso superar sus propios límites.
Esto es algo de lo que aún carecen muchas naciones futbolísticas asiáticas. Algunos equipos pueden tener una buena generación de jugadores. Otros pueden dar sorpresas. Pero para mantener la competitividad a lo largo de muchos partidos y Mundiales, el fútbol necesita una base más sólida: una liga nacional fuerte, un buen desarrollo de las categorías inferiores, jugadores formados en un entorno exigente y una selección nacional con una filosofía clara.
Japón posee esas cualidades. Por lo tanto, no son solo un buen equipo asiático, sino también un modelo a seguir para el resto del continente.
La victoria de Japón también plantea una gran pregunta para el fútbol asiático: ¿queremos ser recordados por momentos fugaces o por una competitividad sostenida?
El Mundial siempre ofrece oportunidades para inspirarse. Un empate contra un equipo fuerte, un golazo, una victoria inesperada: todo ello puede llenar de orgullo a los aficionados. Pero para llegar lejos, la inspiración por sí sola no basta. Se necesita constancia. El carácter es fundamental. La capacidad de adaptación tras cada partido es crucial. Y la profundidad de la plantilla también es necesaria para evitar el colapso ante un calendario apretado, rivales más fuertes y una mayor presión.
Japón está demostrando que lo entiende. Tras el empate contra los Países Bajos, no afrontaron el partido contra Túnez con complacencia. Después de adelantarse en el marcador, no bajaron la guardia. Y cuando el partido estuvo en sus manos, mantuvieron el ritmo para convertir la victoria en una declaración de intenciones.
En un Mundial donde Asia cuenta con más equipos participantes, Japón reiteró que la cantidad no es tan importante como la calidad. Tener muchos representantes es positivo, pero el fútbol asiático aún necesita equipos capaces de llegar lejos en el torneo para elevar el prestigio del continente.
Considerar a Japón como el referente de Asia no implica menospreciar los esfuerzos de Corea del Sur, Irán, Arabia Saudita, Qatar, Australia u otros equipos. Cada equipo tiene sus propias circunstancias y fortalezas, y los partidos restantes determinarán su destino.
Pero en este momento, Japón es el equipo que transmite mayor sensación de estabilidad. No se centran solo en los puntos. Dan la impresión de ser un equipo que sabe lo que hace. No están jugando el Mundial por casualidad, sino que cuentan con una sólida base futbolística preparada para competir.
Por lo tanto, la victoria por 4-0 contra Túnez no solo fue motivo de alegría para Japón, sino también un recordatorio para Asia de que el camino al éxito no reside en eslóganes vacíos, sino en construir pacientemente una base sólida. Japón ha seguido ese camino durante más tiempo, con mayor constancia y claridad que muchos otros equipos.
El Mundial de 2026 aún está lejos. Japón no ha logrado nada significativo con solo llegar a la fase de grupos. Pero tras dos partidos, han enviado un mensaje claro: Asia no viene al Mundial solo para vivir momentos bonitos.
Asia aún tiene una bandera lo suficientemente fuerte como para considerarla para un viaje más largo. Y ahora mismo, esa bandera es Japón.

Fuente: https://nld.com.vn/ngon-co-chau-a-mang-ten-nhat-ban-196260622003139335.htm







