Tras un año de análisis, ambas perspectivas parecen tener fundamento. La salida de muchos funcionarios ha generado ciertas carencias en la administración pública. Sin embargo, la práctica también demuestra que es precisamente al superar estas carencias que el nuevo sistema se está estabilizando gradualmente, el personal joven está madurando y una administración moderna, centrada en el servicio a los ciudadanos y las empresas, está tomando forma paulatinamente.
El sistema se está estabilizando gradualmente.
Toda reforma importante debe pasar por un período de transición. Esta reforma organizativa no es una excepción. La reducción de unidades administrativas, la reorganización de los gobiernos locales y la racionalización del personal han transformado radicalmente la estructura de personal en numerosas agencias y unidades. Además, la implementación de políticas de jubilación anticipada ha brindado a muchos funcionarios la oportunidad de dejar sus puestos de forma proactiva.
Desde la perspectiva de la gestión, este es un paso necesario. Una organización optimizada necesita evaluar y reestructurar su plantilla y asignar personal a puestos que se ajusten a sus habilidades. Sin embargo, lo que preocupa a muchos no es la cantidad de empleados que se marchan, sino la calidad de quienes lo hacen.
En muchas localidades, un número considerable de funcionarios con años de experiencia en áreas como la administración de tierras, la construcción, las finanzas, la justicia, el registro civil y la tramitación de quejas y denuncias se han jubilado simultáneamente. Se trata de personas que gestionaban directamente casos complejos, conocían a fondo la zona, estaban familiarizadas con la normativa legal y tenían experiencia coordinando esfuerzos en el desempeño de sus funciones.
Esas experiencias no se pueden transferir por completo en unas pocas sesiones de traspaso. Hay conocimientos que no se encuentran en archivos, documentos o procedimientos, sino en la experiencia vital, la competencia profesional y la capacidad para gestionar situaciones, acumulados a lo largo de décadas de trabajo. Cuando muchas personas se jubilan al mismo tiempo, estas lagunas son inevitables.
Mientras tanto, el modelo de gobierno de dos niveles otorga más poder a la ciudadanía. La carga de trabajo aumenta, lo que exige soluciones más rápidas y una mayor responsabilidad. Muchos funcionarios jóvenes, recién nombrados o trasladados, deben asumir de inmediato nuevas responsabilidades y gestionar casos complejos con muy poco tiempo para familiarizarse con su nuevo rol.
En algunas zonas, el progreso de las obras ha sido lento en ocasiones; la coordinación entre organismos ha sido deficiente; y la presión sobre los funcionarios locales ha aumentado considerablemente. Estas dificultades son totalmente reales y deben reconocerse con objetividad.
La racionalización de la plantilla nunca ha significado reducirla a cualquier precio. El objetivo de la reforma es construir un sistema mejor, no solo disminuir el número de personas que reciben un salario del presupuesto estatal. Si quienes se marchan ya no cumplen con los requisitos del puesto o sus cargos ya no son necesarios, entonces es un resultado positivo. Pero si quienes abandonan voluntariamente el sector público son expertos, funcionarios competentes y de buena reputación que gestionan el trabajo de forma directa y eficaz, entonces esto es algo que debe tenerse en cuenta.
Un buen empleado no se forma en tan solo unos meses. Para tener un buen médico, un experto en planificación, un asesor financiero o un juez experimentado se requieren muchos años de estudio, formación y experiencia práctica. Su mayor valor no reside en sus cualificaciones ni en su puesto, sino en su capacidad para afrontar situaciones difíciles y problemas imprevistos que no se pueden abordar en los libros de texto. Por lo tanto, lo importante no es cuántas personas se marchan, sino si el sistema puede retener a quienes son verdaderamente capaces.
La buena noticia es que, tras un año, la realidad demuestra que el panorama no es del todo desalentador. Después de las dificultades iniciales, el nuevo sistema se está estabilizando gradualmente. La descentralización y la delegación de poder se están clarificando. Las responsabilidades de cada nivel y organismo están definidas con mayor precisión. Los procesos de trabajo están estandarizados y se está impulsando la aplicación de las tecnologías de la información y la transformación digital, lo que contribuye a reducir el tiempo necesario para tramitar muchos trámites administrativos.
Las presiones del período de transición brindaron a una generación de jóvenes funcionarios la oportunidad de madurar con mayor rapidez. A muchos se les asignaron tareas antes, se les otorgó mayor autoridad y se les exigió mayor responsabilidad. En este contexto, muchos jóvenes funcionarios y empleados públicos demostraron su competencia, espíritu innovador y capacidad de adaptación a las exigencias de la administración moderna.
Se puede afirmar que esta reforma ha generado una «transición generacional» en la fuerza laboral. Los jóvenes ya no son solo sucesores, sino que se están convirtiendo en la fuerza que asume directamente muchas tareas importantes. Esto es un signo positivo de una administración pública en proceso de renovación.

El éxito de las reformas se mide por la calidad del servicio.
Un año no es suficiente para declarar definitivamente el éxito de la reforma, pero sí basta para confirmar que toda reforma debe asumir ciertos "costos de transición". Lo importante no es evitar por completo las interrupciones, sino abordar rápidamente las deficiencias, retener al personal capacitado, apoyar a los jóvenes y mejorar los mecanismos operativos del sistema.
El éxito de la reforma no se medirá por el número de funcionarios que se jubilen anticipadamente, ni por el número de departamentos que se hayan reducido. La medida más importante debe ser la calidad del servicio.
El verdadero éxito de la reforma radica en que los ciudadanos reciben un servicio más rápido en las agencias gubernamentales; las empresas pueden completar trámites con mayor facilidad; cada funcionario es claramente consciente de su responsabilidad de servir en lugar de pensar simplemente en términos de gestión; y el sistema administrativo funciona de manera más transparente, profesional y eficiente.
Para lograrlo, además de seguir mejorando el modelo de gobierno de dos niveles, es necesario acelerar la identificación de puestos de trabajo, establecer un mecanismo para evaluar a los funcionarios en función de sus resultados, implementar políticas lo suficientemente sólidas para retener a personas con talento y crear un entorno propicio para que los jóvenes funcionarios desarrollen sus habilidades. Esto no solo es un requisito inmediato, sino también una condición para construir una administración pública moderna a largo plazo.
Creer en el camino que tenemos por delante
Al repasar el año pasado, la preocupación por los vacíos generados por la jubilación anticipada de muchos funcionarios estaba plenamente justificada. Sin embargo, la realidad también demuestra que el sistema no se limita a estos vacíos.
Cabe destacar que, tras un periodo de importantes trastornos, el sistema administrativo se está estabilizando, adaptando y funcionando con mayor eficacia. Las dificultades iniciales se están convirtiendo en un motor de innovación en la gobernanza, mejorando la calidad del personal y perfeccionando los mecanismos operativos.
Sin duda, aún queda mucho trabajo por hacer. La reforma administrativa nunca es una tarea que se pueda completar de la noche a la mañana. Pero cuando los objetivos están claramente definidos, cuando el sistema se centra cada vez más en servir a las personas y a las empresas, cuando el personal joven va adquiriendo experiencia práctica y cuando se mantiene el espíritu de innovación, tenemos motivos de sobra para ser optimistas.
Creemos en una administración ágil, profesional, moderna y orientada al servicio. Creemos en un servicio público que valora el talento, fomenta la energía juvenil y se innova constantemente.
Ante todo, creemos que las reformas de hoy se convertirán en una base crucial para que Vietnam construya un sistema de gobernanza nacional moderno, generando un impulso para que la población y las empresas se desarrollen y para que el país avance con paso firme en su camino hacia la consecución de sus aspiraciones de progreso en la nueva era.
Fuente: https://congluan.vn/nhin-lai-mot-nam-cai-cach-bo-may-post351165.html










