Hace más de un siglo, el experimento de Pavlov demostró un reflejo condicionado clásico: simplemente ver u oler comida deliciosa desencadena automáticamente la secreción de jugos gástricos, preparando así el terreno para una digestión estimulante. Sin embargo, este mecanismo biológico, aparentemente perfecto, parece estar fallando en la sociedad moderna. Ahora, incluso ante la comida más apetitosa, lo que a menudo nos invade no son los jugos gástricos, sino una preocupación constante: ¿Contendrá patógenos ese trozo de carne fresca? ¿Tendrán residuos químicos esas verduras de un verde intenso?

Las estadísticas de nuestro país correspondientes a principios de 2026 son preocupantes. Tan solo en el primer trimestre, se registraron 36 casos de intoxicación alimentaria, de los cuales 9 fueron de gran magnitud, afectando a más de 30 personas cada uno. Esto pone de manifiesto los problemas en el control de la cadena de suministro.

Ante esta situación, nos centramos en el principal obstáculo: el modelo de gestión fragmentado de los tres sectores. Sin embargo, si profundizamos en la raíz del problema, el número de puntos de gestión es solo la punta del iceberg.

"La única pista"

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el modelo de gestión multisectorial genera duplicación en la regulación y fragmentación de la autoridad, lo que puede dar lugar a inspecciones superpuestas de una instalación mientras otra permanece fuera de control.

Mercado W 1.jpg
Foto ilustrativa: Le Anh Dung

Por el contrario, un organismo regulador unificado permitiría una respuesta rápida, tomando decisiones inmediatas para bloquear productos sin las demoras que suponen las barreras intersectoriales. Un claro ejemplo de este éxito es la Autoridad Alimentaria de Singapur (SFA) con su estrategia de las "tres canastas de alimentos", que ha controlado eficazmente la cadena de suministro a pesar de importar hasta el 90 % de sus alimentos de 170 países.

Las lecciones aprendidas de la comunidad internacional demuestran que concentrar el poder en un solo lugar puede resolver problemas. El caso de Nueva Zelanda durante la crisis de contaminación por botulismo de Fonterra en 2013 es un claro ejemplo. La causa principal fue la fusión de la Autoridad Nacional de Seguridad Alimentaria de Nueva Zelanda (NZFSA) con el Ministerio de Industria, creando un superministerio encargado de promover la producción y las exportaciones agrícolas. Cuando estalló la crisis, esta organización fue condenada por, aparentemente, priorizar la reputación comercial sobre la vida humana.