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Para comprender por qué el fútbol japonés es tan aclamado, a veces no hace falta analizar jugadas demasiado complejas. Basta con unos pocos vídeos cortos para descubrir la esencia del funcionamiento de este equipo.
El valor de aquellos sin pelota
La clave no está en los pases. La clave está en el movimiento de los jugadores que no tienen el balón.
En la jugada que derivó en el primer gol de la victoria por 4-0 contra Túnez el 21 de junio, lo más destacable no fue únicamente el jugador con el balón (Keito Nakamura). Frente a Nakamura, dos compañeros sin balón aceleraron hacia la portería. Uno atrajo a la defensa rival, mientras que el otro generó espacio.
Pero el gol definitivo lo marcó un cuarto jugador (Daichi Kamada).
Ese detalle pone de relieve el peligro que representa Japón. No atacan con el esfuerzo individual de un solo hombre. Realizan múltiples movimientos simultáneamente, desorganizando la defensa contraria en términos de visión, distancia y posición.
Cuando varios jugadores se mueven juntos, los defensores pierden de vista la principal amenaza. Según una fuente, pueden llegar a pasar por alto a otros. Al replegarse, pierden el control del espacio. Al presionar hacia adelante, dejan huecos.
En el fútbol moderno, el jugador con el balón suele ser el centro de atención. Pero en Japón, son los jugadores sin balón quienes más se cansan. No corren por correr; corren para atraer a los defensores, abrir espacios, generar opciones y obligar a la defensa a tomar decisiones en muy poco tiempo.
Un solo instante de vacilación y el oponente podría pagar las consecuencias.
Cuando todo el equipo ve la misma imagen
El tercer gol de la segunda parte siguió la misma lógica.
Desde el mediocampo, los jugadores japoneses avanzaron al unísono. Crearon oportunidades por ambos flancos, en el centro y en los espacios frente a la defensa. El balón no necesitaba llegar a su destino final, pero la defensa contraria tenía que moverse constantemente.
El peligro reside en que Japón no crea oportunidades mediante una sola jugada individual, sino que genera múltiples opciones simultáneamente. Por lo tanto, el jugador con el balón no está aislado. Siempre tiene a quién pasarlo, espacio que aprovechar y compañeros que lo apoyan desde diferentes direcciones.
Este estilo de fútbol no se desarrolla de la noche a la mañana. Requiere movimientos practicados, comprensión del espacio, velocidad en las transiciones y habilidades organizativas para que todo el equipo tenga una visión global del juego.
Un solo jugador que realiza una buena carrera puede crear oportunidades. Pero si varios jugadores realizan carreras en el momento preciso, en la dirección correcta y con el propósito adecuado, crean una estructura de ataque difícil de controlar. Eso es lo que Japón está haciendo bien.
Por lo tanto, al hablar del fútbol japonés, no basta con fijarse en que tienen buenos jugadores. Más importante aún, tienen un equipo que sabe cómo crear oportunidades para sus compañeros.
La diferencia es enorme.
Un equipo con jugadores talentosos puede prosperar en momentos fugaces. Pero un equipo donde muchos jugadores comprenden los movimientos de los demás, saben cómo aprovechar el espacio y comparten una visión común, generará una fortaleza más duradera.
No es necesario elogiar a Japón de forma absoluta. Pero lo que hacen bien merece reconocimiento.
En esas situaciones, el jugador sin balón es incluso más peligroso que el que lo tiene. Y por eso Japón se está convirtiendo cada vez más en un equipo al que sus rivales deben temer.
Fuente: https://znews.vn/pha-bong-boc-tach-suc-manh-cua-nhat-ban-post1662087.html

































































