En un campo tan amplio como exigente, que requiere profundidad, acumulación y desarrollo a largo plazo, los avances significativos no pueden lograrse mediante un pensamiento cortoplacista ni eslóganes alentadores.
La sesión parlamentaria se intensificó con debates sobre diversos mecanismos y políticas para el desarrollo de la cultura vietnamita. La Resolución 80 del Politburó sobre el desarrollo de la cultura vietnamita no es la primera resolución sobre la construcción y el desarrollo cultural, pero desempeña un papel crucial en la configuración del rumbo del desarrollo cultural nacional en la nueva era. Abordar los obstáculos y las limitaciones políticas, así como movilizar y utilizar eficazmente todos los recursos, son los dos pilares principales que se exponen claramente en este importante documento.
Los debates francos, precisos y perspicaces reflejan un cambio fundamental en la forma de concebir un sector que durante mucho tiempo se ha considerado simplemente un "despilfarro". El mínimo del 2 % del presupuesto total destinado a la cultura puede considerarse un avance significativo tras muchos años.
Sin embargo, esto es correcto pero insuficiente, ya que lo más importante es cómo estructurar el gasto para lograr la efectividad. El valor cultural creado se mide por su contribución porcentual al PIB y también se evalúa en términos de valor espiritual y valor de marca nacional. Los recursos de inversión para la cultura aún son modestos; por lo tanto, el problema del gasto efectivo se convierte en uno de los requisitos más fundamentales.
Más allá de los recursos financieros, el desarrollo de la cultura se enfrenta a un obstáculo inherente: los recursos humanos. Si bien muchos campos cuentan con indicadores específicos para reconocer los logros en la formación y la captación de talento, la cultura es uno de los ámbitos que presenta mayores dificultades. El talento en humanidades requiere no solo capacidad intelectual y perspicacia científica , sino también un profundo conocimiento y un espíritu creativo que promueva valores sin perder la identidad cultural.
En el contexto de la racionalización del aparato administrativo, la vehemente defensa contra la fusión de las formas artísticas tradicionales no carece de fundamento. Esta decisión no debe basarse en una consolidación mecánica, sino en las realidades y los valores únicos de cada forma artística. Sin embargo, los artistas también deben considerar seriamente cómo orientar el arte tradicional hacia un nuevo camino de desarrollo, en lugar de depender exclusivamente de la financiación gubernamental.
El impulso inicial y los logros en campos como el cine, la música y la moda han generado entusiasmo, animando a profesionales de la cultura y las artes a incorporarse a la industria cultural, creando un inmenso valor añadido. Películas con fuertes temáticas nacionalistas que generan cientos de miles de millones de dongs en ingresos, y conciertos nacionales que atraen a decenas de miles de espectadores, son señales positivas y, a la vez, plantean serias dudas sobre los recursos de inversión y los estándares esenciales del mercado. Sin embargo, los ingresos y las cifras de audiencia son solo la punta del iceberg.
En última instancia, la cultura no puede desarrollarse mediante meros llamamientos o cifras preestablecidas sobre el papel. La cultura se convertirá en una fuerza intrínseca cuando se asignen los recursos adecuadamente, los agentes culturales cambien su mentalidad y se sitúen en el centro del proceso y, sobre todo, se garantice un entorno cultural saludable mediante políticas e instituciones transparentes y estables. Entonces, los avances dejan de ser meros objetivos para convertirse en resultados inevitables.
Fuente: https://tienphong.vn/suc-manh-noi-sinh-post1837938.tpo









