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Alemania quedó eliminada del Mundial de 2026 en dieciseisavos de final tras empatar 1-1 con Paraguay y caer derrotada por 3-4 en la tanda de penaltis. Un resultado amargo, pero no sorprendente si se tienen en cuenta los 120 minutos previos. El equipo de Julian Nagelsmann contaba con la posesión, tiempo, prestigio y la condición de favorito. Lo que les faltó fue un rendimiento a la altura para merecer la clasificación.
Mantener la posesión conduce a un punto muerto.
Los medios alemanes lo califican como "el próximo desastre mundialista ". Es una descripción dura, pero acertada. Tras su tropiezo en la fase de grupos de 2018, seguido de otra eliminación temprana en 2022, Alemania llegó al Mundial de 2026 con la esperanza de enmendar sus errores. Pero en lugar de inaugurar una nueva era, solo han perpetuado el conocido ciclo de fracaso.
Esto ya no es un accidente. Un fallo puede ser un shock. Dos son una crisis. Esta vez, se ha convertido en un problema sistémico.
Las estadísticas posteriores al partido hicieron aún más difícil justificar la derrota. Alemania controló el 75% de la posesión del balón, realizó 21 disparos frente a los 7 de Paraguay, tuvo 6 disparos a puerta y obtuvo 16 saques de esquina. Además, su xG fue de 1,49, significativamente superior al 0,42 de su rival.
Pero esas cifras no reflejan la superioridad de un equipo. Reflejan la de un equipo que tuvo más posesión, más tiros a puerta, pero le faltó precisión para sentenciar el partido.
Paraguay no necesitó complicarse la vida. Se replegaron, disputaron el balón con agresividad, controlaron el mediocampo, crearon un ambiente de tensión y esperaron su oportunidad. El equipo sudamericano jugó a su máximo nivel, de acuerdo con sus capacidades y su plan de juego.
Alemania, sin embargo, no.
El equipo, otrora símbolo de elegancia y eficacia, ahora se muestra lento en su propio estilo de fútbol basado en la posesión. Tocan mucho el balón, pero no generan la presión correspondiente. Lo llevan hasta el último tercio del campo, pero se quedan estancados. Mantienen la posesión como un equipo fuerte, pero atacan como un colectivo falto de confianza.
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El mayor problema de Alemania radica en la calidad de su ataque. Ante el bloque defensivo cerrado de Paraguay, necesitaban velocidad, movimientos disruptivos y un jugador capaz de desequilibrar el juego. Sin embargo, Alemania solo ofreció pases seguros y jugadas de ataque demasiado predecibles.
El balón se pasó a la banda, de vuelta al área, y luego se volvió a abrir hacia la banda. El ritmo de ataque no fue lo suficientemente rápido como para descolocar a Paraguay. Las combinaciones de pases carecieron de la precisión necesaria para penetrar la primera línea defensiva. Alemania tuvo más posesión, pero no pudo controlar el partido. Fue un control inofensivo.
Las estadísticas sobre ocasiones claras de gol ilustran este problema. Alemania creó dos ocasiones claras, pero Paraguay también tuvo dos. Esto significa que, a pesar de tener un 75 % de posesión, 21 disparos y 16 saques de esquina, el equipo de Nagelsmann no logró generar una clara ventaja en cuanto a ocasiones de calidad. Un equipo favorito puede dominar el partido, pero si el número de ocasiones realmente peligrosas no es significativamente mayor, esa ventaja es solo una fachada.
Paraguay lo entendió. No necesitaban ganar el balón a toda costa. Permitieron que Alemania tuviera la posesión en zonas menos peligrosas y luego cerraron los espacios cuando el balón se acercaba al área. Cuanto más jugaba Alemania, más impaciente se ponía. Y cuanto más impaciente se ponía, más evidente se hacía su falta de ideas.
Las decisiones de Nagelsmann en cuanto a la alineación hicieron que la derrota fuera aún más difícil de justificar. En un partido que necesitaba un jugador decisivo, Jamal Musiala no fue titular. En su lugar, se le dio una oportunidad a Deniz Undav con la expectativa de reforzar el ataque. Pero el plan fracasó.
Undav estuvo prácticamente invisible en la primera parte. No logró sacar de posición al central paraguayo, no se compenetró bien con Kai Havertz y no generó ninguna presión clara en el área.
Cuando una decisión táctica no da resultados, el entrenador debe asumir la responsabilidad. Nagelsmann no solo se equivocó con un jugador; se equivocó en su interpretación del partido desde el principio.
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Julian Nagelsmann se enfrentó a una enorme presión cuando Alemania quedó eliminada del Mundial tras una actuación decepcionante. |
Musiala entró más tarde y le dio a Alemania un atisbo de esperanza, pero ya era demasiado tarde. Paraguay tuvo entonces aún más motivos para jugar a la defensiva, perdiendo tiempo y llevando el partido a la tanda de penaltis. Los equipos menos favoritos suelen temer un partido abierto. Pero no temen a un rival que tiene mucha posesión pero carece de contundencia.
Esa es la tragedia para Alemania. No les faltan buenos jugadores; les falta una estructura de equipo suficientemente definida. Un gran equipo no puede basar su juego en la posesión del balón si no sabe cómo usarla para dañar a sus rivales.
El VAR no pudo salvar la verdad.
El gol anulado a Jonathan Tah en la prórroga fue un detalle polémico. De haber sido válido, Alemania podría haber clasificado. El análisis posterior al partido podría haber tomado un rumbo diferente. Nagelsmann podría haber sido considerado el héroe. Los problemas tácticos podrían haber quedado eclipsados por el resultado.
Pero precisamente por eso hay que afrontar este fracaso de frente. El VAR puede anular un gol, pero no puede borrar 120 minutos de empate entre Alemania y Paraguay. Una decisión arbitral polémica no puede servir de tapadera para un partido falto de velocidad, creatividad y definición.
Alemania solía forjar su reputación gracias a su capacidad para ganar partidos como este. Cuando los rivales defendían con solidez, sabían cómo penetrar su defensa. En los momentos de tensión, sabían mantener la calma. Cuando surgían oportunidades, sabían cómo aprovecharlas. Pero la versión actual ya no posee esas cualidades de forma consistente.
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La derrota ante Paraguay prolongó la mala racha de Alemania en los Mundiales, tras los reveses sufridos en 2018 y 2022. |
La derrota ante Paraguay fue, por lo tanto, más que un simple revés. Fue la confirmación de que el fútbol alemán sigue estancado en las secuelas de 2014. Los cambios de entrenadores, de generaciones de jugadores y de filosofía de juego aún no han dado como resultado un equipo lo suficientemente sólido para las grandes citas.
Paraguay ganó porque supo resistir. Alemania perdió porque no supo rematar el partido. Un equipo comprendió sus límites y jugó en consecuencia. El otro, a pesar de ser un gran equipo, ya no tenía la potencia de un gran equipo.
Esto es lo más doloroso para la selección alemana. No fueron derrotados por una superpotencia, sino por un rival más disciplinado, más realista y más implacable. En la Copa del Mundo, la reputación no reemplaza al talento. El pasado no reemplaza al presente.
Tras los Mundiales de 2018 y 2022, Alemania necesitaba un torneo para demostrar su regreso. Pero el Mundial de 2026 les asestó otro golpe. No por la tanda de penaltis. No solo por el VAR. Sino porque, en un partido decisivo, Alemania demostró una vez más que no ha superado sus propias limitaciones.
Ese fue el verdadero desastre.
Fuente: https://znews.vn/tuyen-duc-lai-sup-do-post1664501.html
































































