
Los luchadores de sumo tienen una esperanza de vida promedio de tan solo unos 60 años. Foto: AN
Los luchadores de sumo tienen una esperanza de vida mucho menor que la del japonés promedio.
En el mundo de las artes marciales tradicionales japonesas, el sumo siempre ha ocupado un lugar especial. Los rikishi, o luchadores de sumo, no solo son atletas, sino también iconos culturales con una larga historia ligada al sintoísmo.
Poseen físicos enormes, ascienden al dohyo con rituales solemnes y compiten utilizando artes marciales que parecen sencillas pero que son extremadamente exigentes físicamente.
Sin embargo, detrás de esa poderosa imagen se esconde una realidad que se ha debatido durante muchos años: los luchadores de sumo generalmente tienen una esperanza de vida significativamente menor que la población japonesa promedio.
Numerosas estadísticas de investigadores médicos japoneses muestran que la esperanza de vida promedio de los exluchadores profesionales de sumo es de tan solo unos 60 años, mucho menor que el promedio de más de 80 años para los hombres japoneses modernos.
Esta paradoja convierte al sumo en un tema de estudio particularmente interesante en la ciencia del deporte: las personas entrenadas como atletas de élite se enfrentan a un alto riesgo de enfermedad y muerte prematura.
La primera razón radica en la filosofía profesional del sumo. A diferencia de la mayoría de los deportes de combate modernos que enfatizan la velocidad o las categorías de peso estrictas, el sumo otorga una importancia casi absoluta al peso corporal.
En un combate que se celebra en un cuadrilátero circular pequeño y estrecho, el objetivo del luchador es empujar o lanzar a su oponente fuera del ring. Esto convierte la masa corporal en una enorme ventaja táctica.
Un luchador de sumo de alto nivel suele pesar entre 140 kg y más de 200 kg. Sin embargo, no se trata de obesidad común. Los luchadores de sumo poseen una enorme masa muscular en las piernas, las caderas y la zona lumbar, desarrollada gracias a un entrenamiento diario extremadamente intenso.

La dieta de los luchadores de sumo suele ser motivo de controversia - Foto: BN
Los ejercicios Shiko —los famosos movimientos de pisotón del sumo— o los ejercicios Butsukari, que implican embestir y empujar continuamente a los oponentes, ejercen una presión inmensa sobre todo el sistema musculoesquelético.
El Dr. John Hoenigman, experto estadounidense en medicina deportiva que ha estudiado el sumo, afirmó que los cuerpos de los luchadores de sumo "poseen tanto las características de atletas de fuerza máxima como muchos signos metabólicos similares a la obesidad". Según él, se trata de un estado fisiológico extremadamente singular y arriesgado.
Dieta extrema
Para mantener su enorme peso, los luchadores de sumo deben seguir una dieta inusual. Un rikishi profesional puede consumir entre 5.000 y más de 10.000 kcal al día, muchas veces más que una persona promedio.
El plato estrella de la lucha de sumo es el chanko nabe, un guiso rico en proteínas con carne, pescado, tofu y verduras, servido con grandes porciones de arroz y fideos.
Cabe destacar que los luchadores de sumo suelen saltarse el desayuno, entrenar intensamente por la mañana en ayunas y luego ingerir grandes cantidades de comida antes de dormir para maximizar la absorción de energía y el almacenamiento de grasa. Este mecanismo les ayuda a ganar peso rápidamente para la competición, pero también ejerce una enorme presión metabólica sobre sus cuerpos.
Un estudio publicado en la base de datos médica del Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI, por sus siglas en inglés) muestra que los exluchadores de sumo tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2 e insuficiencia renal.
En particular, la apnea del sueño se produce con una frecuencia muy alta debido a la gran cantidad de grasa que se acumula alrededor del cuello y la zona abdominal.
El profesor Kazuhiro Tanaka, experto en fisiología deportiva de la Universidad de Tsukuba, explicó en una ocasión que, durante sus años de competición, el entrenamiento de alta intensidad ayuda a los rikishi (atletas) a mantener, en cierta medida, sus capacidades cardiovasculares y metabólicas.
Sin embargo, tras la jubilación, el volumen de ejercicio disminuye drásticamente, mientras que el cuerpo mantiene un peso muy elevado. Según él, «ese es el periodo más peligroso, porque el cuerpo ya no tiene la energía suficiente para controlar los trastornos metabólicos acumulados a lo largo de los años».
El aspecto especializado de las artes marciales del sumo también contribuye a la longevidad de los luchadores. Contrariamente a la creencia popular, el sumo no es un deporte en el que los luchadores simplemente "se quedan de pie y se empujan".
Un combate de alto nivel suele implicar una colisión frontal masiva entre dos cuerpos que pesan cientos de kilogramos y se lanzan el uno contra el otro a gran velocidad. Los golpes de tachi-ai, la embestida inicial al comienzo del combate, generan una fuerza inmensa en la columna vertebral, las rodillas y el cuello.
Según expertos japoneses en medicina deportiva, las rodillas de los luchadores de sumo están sometidas a una presión constante durante muchos años debido a que deben soportar su enorme peso corporal al cambiar de dirección o forcejear con sus oponentes. La degeneración articular, el dolor crónico de espalda y las lesiones de ligamentos se producen con mucha frecuencia.

Ser luchador de sumo ya no es un trabajo soñado en Japón - Foto: THE GUARDIAN
Además, el sumo tradicional tiene una cultura de soportar lesiones graves. Durante décadas, seguir compitiendo a pesar del dolor se consideraba una manifestación del espíritu samurái. Muchos rikishi (maestros de sumo) ocultaban lesiones o retrasaban el tratamiento para evitar perder su rango.
El ex yokozuna Kisenosato compitió durante mucho tiempo con graves lesiones en la mano y el pecho antes de verse obligado a retirarse. Este caso fue visto por la prensa japonesa como un claro ejemplo de las presiones tradicionales en el sumo profesional.
Sin embargo, las investigaciones modernas también destacan que no todos los luchadores de sumo tienen una vida corta. Aquellos que pierden mucho peso después de retirarse, cambian su dieta y mantienen una actividad física regular suelen experimentar mejoras significativas en su salud cardiovascular.
Algunos exluchadores de rikishi incluso se han convertido en modelos a seguir por su éxito en la pérdida de peso tras retirarse del ring. Sin embargo, para la mayoría de los luchadores, el daño metabólico y musculoesquelético acumulado durante décadas de competición sigue dejando consecuencias duraderas.
Fuente: https://tuoitre.vn/vi-sao-cac-vo-si-sumo-kho-tho-qua-tuoi-60-2026051322013717.htm








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