Esta expansión crea un escenario único para las sorpresas. Allí, los "grandes equipos" no solo se enfrentan a la presión de ganar, sino que también deben superar a rivales considerados de menor renombre, pero con mayor ambición, disciplina y espíritu de lucha. En definitiva, la Copa del Mundo nunca ha sido un lugar donde la victoria se decida únicamente por el nombre.

Nuevo formato, nuevos riesgos.
La ampliación del Mundial crea más oportunidades para las naciones futbolísticas que no pertenecen a la élite. Pero cuando comienza la fase eliminatoria, esa oportunidad ya no se trata solo de "participar por diversión". Un partido de eliminación directa siempre tiene su propia lógica: el equipo más fuerte no necesariamente gana, y el más débil no tiene por qué aceptar la derrota.
Un solo momento de distracción, una tarjeta roja, un penalti, un contraataque fulminante o una espectacular parada del portero… y todo puede cambiar por completo. Esa es la belleza, pero también la cruda realidad, del fútbol de élite.
Por lo tanto, la ronda de dieciseisavos de final de este año no es simplemente un paso previo hacia la gloria para los aspirantes al título. Podría convertirse en un verdadero campo minado para equipos como Brasil, Argentina, Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania, España o los Países Bajos . Llegan a los partidos como favoritos, pero también cargan con el inmenso peso de las expectativas. Por otro lado, los menos favoritos poseen un arma muy peligrosa: una mentalidad relajada y un ardiente deseo de hacer historia.
El partido Brasil -Japón es un claro ejemplo. Brasil siempre ha sido símbolo de fútbol vistoso, de técnica y de estrellas capaces de decidir un partido con un momento de genialidad. Pero Japón ya no es aquel equipo asiático ingenuo de hace unas décadas. Cuentan con un sistema de entrenamiento moderno, muchos jugadores que militan en Europa, una buena presión y, sobre todo, una disciplina táctica de altísimo nivel.

Si Brasil entra al partido con una mentalidad de superioridad, podría pagar las consecuencias. Japón es un equipo dispuesto a aceptar ser superado en el control del balón, pero siempre está al acecho de los espacios que deja el rival. Una pérdida de posesión en el mediocampo, un pase rápido en transición y el partido puede dar un giro radical. Para Brasil, la verdadera amenaza no es solo Japón, sino también su propia enorme sombra. La reputación genera expectativas, pero no garantiza la victoria.
Cuando los equipos pequeños tienen derecho a soñar en grande.
El partido entre Argentina y Cabo Verde presenta, en teoría, una enorme disparidad. Por un lado, el vigente campeón del mundo, con su experiencia, talento y una plantilla de jugadores de talla mundial. Por otro, un equipo modesto, que representa las aspiraciones de naciones futbolísticas menos conocidas. Pero es precisamente esta disparidad lo que hace que el encuentro sea tan interesante.
Argentina es sin duda la favorita, pero también está bajo mucha más presión. Una victoria sería lo normal. Una victoria reñida generaría dudas sobre ellos. Un empate en la prórroga, o peor aún, una derrota, sería una conmoción mundial. Cabo Verde no tiene nada que perder. Pueden replegarse, jugar con todas sus fuerzas y esperar pacientemente su oportunidad. En las rondas eliminatorias, a veces una sola oportunidad basta para hacer historia.
Los equipos más pequeños no suelen ganar jugando mejor que sus rivales. Ganan gracias a la perseverancia, la organización, el espíritu de sacrificio y la convicción de que lo imposible aún es posible. Argentina debe tener muy presente este último aspecto.

El caso de Portugal-Croacia presenta un matiz diferente. Calificar a Croacia de "equipo pequeño" no es del todo exacto, ya que a menudo ha llegado lejos en la Copa del Mundo. Sin embargo, su clasificación como tercero implica que Croacia entra en la fase eliminatoria como rival más débil que Portugal. Y este es el tipo de rival al que ningún aspirante quiere enfrentarse en las primeras rondas.
Croacia tiene experiencia en partidos tensos. Saben cómo ralentizar el ritmo, atraer a sus rivales a un juego de paciencia asfixiante y luego resolver las cosas con serenidad en la prórroga o en la tanda de penaltis. Esa serenidad ha quedado demostrada en muchos torneos importantes. Portugal cuenta con muchas estrellas en ataque, pero eso no garantiza que puedan penetrar fácilmente a un equipo experimentado y consolidado.
La mayor trampa para Portugal es la impaciencia. Si no marcan pronto, podrían empezar a hacer pases imprecisos, precipitarse en sus disparos y permitir que Croacia lleve el partido a su terreno más habitual: la zona de presión psicológica.

sorpresas ocultas
Un aspecto particularmente destacable de los dieciseisavos de final es la fuerte presencia de representantes africanos como Marruecos, Senegal, Ghana, Argelia, la República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Egipto, Sudáfrica y Cabo Verde. Ya no se trata de equipos que dependan únicamente de la fuerza física y el talento individual. Muchos equipos africanos cuentan ahora con jugadores que militan en las mejores ligas europeas, están mejor organizados, son más pragmáticos y más resistentes en los partidos importantes.
Los partidos entre Inglaterra y la República Democrática del Congo, Bélgica y Senegal, Colombia y Ghana, o Costa de Marfil y Noruega, ofrecen la posibilidad de sorpresas. Los equipos africanos suelen destacar por su velocidad, fuerza y capacidad de recuperación de balón, además de ser especialmente peligrosos en las transiciones. Si los favoritos permiten que el partido se vuelva caótico, podrían verse inmersos en el fútbol de alta intensidad que buscan sus rivales.
En particular, Senegal y Ghana son equipos capaces de complicarle las cosas a cualquier rival. No solo juegan con pasión, sino que también poseen una clara estructura táctica. En un buen día, pueden convertir por completo a aspirantes al título en meros contendientes.
Lo más atractivo de los dieciseisavos de final del Mundial de 2026 reside en que las sorpresas ya no son un detalle secundario, sino que podrían convertirse en el eje central. A medida que aumenta el número de equipos, también lo hace la diversidad de estilos de fútbol. Los grandes equipos no solo tienen que enfrentarse a rivales más débiles sobre el papel, sino que también deben descifrar una gran variedad de estilos de juego: defensa cerrada, presión alta, contraataques por las bandas, balones largos directos, juego físico o incluso la tanda de penaltis.

A nivel de selección nacional, el tiempo de preparación siempre es menor que a nivel de club. Los equipos fuertes, incluso aquellos con muchas estrellas, no siempre funcionan a la perfección. Mientras tanto, un equipo más pequeño, con unidad, disciplina y un plan claro, puede superar por completo la diferencia de nivel técnico en 90 minutos.
Por lo tanto, los dieciseisavos de final no son solo una oportunidad para que los aspirantes al título demuestren su valía. También son un escenario para que los equipos más modestos sueñen en grande. Brasil, Argentina, Francia, Inglaterra, Portugal y Alemania aún tienen una clara ventaja, pero no pueden permitirse el lujo de subestimar a ningún rival. El fútbol moderno ha acortado la brecha entre las distintas naciones futbolísticas, y en la Copa del Mundo, esa brecha a veces puede desaparecer con un simple pitido, un contraataque o un disparo decisivo.
La mayoría de los equipos favoritos aún podrían avanzar. Pero basta con una o dos sorpresas para que los dieciseisavos de final del Mundial de 2026 sean recordados como el momento en que los equipos menos conocidos alcanzan la cima. Y ese incierto camino comenzará en la madrugada del 29 de junio (hora de Vietnam), con el partido inaugural de la eliminatoria entre Sudáfrica y Canadá. Los dieciseisavos de final del Mundial de 2026 servirán como recordatorio de que, al más alto nivel del fútbol mundial, ningún equipo puede ganar únicamente por su historia, su fama o el número de estrellas en su camiseta.
Fuente: https://cand.vn/vong-32-doi-world-cup-2026-bat-ngo-tiem-an-post815197.html








