La batalla interminable del "ex".
Recientemente, la sociedad ha presenciado una serie de incidentes desgarradores entre personas divorciadas. Estos incluyen agresiones brutales y emboscadas al descubrir la nueva pareja de la exesposa, o acoso prolongado en el lugar de trabajo. Más allá de la violencia física, el abuso psicológico se está convirtiendo en un arma aterradora.
Muchas personas abusan de su derecho de visita para ir a la casa de sus exesposas a insultarlas y vandalizar sus propiedades. Utilizan las redes sociales para difamarlas, difundir rumores falsos e incluso divulgar imágenes personales con el fin de sabotear sus vidas, carreras y nuevas relaciones. Un ejemplo típico es el reciente escándalo en el que una exesposa acudió repetidamente a internet para exponer la infidelidad de su exmarido (a pesar de carecer de pruebas) mientras él se preparaba para contraer matrimonio. Esto provocó ataques y críticas en línea tanto contra el exmarido como contra su prometida, afectando sus vidas, su bienestar mental y a sus familias.
En muchos casos, los maltratadores se aprovechan de sutiles lagunas legales, arrogándose el derecho a interferir en la vida de sus "exparejas" con el pretexto de "resolver conflictos personales" o "disputas por la custodia de los hijos", lo que dificulta que las autoridades intervengan y resuelvan los problemas de manera efectiva.
Sin embargo, tras un análisis más detenido, se observa que la naturaleza de estas conductas sigue teniendo su origen en una mentalidad posesiva, un hábito controlador y la desigualdad de género generada durante el matrimonio. Reconociendo esta causa fundamental, la nueva ley estipula claramente que los actos de violencia entre personas divorciadas se siguen considerando violencia doméstica.
Identificar con precisión la naturaleza del comportamiento es un paso fundamental. Proporciona a la policía y a las autoridades locales una herramienta legal para intervenir de inmediato, emitir órdenes de alejamiento y exigir a los agresores que se mantengan alejados del domicilio o lugar de trabajo de la víctima. Las víctimas de violencia ya no tienen que esperar a que se produzcan consecuencias graves para recibir protección; tienen derecho a solicitar intervención legal en cuanto perciban señales de amenazas o intimidación psicológica.
Esta política aborda la raíz del problema.
Además de abordar las consecuencias del divorcio, las reformas legales también buscan proteger a quienes viven en estructuras familiares complejas e interconectadas. Un problema acuciante en los últimos tiempos ha sido la prevalencia de la violencia contra los niños dentro de estas familias fragmentadas.
Una serie de impactantes casos de abuso que involucran a padrastros y madrastras "no oficiales" ha revelado una alarmante realidad. Niños que ya se encuentran en desventaja debido a la desintegración familiar, se convierten en blanco de la ira de las parejas o cónyuges "no oficiales" de sus padres biológicos. Es significativo que muchos casos se prolonguen en silencio, con indiferencia o incluso con la complicidad de quienes dieron a luz a las víctimas.
La inclusión de hijastros y niños adoptados bajo protección directa ha eliminado la barrera de los "asuntos internos de la crianza de los hijos", obligando a las agencias y organizaciones a asumir la responsabilidad de supervisar e intervenir de inmediato cuando detectan signos de daño psicológico o físico en los niños.
Además, otra realidad importante que supone un desafío para la gestión en las zonas industriales y urbanas en proceso de transformación es la violencia dentro de los "matrimonios de hecho".
Ante la presión de ganarse la vida, muchos jóvenes migrantes y autónomos optan por vivir juntos, formando un vínculo matrimonial sin registrar su matrimonio en la oficina del gobierno local. Comparten comidas, alquiler y gestionan sus ingresos y su vida diaria como una familia. Sin embargo, cuando la presión económica aumenta, surgen conflictos y la violencia estalla fácilmente. Palizas, insultos y destrucción de la propiedad ocurren en estas estrechas habitaciones alquiladas. Lo más común es que las mujeres sean víctimas de violencia y desalojadas de sus habitaciones en plena noche, sin nada.
Sin embargo, cuando ocurren incidentes, los líderes vecinales o las autoridades locales suelen estar desconcertados. El mayor obstáculo radica en la falta de un matrimonio legal. Esta situación genera reticencia en las autoridades locales a intervenir de forma contundente, considerándolo simplemente un conflicto romántico sin compromiso entre un hombre y una mujer. El proceso de resolución generalmente se limita a advertencias generales o multas administrativas por perturbar la paz en el vecindario. El agresor paga la multa y luego regresa a su habitación para continuar con su comportamiento abusivo, mientras que la víctima queda indefensa. No sabe a quién acudir porque no existe un mecanismo claro para proteger sus derechos personales, ni regulaciones que determinen sus derechos con respecto a los bienes compartidos acumulados durante la convivencia.
Esto creó, sin querer, un vacío que propició la existencia del mal. Por lo tanto, incluir oficialmente las relaciones de convivencia, como el matrimonio, dentro del ámbito de las leyes de prevención y control de la violencia doméstica es una decisión política que aborda la raíz del problema. Envía un claro mensaje legal: «Los derechos humanos y la seguridad de la vida, la salud y el honor deben primar sobre los trámites administrativos».
Para que la ley se aplique realmente en la práctica, los funcionarios locales deben cambiar su mentalidad, abandonar con valentía el pensamiento administrativo rígido y reconocer correctamente la naturaleza de los actos violentos para aplicar plenamente las herramientas legales disponibles. Porque, en última instancia, el castigo corporal o el abuso verbal, por muy disimulados que estén, son actos que atentan contra la dignidad humana y deben erradicarse de raíz. (Continuará)
La violencia doméstica no solo causa graves daños y consecuencias a las víctimas, sino que también afecta a la comunidad y a la sociedad, socavando los valores morales dentro de las familias y la sociedad. La Ley de Prevención y Control de la Violencia Doméstica, aprobada por la Asamblea Nacional el 14 de noviembre de 2022 y vigente desde el 1 de julio de 2023, ha ampliado el alcance de la violencia doméstica para incluir 16 grupos de actos estipulados en el Artículo 3. Asimismo, define claramente como violencia doméstica, según la definición del Gobierno, los actos cometidos entre personas divorciadas; personas que conviven como marido y mujer; padres, hijastros, hermanos de personas divorciadas o que conviven como marido y mujer; y personas que previamente hayan tenido una relación de acogimiento familiar.
Fuente: https://baophapluat.vn/bai-2-bao-luc-gia-dinh-ngoai-mai-am.html








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