A menudo se piensa en Tokio como una ciudad que nunca duerme, un lugar de vida industrial dinámica y acelerada. Pero la imagen de Tokio también tiene otra faceta: una atmósfera tranquila, ordenada y apacible que invita a la reflexión y a la amabilidad. Esa fue la sensación que tuvimos al pasear por un callejón o al detenernos en una estación de metro.

En medio del ajetreo de Tokio, se oyen pasos rítmicos y tranquilos que nos brindan una sensación de paz. Foto: HONG NHAT
Hay un encanto irresistible en la serena belleza de esta ciudad. Se manifiesta en la forma en que la gente hace fila ordenadamente en los lugares públicos sin necesidad de que se lo pidan, en la puntualidad de los trenes que llegan y salen. La intrincada red de estaciones de metro, en las profundidades de Tokio, es un mundo vibrante, limpio y sin sol, repleto de tiendas, restaurantes y minimercados. Aunque todos tengan prisa, no hay ruido. Los trenes del metro circulan con fluidez y la gente habla en voz baja. En general, reina la tranquilidad, y la gente aprovecha el tiempo para dormir, leer o escuchar música. Es raro oír gritos o discusiones.
Este lugar también transmite un mensaje positivo: dejar caer algo no significa perderlo. La generosidad es una virtud destacada de los lugareños. Esto se refleja en las reveladoras estadísticas: en 2025, los residentes de Tokio entregaron a la policía la cifra récord de 4.500 millones de yenes (más de 30 millones de dólares) en efectivo encontrado en las calles. Más de 3.230 millones de yenes fueron devueltos a sus dueños. Según el Departamento de Policía Metropolitana de Tokio (Keishicho), la gente entregó voluntariamente millones de objetos perdidos. En concreto, el 83% de los teléfonos móviles (aproximadamente 130.000), el 73% de los documentos personales (más de 545.000) y el 65% de las carteras (240.000) fueron devueltos a sus dueños el mismo día. Japón se encuentra entre los países líderes de la región y del mundo en la devolución de teléfonos y carteras perdidos. Es agradable y reconfortante encontrar un espíritu tan generoso y agradecido en esta bulliciosa ciudad.

Quizás la paz no reside en la quietud absoluta, sino en cómo las personas preservan las formas de vida civilizadas en sus acciones cotidianas. Foto: MINH HA
La honestidad sistémica se consolida cada vez más gracias a las ventajas en infraestructura, cultura y legislación. En primer lugar, están los Koban —pequeñas comisarías— densamente distribuidos, que no solo se ocupan de las infracciones, sino que también sirven como centros de apoyo para la ciudadanía. Simultáneamente, existen factores sociopsicológicos, educación y filosofías de vida, con estándares consistentes que se conservan de generación en generación. Cada vez comprendemos mejor que la paz no es algo que se busca, sino que se construye mediante la forma en que convivimos.
Fuente: https://nld.com.vn/binh-yen-dong-kinh-196260321183337122.htm






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