La inteligencia artificial (IA) se está extendiendo por las empresas a un ritmo sin precedentes. Muchos directores ejecutivos han creado equipos dedicados a la IA, han lanzado proyectos piloto y han invertido considerablemente en infraestructura tecnológica. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones aún consideran la IA principalmente como una herramienta para la automatización o la mejora de la productividad. Este enfoque no capta la esencia de la verdadera transformación que aporta la IA.

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Los líderes están pasando del almacenamiento de datos a flujos de trabajo operativos impulsados ​​por IA. Foto: Midjourney

La IA no solo ayuda a las empresas a trabajar más rápido, sino que está empezando a redefinir la forma en que se organiza y se gestiona el trabajo. Las empresas pioneras reconocen que, para aprovechar al máximo el potencial de la IA, necesitan ir más allá de los modelos tradicionales de "sistemas de registro" y adoptar "sistemas de trabajo", donde las personas, los procesos y la IA aprenden y se adaptan continuamente de forma conjunta.

Según un estudio de McKinsey & Company, más del 70 % de las empresas han experimentado con la generación de inteligencia artificial, pero solo un pequeño porcentaje ha observado un impacto significativo en la eficiencia operativa. El principal obstáculo no reside en la tecnología en sí, sino en cómo las empresas organizan sus procesos de trabajo.

Cuando el "sistema de almacenamiento de datos" ya no es suficiente.