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Estandarización de los profesores universitarios

Los profesores no deben ser juzgados únicamente por el número de publicaciones, sino por su calidad, impacto y aplicabilidad. La estandarización es necesaria, pero debe ajustarse a la realidad.

Báo Tuổi TrẻBáo Tuổi Trẻ12/04/2026

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Los profesores no son solo transmisores de conocimiento, sino guardianes de la llama de un entorno académico digno. Foto: ilustración

La Circular 26 del Ministerio de Educación y Formación sobre estándares profesionales para el profesorado universitario, a primera vista, parece un documento técnico: estipula criterios, estandariza la plantilla y clasifica los puestos de trabajo. Sin embargo, también transmite un mensaje contundente: las universidades vietnamitas están entrando en una fase en la que deben profesionalizarse plenamente, no solo el sistema, sino también cada miembro del personal docente.

Desde la perspectiva de un profesor, creo que el aspecto más destacable de esta circular no reside en el número de publicaciones o temas de investigación, sino en la forma en que redefine la "profesión docente".

Ética académica: ¿fundamento o eslogan?

La Circular 26 sitúa la ética en primer lugar entre los tres conjuntos de normas. Si bien esto no es nuevo, en esta ocasión se enfatiza de manera más específica: los docentes deben mantener la integridad científica y ser honestos en su investigación, publicaciones y docencia. En el contexto actual, esto no resulta superfluo.

No es difícil detectar señales preocupantes: la búsqueda a toda costa de un gran volumen de publicaciones y reconocimiento internacional; la coautoría formal; e incluso el plagio y las citas incorrectas. Estos fenómenos no están lo suficientemente extendidos como para causar una alarma sistémica, pero sí son suficientes para erosionar la confianza académica si no se abordan.

El problema es que la ética no puede simplemente "regularse". Un profesor puede cumplir con todos los requisitos en cuanto a cualificaciones, publicaciones y temas de investigación, pero aun así carecer de integridad en su trabajo. Por otro lado, hay quienes realizan un trabajo científico serio pero no cumplen con los estándares debido a la falta de publicaciones.

Si nos centramos únicamente en los criterios, corremos el riesgo de convertir la integridad científica en un mero eslogan. Lo esencial es construir un ecosistema académico transparente: un riguroso proceso de revisión por pares, mecanismos eficaces de detección de plagio y, sobre todo, una cultura de respeto por la verdad. Entonces, la ética dejará de ser algo que deba recordarse para convertirse en una norma natural.

La Circular 26 estipula claramente los requisitos para la investigación científica: desde profesores titulares, deben contar con publicaciones internacionales, hasta profesores de alto nivel, con un número determinado de publicaciones, además de temas de investigación y libros especializados. En principio, este es el paso correcto. Las universidades no pueden limitarse a impartir docencia sin realizar investigación.

Un profesor que no realiza investigación científica tendrá dificultades para actualizar sus conocimientos y guiar a los estudiantes. Pero en realidad, la situación no es tan sencilla.

En muchas instituciones educativas, especialmente en las escuelas privadas o con un enfoque práctico, las condiciones para la investigación son limitadas: falta de financiación, falta de grupos de investigación y falta de tiempo debido a la alta presión docente.

En este contexto, la exigencia de "estandarización" se convierte fácilmente en presión formal. ¿Cuál es la consecuencia? La proliferación de artículos escritos simplemente para cumplir con los estándares, temas abordados para obtener aprobación en lugar de para resolver problemas prácticos.

Un sistema académico no puede desarrollarse de forma sostenible si se rige por una mentalidad de "hacer por hacer". Por lo tanto, se necesita un enfoque más flexible. Los profesores no deben ser evaluados únicamente por el número de publicaciones, sino por su calidad, impacto y aplicabilidad. En campos especializados, pueden ser aceptables productos alternativos como la transferencia de tecnología, las innovaciones o las contribuciones a la comunidad. La estandarización es necesaria, pero debe ser acorde a la realidad.

Una novedad clave de la circular es su aplicación a todos los docentes, tanto de instituciones públicas como privadas. Esto contribuye a crear un estándar común y evita la existencia de dos estándares distintos dentro del mismo sistema.

Sin embargo, las diferencias en las condiciones entre estos tipos de instituciones son significativas. Las grandes universidades públicas cuentan con una sólida tradición investigadora, un profesorado de gran prestigio y amplios recursos. Por otro lado, muchas universidades privadas se centran en la formación aplicada, atendiendo a las necesidades del mercado laboral, con un modelo operativo más flexible.

Si se aplica un conjunto rígido de criterios, se corre el riesgo de reducir la diversidad del sistema universitario. Las universidades podrían verse obligadas a "seguir el estándar" en lugar de desarrollar sus propias fortalezas.

La solución no reside en rebajar los estándares, sino en estratificarlos. Se pueden establecer diferentes conjuntos de criterios, que correspondan a las orientaciones de investigación, las aplicaciones o las prácticas profesionales. Un sistema universitario saludable no es un sistema homogéneo, sino un sistema diverso con estándares comunes.

De "cualificado" a "puesto adecuado"

La Circular 26 también establece requisitos para idiomas extranjeros, tecnologías de la información e innovación. Estas son competencias indispensables en el contexto de la profunda transformación digital de la educación superior. Pero cabe preguntarse: ¿estamos formando a los docentes como personas que realizan todo tipo de tareas o como expertos en sus respectivos campos?

Un buen profesor no tiene por qué ser bueno en todo. Lo importante es que destaque en sus respectivas funciones: docencia, investigación o vinculación con la práctica. Por lo tanto, en lugar de exigir que todos los profesores cumplan con el mismo conjunto de criterios, se debería fomentar la especialización. Algunos pueden destacar en investigación, otros en docencia y otros en la vinculación con las empresas. Cuando cada individuo aprovecha sus fortalezas, el colectivo se fortalece.

Para que la Circular 26 se implemente realmente, creo que se necesitan tres enfoques principales:

En primer lugar, necesitamos crear un mecanismo de evaluación multidimensional. Este no debe basarse únicamente en datos objetivos, sino que debe incluir comentarios cualitativos de estudiantes, colegas y partes interesadas.

En segundo lugar, invierta en el entorno de investigación. Si se exige a los profesores que realicen investigación científica, deben crearse las condiciones necesarias: financiación para la investigación, tiempo, conexiones internacionales y, sobre todo, una reducción de la carga administrativa.

En tercer lugar, fomentar una cultura académica es fundamental, aunque también el elemento más desafiante. Un entorno que respete el conocimiento, fomente el debate y valore la honestidad producirá, naturalmente, profesores de excelencia en el sentido más profundo de la palabra.

En definitiva, la Circular 26 no se trata solo de cifras; se trata de lo que queremos que lleguen a ser las universidades vietnamitas. Si nos centramos únicamente en cumplir con los estándares, tendremos un profesorado que cumpla con los requisitos sobre el papel. Pero si vamos más allá, aspirando a "la profesión adecuada", podemos construir un sistema de educación superior verdaderamente integral. En ese sistema, los docentes no son solo transmisores de conocimiento, sino guardianes de la esencia de un entorno académico digno.

LE TRUONG AN

Fuente: https://tuoitre.vn/chuan-hoa-giang-vien-dai-hoc-2026041212544883.htm


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