Estas manifestaciones no pueden considerarse "asuntos menores".

Tras cada período festivo, el tema de la disciplina administrativa vuelve a cobrar fuerza. En muchos lugares, persisten las demoras en la atención a los ciudadanos, las dificultades para gestionar los trámites administrativos, la evasión de responsabilidades entre departamentos e incluso formas sutiles de acoso y extorsión. Algunos asuntos que deberían resolverse en un solo día se prolongan durante días; algunos expedientes completos y conformes a la normativa quedan innecesariamente pendientes; y, en algunos casos, los ciudadanos tienen que realizar múltiples viajes debido a la negligencia o la falta de responsabilidad de algún funcionario.

El profesor Dr. Nguyen Dang Dung, miembro del Consejo Asesor sobre Democracia y Derecho del Comité Central del Frente de la Patria de Vietnam, declaró: «Cuando los ciudadanos tienen que realizar múltiples viajes para un trámite que podría resolverse rápidamente, y cuando los funcionarios carecen de respeto y causan inconvenientes, ya no se trata de un simple “error administrativo”, sino de una manifestación del deterioro de la ética en el servicio público. Si no se corrigen con prontitud, los pequeños incidentes se acumularán y se convertirán en quejas sociales, erosionando la confianza en la administración pública».

Foto ilustrativa: VGP

Cabe destacar que estos incidentes ya no se limitan al boca a boca. Muchos casos han sido registrados y denunciados por ciudadanos en redes sociales, generando una ola de indignación pública. Desde una recepción indiferente, un funcionario reacio o un intermediario problemático, la imagen de toda la agencia, e incluso de todo el aparato gubernamental, se ve perjudicada por la opinión pública.

Algunos podrían argumentar que se trata solo de un "asunto menor", un error personal, que no representa a todo el sistema. Pero, desde la perspectiva pública, no interactúan con un "sistema" abstracto, sino directamente con funcionarios y empleados públicos específicos. La falta de profesionalismo basta para erosionar la confianza; incluso un pequeño acto de acoso es suficiente para generar en las personas la sensación de ser ignoradas y tratadas injustamente. Cuando estos "pequeños" problemas se repiten, persisten y quedan sin resolver, se acumulan hasta convertirse en quejas importantes, erosionando la confianza social. Más preocupante aún es que, en el contexto de los medios digitales en rápido desarrollo, cada incidente negativo puede propagarse muy rápidamente, más allá del ámbito local. Incluso un breve vídeo que grabe el comportamiento poco profesional de un funcionario al interactuar con el público es suficiente para generar una "indignación pública", dañando la imagen de la agencia gubernamental. En este caso, las consecuencias van más allá de la reputación de un individuo; afectan la fe en el estado de derecho y el orden.

La decadencia moral en el servicio público: una enfermedad destructiva que nace desde dentro.

La naturaleza subyacente de las manifestaciones antes mencionadas no es simplemente una violación de los procedimientos y reglamentos administrativos, sino un deterioro de la ética en el servicio público. Cuando quienes desempeñan sus funciones ya no priorizan los intereses del pueblo y del Estado sobre el beneficio personal; cuando la autoridad se considera un "privilegio" en lugar de una responsabilidad de servicio; y cuando se ignoran la disciplina y el orden, comienza a surgir la corrupción. El peligro de la corrupción ética en el servicio público radica en que a menudo se origina en manifestaciones muy cotidianas: pereza, indiferencia y apatía hacia el trabajo; considerar el servicio público como una carga; y ver la tramitación de procedimientos para ciudadanos y empresas como un "favor" en lugar de una obligación. A partir de ahí, algunos se acostumbran gradualmente a crear dificultades para "lograr sus objetivos", a aceptar beneficios ilegítimos para "facilitar los trámites" y, finalmente, caen en un ciclo de irregularidades.

Las consecuencias de esta corrupción no solo representan inconvenientes específicos para los ciudadanos y las empresas, sino también un daño a la confianza pública. La confianza social no desaparece de la noche a la mañana; se erosiona poco a poco con cada muestra de falta de respeto hacia los ciudadanos, con cada demora injustificada en los trámites y con cada falta de disciplina. Cuando la confianza se erosiona, la eficacia de la gestión estatal disminuye; incluso las políticas e iniciativas acertadas tienen dificultades para implementarse con éxito.

Cabe destacar que estas deficiencias éticas en el servicio público también están siendo aprovechadas por fuerzas hostiles para distorsionar la verdad, lanzar acusaciones y atacar al régimen. A partir de transgresiones individuales, las magnifican hasta convertirlas en "la naturaleza del sistema", negando los esfuerzos por reformar la administración, construir un Estado de derecho y formar una plantilla de funcionarios y empleados públicos honestos y profesionales. Si no confrontamos, abordamos con claridad y sancionamos con rigor las manifestaciones de corrupción interna, crearemos, sin darnos cuenta, puntos débiles que las narrativas falsas podrán explotar.

El general de división, profesor asociado, doctor y maestro del pueblo Nguyen Ba Duong, jefe del 35.º Grupo de Expertos de la Comisión Militar Central, declaró: «El declive de la moral y el estilo de vida entre un sector de los cuadros y funcionarios públicos no solo perjudica la gestión administrativa, sino que, lo que es aún más peligroso, daña los cimientos de la confianza del pueblo. Cuando la confianza se erosiona por cuestiones mínimas, las narrativas distorsionadas que niegan el liderazgo del Partido y la superioridad del régimen encuentran un terreno fértil para infiltrarse y ejercer influencia».

Es necesario reconocerlo con franqueza: el declive de la ética en el servicio público no es un fenómeno aislado, pero tampoco está tan extendido como para ser incontrolable. El problema radica en los ámbitos donde aún persisten el favoritismo, la evasión y la indecisión; donde aún existe una mentalidad de "mantener las cosas en privado" y el temor a la confrontación; donde es probable que persistan los obstáculos. Y es precisamente esta tolerancia la que fomenta la corrupción.

Disciplina estricta, mantener el orden: no se permite tolerancia ni indulgencia.

Para superar los obstáculos a la ética en el servicio público, no hay otra solución que reforzar la disciplina y el orden, asignando responsabilidades específicas a cada persona y a cada cargo, especialmente a la persona que dirige la organización. Cuando esta da ejemplo y es firme en la aplicación de la disciplina, la corrupción y la indiferencia hacia el servicio público disminuyen considerablemente. Por el contrario, cuando la dirección es negligente y teme la confrontación, la disciplina se descuida fácilmente.

Tras analizar la experiencia práctica de la atención ciudadana a nivel local, el Dr. Nguyen Viet Thong, profesor asociado y exsecretario general del Consejo Teórico Central, opina que: Para corregir la ética del servicio público, no basta con hacer llamamientos generales; la responsabilidad del titular de cada organismo y unidad debe estar estrechamente vinculada a la disciplina y el orden. Donde el titular es ejemplar y decidido, se mantiene la disciplina; donde hay favoritismo y negligencia, las infracciones se repiten. Esta observación demuestra que manifestaciones aparentemente menores afectan directamente la confianza del pueblo en la administración pública.

Las infracciones deben ser tratadas con rigor, apertura y transparencia, sin «zonas prohibidas» ni excepciones. Los actos de acoso y las molestias a los ciudadanos no pueden considerarse «infracciones menores» y ser abordados superficialmente o de forma rutinaria. Cada caso tratado con rigor no solo disuade a los infractores, sino que también transmite un mensaje contundente sobre la determinación de construir una administración honesta y al servicio de la ciudadanía.

Es necesario seguir mejorando los procesos, estandarizando los procedimientos e impulsando la tecnología de la información y la transformación digital para agilizar los trámites administrativos, minimizando el contacto directo innecesario, caldo de cultivo para la corrupción. Debe promoverse el papel de supervisión de la ciudadanía y la prensa; deben ampliarse y gestionarse eficazmente los canales para recibir comentarios, sugerencias y denuncias de conductas negativas; y debe protegerse a quienes denuncian la verdad. Más importante aún, la construcción de una ética en el servicio público debe considerarse un elemento fundamental en la formación de un equipo de funcionarios y empleados públicos. La ética en el servicio público no puede quedarse en un simple eslogan, sino que debe convertirse en un criterio para la evaluación anual de los funcionarios, estrechamente vinculado a la planificación, los nombramientos, las recompensas y las medidas disciplinarias. Un funcionario con alta cualificación profesional pero sin principios éticos no puede considerarse un buen funcionario. Las cualidades y la actitud de servicio a la ciudadanía deben equipararse a la competencia profesional.

Analizar directamente los problemas éticos en el servicio público no pretende menoscabar el esfuerzo colectivo de los funcionarios y empleados públicos que sirven diligentemente a la ciudadanía día y noche. En realidad, la mayoría de los funcionarios y empleados públicos mantienen su integridad, responsabilidad y dedicación al trabajo. Sin embargo, precisamente por ello, es necesario abordar con seriedad estas faltas para proteger la reputación de la mayoría y la imagen de la administración pública. Cada acto de indiferencia hacia la disciplina, cada acto de acoso contra la ciudadanía, supone una afrenta a la confianza social. Si estas afrentas no se corrigen con prontitud, se acumularán hasta convertirse en una herida mayor. Mantener la disciplina y el orden en el servicio público hoy es mantener la confianza de la ciudadanía mañana. No tolerar las irregularidades, no mostrar indulgencia ante las infracciones: esto no es solo una exigencia de la administración, sino también un mandato que emana de la confianza que la ciudadanía deposita en la administración pública.

    Fuente: https://www.qdnd.vn/phong-chong-tu-dien-bien-tu-chuyen-hoa/dao-duc-cong-vu-lech-chuan-he-luy-khong-the-xem-nhe-1029845