El presidente Ho Chi Minh siempre consideró la unidad nacional como el principio rector de todas sus acciones. (Foto: Material de archivo)

La idea de la unidad nacional no es algo que solo se haya afirmado hoy. Es un valor que ha permeado la historia de la revolución vietnamita, desde la fundación de la nación hasta la defensa y el desarrollo del país. Sin embargo, lo especial en el contexto actual es que este espíritu no solo se está reviviendo a través de la tradición, sino que se está aplicando como método de reorganización social: una auténtica capacidad de gobierno, no un mero sentimiento o eslogan.

Los cambios en la estructura gubernamental, la fusión de unidades administrativas, la implementación de un modelo de gobierno local de dos niveles, la reorganización del espacio de desarrollo… no solo requieren visión política , sino también capacidad de liderazgo, capacidad de operar de forma sincronizada y, sobre todo, la capacidad de construir un consenso profundo en toda la sociedad. Porque cualquier reforma, por bien dirigida que esté, será meramente un movimiento superficial sin unidad y fácilmente conducirá a la ruptura de la confianza.

El artículo del Secretario General To Lam no solo destacó el valor histórico de la unidad, sino que también elevó este concepto a una exigencia estratégica en el actual período de reconstrucción institucional. En este momento, la racionalización del aparato administrativo ya no es un asunto interno de la administración estatal, sino una prueba de la confianza ciudadana. Al reorganizar las unidades administrativas, no se trata simplemente de "separar y fusionar", sino de una reorganización de la vida social, un cambio en el poder político desde la base y una redistribución de los recursos para el desarrollo. Para lograrlo, debe existir unidad ideológica desde el nivel central hasta el local, desde los líderes hasta la base, desde los funcionarios hasta la ciudadanía. Y la unidad en la nueva era, como analizó el Secretario General, no puede consistir en aguantar pasivamente ni en "fingir acuerdo mientras se discrepa en secreto", sino que debe ser un compromiso consciente y compartido basado en la comprensión, la confianza y un objetivo común. Por lo tanto, hoy en día, todo funcionario y miembro del Partido necesita no solo mantener la unidad como una virtud, sino también considerarla una habilidad política y un requisito del servicio público.

Desde la reorganización de la fuerza laboral y la reasignación de personal hasta la asignación de presupuestos y la selección de sedes, todos estos son desafíos en la reestructuración social. Sin coordinación, escucha y colaboración, no solo se perderá la unidad, sino que la disrupción y la inestabilidad también serán inevitables.

Otro mensaje importante del artículo es: La unidad no puede basarse únicamente en apelaciones al espíritu, sino que debe garantizarse mediante mecanismos de implementación justos, transparentes y eficaces. El Secretario General enfatizó la importancia de políticas claras para los funcionarios afectados por la fusión; exigió una asignación imparcial de recursos para el desarrollo entre regiones; y advirtió especialmente contra el parroquialismo y las actitudes egoístas que podrían fracturar la unidad nacional.

Aquí, la solidaridad ya no es un mero consenso, sino un compromiso político en el diseño de políticas. Cuando se armonizan los intereses locales, se reconocen las contribuciones y se recompensan con prontitud los esfuerzos de quienes trabajan por el bien común, ese es el entorno en el que la solidaridad se convierte verdaderamente en un motor de innovación.

El Secretario General también enfatizó la necesidad de que los cuadros y miembros del Partido den ejemplo, especialmente durante el delicado período de reestructuración. La unidad no surge espontáneamente de los llamados a la acción, sino del comportamiento, de la forma en que se resuelven los desacuerdos, de una actitud de escucha, diálogo y persuasión. Mantener la unidad en el contexto actual no se trata de mantener la armonía interna, sino de atreverse a afrontar las diferencias, encontrar puntos en común y actuar con responsabilidad. Quienes pueden sacrificar sus intereses personales por el bien común son el núcleo de la nueva unidad: unidad mediante la acción, no solo mediante compromisos.

"La unidad es una fuerza invencible", afirmó el Secretario General To Lam. Y esa fuerza no reside en la cantidad de personas que coinciden, sino en la calidad de acción de quienes se atreven a ser pioneros, a innovar y a vincular el poder con la responsabilidad.

La unidad es una exigencia de los tiempos, una fortaleza política y un requisito previo para que Vietnam entre en una nueva era, fuerte, sostenible y sin dejar a nadie atrás.

De un

Fuente: https://huengaynay.vn/chinh-polit-xa-hoi/xay-dung-dang/doan-ket-de-but-pha-155464.html