En realidad, detrás de un examen médico, una cirugía o una cama de hospital se esconde todo un sistema de gestión: electricidad, agua, mantenimiento, reparación de equipos, funcionamiento de sistemas de tecnología de la información, gestión de activos, seguridad del paciente, control de infecciones, eliminación de residuos médicos y muchos otros costes indirectos…
Si estos costos no se contabilizan adecuadamente, los hospitales tendrán dificultades para encontrar los recursos necesarios para mejorar la calidad. El equipo antiguo tardará en reemplazarse, la infraestructura deteriorada será difícil de renovar, las nuevas tecnologías tardarán en implementarse y las condiciones laborales del personal sanitario serán difíciles de mejorar. En última instancia, los pacientes serán quienes sufran las consecuencias. Sin embargo, ajustar los precios de los servicios de salud solo tiene sentido cuando genera un cambio real en la calidad de la atención médica.
Este es un punto crucial para que la política logre el consenso social. Los pacientes pueden empatizar con las dificultades que enfrentan los hospitales y comprenden que un hospital que aspira a ser más limpio, más moderno, menos saturado y contar con mejores médicos necesita recursos. Sin embargo, los pacientes no pueden aceptar una situación en la que los precios aumenten sin una mejora correspondiente en la calidad.
Por lo tanto, además de implementar los nuevos precios, los hospitales deben divulgar públicamente sus planes para el uso de los ingresos adicionales. Estos recursos deben transformarse en mejoras concretas: reducir los tiempos de espera para las consultas; simplificar los trámites administrativos; ampliar el registro de citas en línea; vincular los resultados de laboratorio y de diagnóstico por imagen; modernizar las salas de espera, las salas de hospitalización y los baños; y mejorar la alimentación, la seguridad hospitalaria y la atención al paciente.
En particular, la actitud del servicio debe considerarse parte de la calidad de la atención médica. Los hospitales no son solo lugares para tratar enfermedades con medicamentos y tecnología, sino también lugares donde los pacientes necesitan sentirse tranquilos, escuchados, recibir explicaciones y ser tratados con respeto. Ajustar los precios de los servicios de salud es un paso necesario en este proceso. Pero este proceso no puede limitarse a la lista de precios.
Más importante aún, debe establecerse un nuevo estándar en la gestión de los hospitales públicos: recaudación y gasto adecuados, transparencia y satisfacción del paciente como referentes. La adecuación y la exhaustividad no solo se refieren al costo total de los gastos directos, los costos laborales o los costos administrativos. También abarcan la plena responsabilidad por la prestación del servicio, la rendición de cuentas completa y el compromiso total con la mejora de la calidad.
Fuente: https://www.sggp.org.vn/dung-gia-du-trach-nhiem-post859842.html










