En medio del riguroso entrenamiento de la vida militar, hay momentos de agotamiento tras arduas sesiones, pero el canto de los pájaros cada mañana y cada tarde sirve como un suave pero eficaz "tónico espiritual". En ese entorno, mientras el sol de la mañana proyecta su luz dorada sobre las ramas de los árboles de yaca y carambola, y mientras el crepúsculo púrpura pálido desciende tras los lejanos bosques de bambú, el soldado siente que su corazón se calma, como si tocara un profundo recuerdo.

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El canto de los pájaros me evoca los susurros de mi madre en casa, como las nanas que mi abuela cantaba bajo el alero hace años. El suave susurro de las hojas con la brisa, el vuelo de los pájaros contra el cielo carmesí al atardecer; todo ello me evoca una extraña sensación de cercanía y familiaridad. En esta remota unidad militar, estos sencillos sonidos reconfortan el corazón de un soldado, profundizando su amor por la naturaleza y la vida militar.

Quizás por eso, durante sus descansos, muchos soldados eligen sentarse a la sombra de los árboles, escuchando el canto de los pájaros, disfrutando de un raro momento de tranquilidad en medio del ajetreo del entrenamiento y los ejercicios diarios. Es un momento en el que los soldados no solo escuchan a los pájaros, sino también a su propia alma, cobrando fuerza y ​​determinación para continuar su camino de entrenamiento y dedicación.

El entorno natural del cuartel, con el canto de los pájaros y los frondosos árboles frutales, no solo es una hermosa vista, sino también un compañero silencioso que fortalece silenciosamente la moral de cada soldado. Desde aquí, ya sea en la niebla matutina o al atardecer, los soldados se mantienen firmes y llenos de fe.

EL VIET MINH HIEU

    Fuente: https://www.qdnd.vn/van-hoa/van-hoc-nghe-thuat/khuc-nhac-ban-mai-849062