Durante la última década de implementación del gobierno electrónico, uno de los mayores obstáculos ha sido la falta de interconexión y sincronización entre los sistemas de información. Los datos están fragmentados entre ministerios, departamentos y localidades; cada lugar desarrolla su propio sistema, software y formato, lo que genera un desperdicio de recursos y una eficacia limitada en la atención a ciudadanos y empresas. El intercambio de datos se basa principalmente en decretos o directivas administrativas, sin una base legal lo suficientemente sólida como para obligar a las agencias a cumplirlos.
La Ley de Transformación Digital aborda directamente esta cuestión: compartir y utilizar datos de bases de datos nacionales, bases de datos especializadas y sistemas de información de otras agencias para agilizar los procedimientos administrativos, proporcionar servicios públicos en línea y garantizar una conectividad fluida y no fragmentada entre los niveles central y local es una responsabilidad legal de las agencias estatales.
Un avance notable de la Ley es el requisito obligatorio de cumplimiento del Marco Nacional de Arquitectura Maestra Digital, el Marco Nacional de Arquitectura de Datos, el Marco Nacional de Gobernanza y Gestión de Datos, el Diccionario Común de Datos y las normas y regulaciones técnicas relacionadas. Esto es fundamental para garantizar la sincronización técnica entre los niveles central y local, sentar las bases para la creación de plataformas digitales comunes, reducir la duplicación de inversiones y mejorar la eficiencia del gasto público.
El impacto positivo de esta normativa también se evidencia en la optimización de recursos y la mejora de la experiencia de ciudadanos y empresas. El principio de reutilización de datos ayuda a acabar con la situación en la que múltiples organismos recopilan el mismo tipo de información que el Estado ya posee. Más importante aún, al estar las bases de datos perfectamente conectadas, los ciudadanos ya no tendrán que proporcionar repetidamente información básica al realizar trámites administrativos. Esto constituye un verdadero ejemplo de reforma administrativa en el entorno digital.
Por supuesto, aún queda mucho por hacer entre la normativa y la práctica. En primer lugar, está el legado tecnológico del sector público. En realidad, los sistemas de tecnología de la información de muchas agencias gubernamentales están fragmentados, obsoletos y carecen de capacidad de integración. Mientras tanto, actualizarlos o reemplazarlos para cumplir con las nuevas normas de la Ley requiere importantes recursos financieros y un largo período de tiempo.
Además, la conectividad de datos solo es verdaderamente significativa cuando los datos de entrada son precisos, completos, limpios y actualizados. Mientras tanto, muchas bases de datos especializadas aún presentan imprecisiones y carecen de estandarización. Si se establece la conectividad cuando la calidad de los datos es deficiente, el sistema interconectado puede amplificar los errores en lugar de mejorar la eficiencia de la gestión.
La eliminación de la fragmentación de datos también ejerce una presión significativa sobre la infraestructura y la seguridad de la información. Los sistemas nacionales interconectados se convertirán en la columna vertebral del gobierno digital, lo que requerirá capacidades de infraestructura robustas y mecanismos de seguridad multicapa. El riesgo en cascada de brechas de ciberseguridad es un desafío que no puede subestimarse, ya que incluso una sola vulnerabilidad a nivel local puede afectar a todo el sistema.
Otro problema es la responsabilidad individual en la implementación. Si bien la Ley menciona las responsabilidades de agencias, organizaciones e individuos, sin criterios específicos para el manejo de infracciones, las regulaciones pueden volverse fácilmente imprecisas, lo que dificulta la asignación de responsabilidades cuando se producen cuellos de botella o errores en los datos.
Por lo tanto, desde ahora hasta que la Ley entre en vigor (1 de julio de 2026), el Gobierno necesita emitir urgentemente documentos guía para su implementación, incluyendo regulaciones claras sobre las sanciones por actos de no compartir datos, compartir datos deficientes u obstaculizar la interoperabilidad de datos.
Simultáneamente, se necesita una estrategia de depuración y estandarización de datos antes de generalizar la conectividad. Se debe priorizar las áreas con un impacto significativo en la ciudadanía y las empresas, centrando los recursos en mejorar la calidad de los datos. Las lecciones aprendidas en la creación de la base de datos nacional de población demuestran que, con una firme voluntad política y una implementación sistemática, los cuellos de botella en los datos pueden superarse por completo.
Invertir en infraestructura y garantizar la seguridad de la información también requiere un enfoque nuevo y más flexible de los mecanismos financieros, estableciendo normas mínimas obligatorias de seguridad de la información como requisito previo antes de que los sistemas locales puedan conectarse a la red interconectada nacional.
Se puede afirmar que la Ley de Transformación Digital ha abordado eficazmente el marco legal para el gobierno digital. Sin embargo, la viabilidad de la normativa dependerá de los recursos para su implementación y de la voluntad política para abordar las antiguas "islas de datos". La ley ha allanado el camino, pero para que este conduzca a un gobierno digital eficaz, transparente y centrado en las personas, se requiere un proceso de implementación persistente, disciplinado y sustancial.
Fuente: https://daibieunhandan.vn/kien-tri-ky-luat-and-thuc-chat-10401468.html






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