Los expertos médicos estiman que aproximadamente la mitad de los supervivientes de un ictus presentan distintos grados de discapacidad. Muchos no pueden valerse por sí mismos en sus actividades diarias y dependen del apoyo familiar. En muchos casos, tras recibir el alta hospitalaria, los pacientes creen erróneamente que se han recuperado y descuidan los ejercicios de rehabilitación. Esto limita su recuperación e incluso puede agravar las secuelas a largo plazo.
La rehabilitación debe comenzar lo antes posible una vez que la salud del paciente se estabilice. El ejercicio temprano ayuda a limitar la atrofia muscular, la rigidez articular, las úlceras por presión, la neumonía que requiere reposo en cama y muchas otras complicaciones. La rehabilitación tras un accidente cerebrovascular es un proceso multidisciplinario que involucra a médicos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, enfermeros y el apoyo activo de la familia. Según la condición específica, los pacientes recibirán orientación a través de ejercicios apropiados, como movimientos de las extremidades, caminar, entrenamiento del equilibrio, actividades de la vida diaria, terapia del habla, terapia de deglución y rehabilitación cognitiva. El objetivo es ayudar a los pacientes a recuperar la mayor cantidad posible de movilidad y función perdidas.
Además del tratamiento médico profesional, el apoyo de los familiares es fundamental para la recuperación del paciente. Muchos pacientes que han sufrido un ictus suelen experimentar sentimientos de inferioridad, inseguridad o ansiedad debido a la pérdida de su capacidad para trabajar y realizar las actividades cotidianas. Los familiares deben animar y motivar a los pacientes a realizar ejercicio con regularidad, evitando así el desánimo y el abandono prematuro. Crear un entorno seguro y cómodo también contribuye a reducir el riesgo de caídas y otros accidentes. Asimismo, los cuidadores deben vigilar de cerca la salud del paciente, asegurarse de que tome la medicación según lo prescrito, acuda a revisiones periódicas y detecte los primeros signos de anomalías para poder acudir a un centro médico de inmediato.
Uno de los objetivos importantes tras un ictus es prevenir su recurrencia. De hecho, las personas que han sufrido un ictus tienen un mayor riesgo de recurrencia que la población general. Para reducir este riesgo, los pacientes deben seguir el tratamiento de afecciones subyacentes como hipertensión, diabetes, dislipidemia y enfermedades cardiovasculares. Asimismo, deben mantener un estilo de vida saludable: dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol, consumir abundantes frutas y verduras, y reducir la ingesta de sal y grasas saturadas. Mantener una actividad física adecuada, controlar el peso, dormir lo suficiente y mantener una actitud positiva también contribuyen a una mejor recuperación y a la protección de la salud a largo plazo.
El ictus no es solo un evento médico agudo, sino también un desafío a largo plazo para los pacientes y sus familias. Una intervención de rehabilitación oportuna, una atención adecuada y la perseverancia del paciente pueden mejorar significativamente la movilidad, la comunicación y las actividades diarias. La rehabilitación posterior al ictus es fundamental para ayudar a los pacientes a recuperar gradualmente la confianza, mejorar su calidad de vida y reintegrarse a la comunidad.
Fuente: https://soyte.camau.gov.vn/bai-khoa-hoc-chinh-tri-va-xa-hoi/vai-tro-cua-cham-soc-phuc-hoi-sau-dot-quy-302011









