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Suave fragancia a magnolia

Nací y crecí en el campo y siempre he sentido una profunda añoranza por esos espacios prístinos y apacibles, donde incluso un paso lento permite oír claramente el susurro del viento entre las hojas, el canto de las cigarras y los aromas familiares que perduran en mi memoria. Para mí, entre todas las imágenes y olores del campo, la fragancia de las flores de magnolia es la más pura y cautivadora.

Báo Hưng YênBáo Hưng Yên17/05/2026

Al crecer, mis veranos escolares estaban ligados a aquel camino familiar bordeado de magnolios. Las tardes, cuando llegaba tarde a casa después de las clases extraescolares, mis amigos y yo paseábamos en bicicleta por ese camino. Cada vez que pasábamos, en silencio, reducíamos la velocidad y respirábamos profundamente la suave fragancia que flotaba en el aire. Aquel momento, por sencillo que fuera, me acompañó durante todos los años siguientes.

Ahora, en medio del ajetreo de la ciudad, al percibir de vez en cuando el aroma de las flores de magnolia que trae la brisa, siento una punzada de melancolía. En el patio trasero de mi oficina también hay un magnolio. Sin ostentar su belleza, se yergue silencioso, con su follaje de un verde intenso durante todo el año. Cada año, en el tercer mes lunar, cuando los capullos comienzan a abrirse, tengo la costumbre de ir allí, arrancar con cuidado unas cuantas flores tímidas y colocarlas en mi escritorio. Unas pocas flores bastan para perfumar toda la habitación. Su delicada fragancia se extiende, no abrumadora, sino como un susurro, suficiente para calmar la mente y disipar el estrés diario del trabajo.

Las magnolias no son tan vibrantes como las flores más llamativas, ni tan elegantes como las rosas. Florecen con discreción, con sus pétalos blancos y prístinos acurrucados entre las hojas, como una muchacha campesina dulce y tímida. Pero es precisamente esta sencillez la que evoca recuerdos tan entrañables. Sobre todo después de las primeras lluvias de verano, cuando el aire aún está húmedo, la fragancia de las magnolias se intensifica, se vuelve más pura, impregnando cada callejón y acompañándome hasta mi porche. Incluso cuando las flores se han marchitado, el aroma parece perdurar, como un recuerdo que se resiste a desvanecerse.

Algunos aromas pasan y se desvanecen, pero otros perduran en la memoria. Para mí, el aroma de la magnolia forma parte de mi infancia, de mi pueblo, de aquellos inocentes días de verano que ya pasaron. Cada vez que percibo ese aroma, siento que me transporto a mi antiguo jardín, a aquellas tardes con mi abuela, a los caminos de mi época escolar y a los dulces sueños de un tiempo pasado.

Ha An

Fuente: https://baohungyen.vn/diu-dang-huong-ngoc-lan-3195089.html


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