Algunas mañanas, antes de que la ciudad despierte del todo, la gente espera en silencio frente a una oficina administrativa. En sus manos llevan montones de documentos de propiedad, escrituras de casas, documentos de identidad, certificados de propiedad de tierras: papeles vinculados a los ahorros de toda una vida, a la construcción de casas, la división de terrenos, la obtención de préstamos, la transferencia de propiedad y el establecimiento de sus hogares.
Algunas personas llegan al amanecer solo para conseguir un número de turno. Otras se toman el día libre por temor a que, si llegan tarde, sus solicitudes sean rechazadas. Detrás de estas escenas aparentemente ordinarias, no se trata solo de un procedimiento, un mostrador de recepción, un software o números de turno. Se trata de una historia más amplia sobre la calidad del funcionamiento del sistema, sobre la brecha entre las políticas de reforma y las experiencias reales de la gente, y sobre una pregunta muy simple pero muy seria: en definitiva, ¿qué gana la gente cada vez que hablamos de reforma?
Afortunadamente, en algunos lugares, las colas virtuales, los procesos optimizados y la gestión ágil de documentos han contribuido a reducir las largas esperas. Sin embargo, esto también revela otra verdad: muchos problemas no son insuperables, sino que la clave está en si se identifican claramente, se consideran urgentes y si alguien asume la plena responsabilidad de resolverlos.
Una pequeña iniciativa, si surge de las dificultades de la gente, puede aliviar gran parte de su carga. Una reforma bien planificada puede devolverles el tiempo, la confianza y el respeto.
A partir de esa historia, comprendemos aún más profundamente el mensaje del Secretario General y Presidente To Lam en la primera reunión del Comité Directivo Central sobre el perfeccionamiento de las instituciones y la aplicación de las leyes: "No asignen tareas con eslóganes".

Esta es una declaración breve, pero de gran trascendencia. No se limita a una reunión, un programa de trabajo o un grupo de trabajo específico. Es un llamado a transformar la forma en que se ejercen el liderazgo, la gestión y la implementación en esta nueva era: las palabras deben coincidir con los hechos, las tareas deben estar vinculadas a los resultados, la rendición de cuentas debe estar ligada a los logros y las reformas deben ser visibles en la práctica.
No nos faltan eslóganes pegadizos. Hemos hablado mucho de una administración orientada al servicio, una gobernanza proactiva, la transformación digital, la reforma de los procedimientos administrativos y de poner a los ciudadanos y las empresas en el centro. Estos eslóganes son acertados, hermosos y necesarios. Pero si los ciudadanos aún tienen que hacer cola temprano por la mañana, si las empresas aún tienen que superar múltiples obstáculos burocráticos, si las mismas regulaciones se interpretan de manera diferente en distintos lugares, o si la publicación de documentos orientativos se demora, impidiendo la implementación de buenas políticas, entonces incluso los eslóganes más bonitos se vuelven lejanos. La reforma se queda entonces solo en el papel, mientras la vida sigue esperando.
"No asigne tareas basándose en eslóganes" es, por lo tanto, ante todo, un recordatorio de la honestidad en la práctica.
Seamos honestos con la gente, con las empresas, con la realidad y con los objetivos que nos hemos fijado. No podemos decir «acelerar las reformas» sin especificar qué procedimientos se están simplificando. No podemos decir «eliminar los obstáculos» sin identificar cuáles se han solucionado. No podemos decir «fortalecer la rendición de cuentas» sin saber quién es el responsable. No podemos seguir informando que los proyectos están «en investigación», «en implementación» o «en fase de finalización» mientras las oportunidades de desarrollo para la gente, las empresas y el país no pueden esperar indefinidamente.
En la gobernanza nacional moderna, el tiempo también es un recurso. Un día de retraso en la tramitación de documentos puede trastocar los planes de una familia. Un mes de retraso en la emisión de documentos rectores puede paralizar una política. Un año de retraso en la resolución de conflictos legales puede inmovilizar billones de dongs en recursos sociales. Estos retrasos no siempre son evidentes ni visibles de inmediato, pero erosionan silenciosamente la confianza, reducen la motivación para contribuir, desalientan a las empresas a invertir, generan temor a la responsabilidad en los funcionarios y desgastan a la población.
Por lo tanto, la reforma institucional no puede medirse por el número de conferencias celebradas, informes presentados o documentos redactados. Debe medirse por el progreso real: ¿se han simplificado los procedimientos, se han acortado los plazos de tramitación, se han reducido los costes, la situación es más favorable para los ciudadanos, las empresas tienen mayor confianza y los funcionarios tienen definidas con mayor claridad sus atribuciones y responsabilidades?
Una administración orientada al servicio no se define por los eslóganes que se exhiben frente a las oficinas, sino por las expresiones de alivio de los ciudadanos cuando sus solicitudes se tramitan a tiempo, por la confianza de las empresas cuando los procedimientos son transparentes y por la seguridad de los funcionarios cuando se atreven a hacer lo correcto por el bien común.
Situar la reforma de los procedimientos administrativos dentro del marco general de la reforma institucional.
El mensaje del Secretario General y Presidente To Lam también es profundo, ya que sitúa la reforma de los procedimientos administrativos dentro del marco general de la reforma institucional. Esto es muy importante.
Porque los procedimientos administrativos no se limitan a unos cuantos formularios, sellos o pasos en un proceso. Reflejan la concepción que el Estado tiene de su relación con los ciudadanos y las empresas. Si los procedimientos se diseñan con una mentalidad de desconfianza, aprobación previa excesiva y capas superpuestas, los ciudadanos y las empresas siempre se verán obligados a "preguntar". Si, por el contrario, se diseñan con una mentalidad orientada al servicio, con aprobación posterior basada en la gestión de riesgos, datos interconectados y una clara rendición de cuentas, los ciudadanos y las empresas se convertirán en participantes activos del desarrollo.
Más fundamentalmente, «no asignar tareas con eslóganes» es un llamado a combatir el formalismo en la implementación. La formalidad no se limita a informes extensos y superficiales. También implica hacer algo principalmente para demostrar que se ha hecho, asignar tareas sin que nadie asuma la responsabilidad total. La formalidad se manifiesta cuando los resultados se describen con frases vagas y el público no percibe ningún cambio. La formalidad se da cuando las reformas se limitan a cambiar nombres, organigramas e interfaces de software, pero los procesos, las formas de pensar y los métodos antiguos permanecen inalterados.
El país está entrando en una nueva fase de desarrollo, con enormes exigencias de crecimiento, transformación digital, transición ecológica, racionalización del aparato administrativo, descentralización y delegación de poder, construcción de un gobierno local de dos niveles y movilización de recursos sociales. En este contexto, no podemos permitir que los eslóganes sean lo primero mientras la realidad se queda atrás. Porque la aspiración a la fortaleza nacional no se construye solo con palabras vacías; requiere vías fluidas, procedimientos simplificados, leyes viables, políticas oportunas, funcionarios valientes y un sistema administrativo que mida su eficacia por la satisfacción de la ciudadanía.

Creo que la gente no espera grandes promesas. A menudo, solo quieren que sus solicitudes se tramiten a tiempo, que se respondan sus llamadas, que el portal de servicios públicos funcione correctamente, que los funcionarios proporcionen explicaciones claras, que las normativas no les exijan volver a presentar documentos que el Estado ya posee y que las políticas se publiquen con la orientación oportuna para que nadie tenga que esperar con incertidumbre. Estos detalles pueden parecer insignificantes, pero en conjunto contribuyen a la calidad de la institución. Y, en última instancia, la calidad de la institución es la calidad de la confianza.
Un país que aspire a progresar rápidamente debe contar con un sistema abierto y transparente. Para alcanzar grandes logros, necesita un sistema sostenible. Para avanzar junto a su gente, debe tener un sistema humano, orientado al servicio y que escuche a sus ciudadanos. Pero para que todo esto se convierta en realidad, debemos comenzar con una disciplina muy simple: cada tarea debe tener una persona que la realice, un plazo, un producto, una forma de medir su desempeño y rendición de cuentas hasta el final.
«No asignes tareas con eslóganes» es, por lo tanto, más que una simple orden administrativa. Es una declaración de una cultura de acción. Es un recordatorio de que todo documento legal debe tener como objetivo allanar el camino hacia el desarrollo; todo procedimiento simplificado debe aliviar la carga de los ciudadanos y las empresas; toda tarea asignada debe generar un cambio concreto; y todo líder debe ser capaz de responder a la pregunta: después de su trabajo, ¿de qué manera mejorará la vida?
Desde las imágenes de personas haciendo cola a primera hora de la mañana hasta el mensaje transmitido en una reunión crucial del Comité Central, existe una conexión muy clara: la reforma no comienza con cosas lejanas, sino con las luchas concretas de la gente.
Cuando los procedimientos se simplifican, las listas de espera se acortan, el papeleo se vuelve menos complejo y las políticas se implementan con menos demora, las instituciones dejan de ser meros conceptos en papel. Se convierten en el alma de la nación, la creencia del pueblo y el motor del desarrollo del país.
Y quizás, en esta nueva era, la medida más convincente de cualquier reforma no sea lo que dijimos, sino de qué se ha beneficiado la gente; no cuántas tareas asignamos, sino cuántas se han completado; no cuán fuerte resuenan los lemas, sino cuánto ha avanzado realmente la vida.
Fuente: https://vietnamnet.vn/khong-giao-viec-bang-khau-hieu-2528703.html









