Aunque han pasado los años, los recuerdos de mi infancia con mis padres y seres queridos permanecen vivos en mi mente. Mi infancia estuvo marcada por las dificultades; la buena comida y la ropa bonita eran difíciles de conseguir, pero a cambio, cada hogar estaba lleno de amor y risas.

Foto ilustrativa: TRINH XUAN LUC

Aún ahora, cada vez que recuerdo aquellos tiempos, sigo visualizando vívidamente aquellas comidas sencillas, aquellas tardes de verano jugando con amigos, aquellas noches de luna reunidas en el porche y la imagen de la gente genuina y bondadosa de mi pueblo. Estas cosas cotidianas, sin pretensiones ni ostentación, me han acompañado a lo largo de mi vida como parte indispensable de mis recuerdos.

Entre esos fragmentos de recuerdos, está la imagen de mi tío, un hombre amable y generoso con sus hijos y nietos. Todavía recuerdo cuánto quería a sus sobrinos, especialmente a mí, el niño enfermizo al que tenía que cuidar todo el día cuando mis padres no estaban. Aunque recorría decenas de kilómetros en bicicleta a diario para trabajar como obrero en una fábrica de bambú prensado, en cuanto llegaba a casa, siempre subía corriendo a ver si había comido o si necesitaba ayuda. Ahora, con su propia familia, cada vez que regresa a su pueblo natal, siempre prepara regalos típicos para que mi familia los lleve con nosotros.

Mi tío es un excelente cocinero, especialmente hábil para encurtir verduras como pepinos y berenjenas, que me encantan. Por eso, siempre que sabe que mi familia va a volver a casa, las prepara con antelación, y entre los regalos que le traigo de casa, siempre incluye con mucho cuidado estas delicias de mi tierra para que pueda satisfacer mi nostalgia por los sabores familiares del pasado.

Desde que mi padre falleció, mi tío ha sido como un padre para mí. Al crecer y mudarnos lejos de casa, cada uno de nosotros tiene su propia vida, pero mi tío ha permanecido igual a lo largo de los años, siempre queriéndome incondicionalmente, siempre deseando que tenga la mejor vida posible, con más paz y menos preocupaciones.

Cuando las presiones de la vida nos agobian, a menudo anhelamos regresar a ese lugar apacible del pasado, donde el amor de la familia y los seres queridos es infinito. La gente del campo es honesta y sencilla; aunque no posean riquezas materiales, su afecto sincero siempre conmueve hasta las lágrimas.

Cada vez que dejo la tranquilidad del campo para regresar a la bulliciosa ciudad, el equipaje que llevo conmigo es el cariño de mis seres queridos en casa, incluyendo a mi tío, que ha permanecido sencillo y humilde durante tantos años, y los modestos regalos del campo que encierran sentimientos tan cálidos y sinceros...

    Fuente: https://www.qdnd.vn/van-hoa/van-hoc-nghe-thuat/moc-mac-nguoi-que-1039815