
Caricatura: TOSO BORKOVIC
Se prevé que la cumbre de la OTAN de 2026 deje de ser un foro para debatir y negociar sobre quién invertirá más en la protección de Europa. En su intervención en la Reunión de Líderes Parlamentarios de la OTAN, celebrada el 29 de junio en Estambul, el presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, Marcos Perestrello, destacó que la construcción de una OTAN fuerte depende no solo de un mayor gasto en defensa, sino también de estrategias de inversión inteligentes y de la implementación coordinada de las prioridades de seguridad de la alianza. Sin embargo, mientras Estados Unidos y sus aliados europeos siguen debatiendo sobre cómo equilibrar las cargas presupuestarias con las responsabilidades de seguridad, la vicesecretaria general de la OTAN, Radmila Shekerinska, instó a los miembros a demostrar su compromiso y disposición, con planes concretos para alcanzar un objetivo de gasto en defensa equivalente al 5 % del PIB.
Según funcionarios de la OTAN, la agenda de la Cumbre de Ankara se centró en un plan de acción concreto para aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB para 2035; el objetivo era reconfigurar las relaciones entre Estados Unidos y Europa en el contexto del ajuste de la magnitud de las contribuciones financieras estadounidenses y la retirada de tropas, lo que obligaría a los aliados europeos a aumentar su autonomía, mejorar sus capacidades de defensa y compartir los recursos financieros de forma más equitativa. La cumbre también abordó los compromisos de ayuda y las futuras relaciones con Ucrania , los nuevos desafíos de seguridad en Oriente Medio y el ajuste del modelo de fuerzas de la OTAN para responder con rapidez a posibles crisis.
La cumbre de 2026 se celebra en un contexto de numerosos desafíos para la OTAN, en particular desacuerdos sobre el reparto de la carga, las relaciones con Rusia y las prioridades en Oriente Medio, lo que pone de manifiesto divisiones internas e incluso plantea dudas sobre la cohesión a largo plazo de la alianza. Mientras tanto, las relaciones entre Estados Unidos y Europa atraviesan su punto más tenso y complejo desde la Segunda Guerra Mundial. Los principales puntos de fricción no se limitan a los debates diplomáticos habituales, sino que han derivado profundamente hacia la propia naturaleza de la estructura de seguridad y la autonomía.
Los principales puntos de fricción son la reducción del papel de Estados Unidos como garante de la seguridad y los desacuerdos sobre Ucrania. Al implementar una estrategia de reducción gradual de su presencia militar directa en Europa para redirigir recursos a la región del Indo-Pacífico y a la seguridad interna, Estados Unidos ha disminuido significativamente sus activos estratégicos, lo que ha supuesto un duro golpe para el sistema de defensa europeo. En cuanto a la crisis de Ucrania, mientras Europa considera a Rusia una "amenaza existencial directa" y se esfuerza por apoyar la defensa de la integridad territorial de Ucrania, Estados Unidos exige que Ucrania acepte un acuerdo de paz conciliador, dejando abierta la posibilidad de normalizar las relaciones económicas con Rusia. Esto ha erosionado la confianza de Europa en su compromiso con la defensa colectiva, según lo estipulado en el Artículo 5 del Tratado de la OTAN.
Además de ejercer presión y exigir una parte de la carga financiera, Estados Unidos también busca transferir por completo las responsabilidades de defensa convencional a Europa. Los países europeos se esfuerzan por alcanzar un presupuesto de defensa del 5% del PIB para 2035, pero muchos enfrentan dificultades presupuestarias nacionales debido a la crisis. Sin embargo, han surgido discrepancias respecto a la postura proteccionista de Estados Unidos en la industria de defensa. La Unión Europea (UE) promueve su iniciativa Preparación 2030, que prioriza la adquisición de armamento nacional para fomentar la autosuficiencia estratégica y desarrollar empresas de defensa europeas. Estados Unidos, por su parte, busca impedirlo para proteger la enorme cuota de mercado de los contratistas militares estadounidenses en Europa.
Ambas partes también debatieron acaloradamente sobre los miles de millones de dólares en préstamos a Ucrania, discutiendo si el dinero debía destinarse a la compra de armamento estadounidense o europeo. Las políticas unilaterales de Estados Unidos, como las relativas a Groenlandia y sus aranceles, también impulsaron la confrontación económica entre ambas partes, lo que derivó en medidas de represalia recíprocas.
Las crecientes discrepancias entre Estados Unidos y Europa están difuminando los límites de la alianza transatlántica, lo que supone un importante desafío para los esfuerzos por construir un modelo de "OTAN 3.0". Este objetivo marca el tercer cambio en la historia de la alianza militar transatlántica tras dos períodos de reestructuración: la era de la Guerra Fría (1949-1991), que se centró por completo en la disuasión y la defensa colectiva, y la era posterior a la Guerra Fría (1991-2020), que se orientó hacia la gestión de crisis.
La versión "OTAN 3.0" busca un cambio radical en el funcionamiento de la alianza en tres dimensiones: Primero, una reconfiguración de las fuerzas de primera línea, con Europa como principal responsable de la defensa y Estados Unidos desempeñando un papel fundamental en la disuasión nuclear y el apoyo logístico estratégico. Segundo, una "revolución presupuestaria", con un umbral del 5% del PIB, imponiendo así normas financieras más estrictas. Finalmente, una ampliación del concepto de "defensa integral", que abarque no solo la defensa tradicional, sino también la ciberseguridad, la energía y la cadena de suministro de la industria de defensa.
Según Nhandan.vn
Fuente: https://baoangiang.com.vn/muc-tieu-dinh-hinh-nato-3-0--a491297.html








