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Si su hijo no llega al décimo grado.

Con la llegada de junio, las primeras lluvias de la temporada cayeron repentinamente sobre el patio de la escuela. Las últimas flores del árbol de fuego se tiñeron de un rojo intenso, como una despedida apresurada. Afuera, los letreros de la cuenta regresiva para el examen de ingreso a décimo grado habían sido retirados, pero la presión del examen seguía siendo evidente en los ojos de muchos padres y estudiantes.

Báo Hưng YênBáo Hưng Yên30/05/2026

Una vez me impactó profundamente la imagen de un joven estudiante llegando a una escuela secundaria pública para recibir los resultados de su examen de ingreso. El niño, acurrucado en un banco de piedra, aferraba con fuerza la hoja de calificaciones arrugada. No lloró, solo bajó la cabeza, pero ese silencio me atormentó. Sus ojos no lloraban a gritos, pero estaban rojos e hinchados por haber reprobado el décimo grado. Jamás olvidaré las palabras que susurró: "¡Tengo miedo de volver a casa!".

Un examen puede determinar dónde estudiará un niño durante los próximos tres años, pero no puede determinar en qué tipo de persona se convertirá. Por lo tanto, reprobar el examen de ingreso al décimo grado no significa que la puerta al futuro esté cerrada. Algunas personas florecen pronto, mientras que otras tienen que pasar por varias etapas de éxito antes de encontrar su propia luz. Lo que los niños más necesitan durante esos momentos de incertidumbre no es reproche ni comparación, sino un cálido abrazo que les haga saber que, sin importar el resultado, siempre merecen ser amados. Porque, en última instancia, el mayor objetivo de la educación no es formar niños que solo persigan calificaciones, sino cultivar individuos que sepan vivir con bondad, superar la adversidad y no perder la fe en sí mismos tras un revés.

Un día, las calificaciones se desvanecerán con el tiempo, y la presión de los exámenes de ingreso al décimo grado desaparecerá poco a poco. Pero algo permanecerá con ellos para siempre: el recuerdo de cómo los adultos los apoyaron en sus momentos más difíciles. Una palabra de aliento puede devolverles la confianza. Un abrazo puede reconfortar a un joven agobiado por la presión, y una mirada cariñosa a veces basta para liberar a un alma joven del sentimiento de fracaso.

Si, por desgracia, su hijo no logra entrar al décimo grado, no se entristezca ni lo culpe. Porque tras esa puerta aparentemente cerrada, la vida aún ofrece muchos caminos. Mientras su hijo sea amado, confíe en él y tenga el valor de levantarse, cada caída a los quince años se convertirá con el tiempo en una valiosa lección de crecimiento. Y quién sabe, muchos años después, ese verano lleno de lágrimas podría ser el comienzo de otro hermoso viaje en la vida de su hijo.

Vu Hue

Fuente: https://baohungyen.vn/neu-con-buoc-hut-vao-lop-10-3195671.html


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