Una pequeña parte de estos estudiantes son inscritos por sus familias en universidades internacionales o en programas de formación conjunta entre universidades vietnamitas y extranjeras. Otros viajan al extranjero para cursar estudios propiamente dichos, y otros más optan por la formación profesional porque consideran que les conviene.
Una gran parte de la población restante no puede costearse la educación universitaria debido a las bajas tasas de matrícula. Muchos de ellos poseen talentos y habilidades vocacionales que, con la formación adecuada, podrían convertirlos en trabajadores cualificados y técnicos capaces de ganarse la vida. Se les puede clasificar como un grupo desfavorecido, que necesita el apoyo de las autoridades y la comunidad para alcanzar sus metas y desarrollar sus carreras profesionales.
La formación profesional se considera de alta calidad cuando cumple dos criterios: la profesión que se imparte debe ser real, existente y con demanda; y la institución de formación profesional debe estar bien equipada y contar con un equipo de docentes cualificados y comprometidos. El Estado, a través de sus organismos pertinentes, debe realizar de forma proactiva una investigación exhaustiva sobre las tendencias ocupacionales predominantes, adaptando así la formación profesional en consecuencia.
Sobre la base de esta evaluación, el Estado alienta a las instituciones de formación profesional a revisar periódicamente sus programas de formación, implementando así las reformas adecuadas en el sistema de formación: modificando los programas existentes para satisfacer las nuevas demandas laborales; cerrando los programas que ya no ofrecen perspectivas profesionales prometedoras; y desarrollando nuevos programas que correspondan a las profesiones emergentes.
Para incentivar a las instituciones de formación profesional a modernizar rápidamente sus sistemas de capacitación, se podría considerar la creación de un fondo de financiación para la formación profesional y solicitar a estas instituciones que desarrollen proyectos innovadores basados en criterios específicos y se comprometan a utilizar la financiación para implementar los proyectos aprobados. El criterio número 1 debería ser: la formación profesional debe conducir al empleo, no solo a la adquisición de conocimientos o a la formación continua.
Para los aprendices de formación profesional, el Estado puede proporcionar préstamos a través del Banco de Política Social con tipos de interés preferenciales y condiciones de reembolso viables, de modo que los aprendices puedan cubrir sus gastos de estudio y devolver el préstamo después de graduarse y encontrar empleo sin enfrentarse a una presión significativa.
Una parte importante de quienes necesitan formación profesional reside en zonas rurales y remotas. Los desafíos que enfrentan las instituciones de formación profesional, especialmente las privadas, para aprovechar este segmento de mercado son innegables: los costos de inversión pueden ser elevados debido a la necesidad de ubicar centros de formación en zonas remotas; los estudiantes de zonas rurales y remotas tienen menor capacidad adquisitiva que los de zonas urbanas; y la calidad de los estudiantes que ingresan es baja, lo que exige el diseño de programas y métodos de enseñanza específicos para alcanzar los estándares de desempeño deseados.
El gobierno también necesita políticas de apoyo especiales para alentar a las instituciones de formación profesional a asumir con valentía la tarea de atender a estos estudiantes con necesidades especiales. Es fundamental una estrecha colaboración entre las instituciones de formación y las empresas para garantizar que los estudiantes tengan un empleo estable tras su graduación.
Por su parte, los aprendices deben comprometerse a trabajar en la empresa afiliada designada durante un período mínimo, conocido como período obligatorio, antes de poder buscar empleo.
Según el periódico Tuoi Tre
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