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El 2 de noviembre, el primer ministro japonés, Fumio Kishida, anunció que el gobierno japonés gastaría más de 17 billones de yenes (113.000 millones de dólares estadounidenses) en un paquete económico destinado a mitigar los efectos de la creciente inflación.
Según Reuters, Kishida afirmó que los 17 billones de yenes incluyen recortes temporales en los impuestos sobre la renta y los hogares, así como subsidios para la gasolina y los servicios públicos. La inflación, debida en parte al aumento de los costos de las materias primas, ha superado el objetivo del 2% del Banco de Japón durante más de un año, lo que ejerce presión sobre el consumo y reduce las perspectivas de recuperación tras la pandemia de COVID-19.
Se cree que el aumento del costo de vida es en parte la razón del descenso en la popularidad de Kishida, lo que presiona al primer ministro a tomar medidas para aliviar la carga de las familias. Dado que los aumentos salariales son demasiado lentos para compensar la subida de precios, Kishida afirmó que el gobierno mitigaría el impacto devolviendo una parte de los impuestos a los hogares.
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