En la misión Artemis II, la NASA está desplegando tecnologías de vanguardia para proteger a la tripulación de las tormentas solares y la radiación espacial.
Los peligros de la radiación en el espacio exterior.
Las condiciones meteorológicas extremas en el espacio pueden ser mortales. Por ejemplo, en octubre de 1989, una erupción solar masiva liberó un flujo de protones de alta energía que duró varios días. Desde el refugio del transbordador espacial Atlantis, los astronautas presenciaron destellos de luz tan cegadores que no podían abrir los ojos. Posteriormente, los investigadores estimaron que si una tripulación se encontrara fuera de la zona de protección del campo magnético terrestre, podría correr riesgos fatales.
Este suceso alertó a la industria de la ciencia espacial sobre los peligros del clima espacial, como las tormentas solares, la radiación y los flujos de partículas de alta energía.
Con la misión Artemis II, por primera vez en décadas, la humanidad se aventurará más allá del escudo protector del campo magnético terrestre, donde estos riesgos son más graves que nunca. Sin embargo, tras años de investigación, los científicos han desarrollado soluciones para mitigar estas amenazas.
Durante su viaje de la Tierra a la Luna, la nave espacial Orión se enfrentó a tres fuentes principales de radiación, cada una de las cuales era capaz de causar graves daños al cuerpo humano.
En primer lugar, están las partículas atrapadas en los cinturones de Van Allen, dos zonas de radiación con forma de rosquilla que rodean la Tierra y que contienen protones y electrones de alta energía. A pesar del peligro, la tripulación de Artemis II solo atravesó esta zona durante un breve periodo, lo que limitó su nivel de exposición.
La segunda amenaza proviene de los rayos cósmicos galácticos. Se trata de partículas extremadamente energéticas que viajan a velocidades cercanas a la de la luz y se originan en explosiones estelares distantes. Lo preocupante es que, al impactar contra la nave espacial, estas partículas desencadenan reacciones secundarias que liberan partículas aún más pequeñas. Estas partículas son invisibles a simple vista y pueden penetrar fácilmente los trajes de los astronautas.
La tercera fuente de peligro son los eventos de partículas de alta energía provenientes del Sol, como las tormentas solares y las eyecciones de masa coronal. Estos fenómenos ocurren con mayor frecuencia durante períodos de intensa actividad solar.
Al igual que los fenómenos meteorológicos extremos en la Tierra, las tormentas ocurren de forma aleatoria. Los científicos pueden predecir cuándo se acumula energía en las regiones activas del Sol basándose en las manchas solares y otros datos. Sin embargo, es imposible predecir con precisión cuándo tocará tierra una tormenta.
La única forma de minimizar los daños es viajar durante períodos de intensa actividad solar, ya que el flujo de partículas cargadas expulsadas por la estrella crea una capa protectora, similar al campo magnético de la Tierra, que protege a la tripulación de la amenaza.

Tecnología y estrategias para proteger a los astronautas
Para contrarrestar estas amenazas, la NASA diseñó la nave espacial Orión como un "escudo móvil" para la tripulación de Artemis II. En la misión Artemis I, la nave transportaba sensores de radiación que proporcionaron datos cruciales para mejorar el diseño y la estrategia de protección.
Una mejora notable es el refugio antitormentas. Esta zona, ubicada en el interior de la nave espacial, está especialmente reforzada para minimizar el impacto de la radiación en caso de un evento peligroso. Al recibir una alerta de los sistemas de monitoreo, los astronautas se trasladarán rápidamente a esta zona, utilizando materiales adicionales disponibles, como bolsas, para reforzar su protección.
Además, los sistemas de monitoreo del clima espacial desempeñan un papel crucial. La NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) operan numerosos satélites, como DSCOVR, ubicado a aproximadamente 1,6 millones de kilómetros del Sol, capaz de proporcionar alertas con entre 15 y 60 minutos de anticipación a la llegada de tormentas cerca de la Tierra. Más recientemente, se han desplegado satélites más modernos, como IMAP, Carruthers y SOLAR-1, que permiten el monitoreo continuo de la actividad solar y mejoran la precisión de los pronósticos.
Gracias a un sistema de alerta temprana, el centro de control dispone de un breve lapso de tiempo para determinar la gravedad de la tormenta. Si el pronóstico indica que los astronautas podrían estar en peligro, se les ordenará trasladarse al refugio antitormentas de la nave espacial Orión.
Sin embargo, dado que una tormenta solar puede durar días, las paredes y el casco de la nave espacial están hechos de aluminio y polietileno para absorber parte de la radiación.
Sin embargo, predecir con precisión el momento de las tormentas solares sigue siendo un gran desafío. Los científicos solo pueden identificar zonas de actividad potencialmente de alto riesgo basándose en datos como las manchas solares y los patrones del campo magnético. Las erupciones siguen siendo aleatorias, lo que exige que los sistemas de alerta y respuesta rápida estén siempre listos.
En caso de emergencia, los astronautas no solo deben confiar en los diseños existentes, sino también ser adaptables. Pueden crear "fortalezas temporales" utilizando cualquier material disponible a bordo para mejorar su protección.
Fuente: https://giaoducthoidai.vn/phi-hanh-doan-artemis-chong-choi-voi-bao-mat-troi-the-nao-post778020.html










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