Es fácil reconocer las faltas de los demás, pero es muy difícil reflexionar sobre uno mismo. La pregunta "¿Deberíamos corregirnos a nosotros mismos o a los demás?" no es, por lo tanto, solo una decisión moral, sino una orientación fundamental en la forma en que las personas afrontan el sufrimiento.

Corregir a los demás parece más fácil porque nos da la sensación de tener razón, de estar en posición de juzgar. Señalar las faltas de los demás refuerza nuestro ego y evitamos temporalmente afrontar nuestras propias imperfecciones. Pero cuanto más intentamos corregir a los demás, más impotentes nos volvemos. Cada uno tiene su propio mundo interior, sus propios hábitos y su propio karma. Nadie puede cambiar con órdenes, críticas ni imposiciones. Intentar corregir a los demás a menudo conduce a discusiones, resentimiento y ruptura de relaciones porque la persona corregida se siente rechazada e irrespetada.
La superación personal es diferente. Es un camino más difícil, pero más práctico. Cuando nos centramos en la superación personal, ya no malgastamos energía controlando lo que escapa a nuestro control, sino que nos centramos en lo que sí podemos controlar: nuestro propio cuerpo, habla y mente. La superación personal no se trata de culparse ni de tener complejos de inferioridad, sino de la capacidad de reconocer reacciones mentales negativas como la ira, la terquedad y la competitividad, y transformarlas gradualmente. Cuando una persona cambia desde dentro, su habla, comportamiento y presencia cambian en consecuencia, y esto influye naturalmente en los demás.
En las enseñanzas budistas, Buda enseñó que cada persona es dueña de su propio karma. Nadie puede practicar la virtud, alcanzar la iluminación ni asumir las consecuencias de los demás. Por lo tanto, la superación personal es el camino según la ley de causa y efecto. Cuando sembramos buenas semillas en nuestro interior, los buenos frutos aparecerán primero en nuestro corazón: paz, tranquilidad y menos conflictos. A partir de ahí, nuestro entorno cambiará gradualmente.
La paradoja es que cuando dejamos de intentar arreglar a los demás, la relación tiene la oportunidad de sanar. Una persona que sabe escuchar, reconocer sus errores y adaptarse a menudo incita a la otra persona a reflexionar sobre sí misma. El cambio no se produce por presión, sino por estímulo. No por consejos, sino por un estilo de vida. Ese es el poder silencioso de la superación personal.
Sin embargo, la superación personal no significa aceptar o ignorar pasivamente todas las faltas. Hay situaciones en las que se necesita la crítica constructiva, donde los límites deben estar claramente definidos y se debe defender lo correcto. Pero a diferencia de "corregir a los demás" mediante el juicio, la crítica constructiva que surge de un pensamiento claro y buenas intenciones no genera resentimiento. Cuando la mente está en calma, las palabras serán menos hirientes y el oyente será más receptivo.
La pregunta "¿Deberíamos mejorarnos a nosotros mismos o a los demás?" no requiere una respuesta extrema. Pero si tuviéramos que elegir un punto de partida, siempre sería la autosuperación. Porque solo cuando cambiamos nuestra perspectiva, nuestra forma de pensar y nuestra forma de vivir, el mundo que nos rodea tiene la oportunidad de cambiar. Mejorar a los demás significa intentar controlar las circunstancias externas. Mejorarnos a nosotros mismos significa aprender a dominar nuestro yo interior. Y en el camino hacia una vida en paz, el segundo camino, aunque más lento, es mucho más sostenible.
Fuente: https://baophapluat.vn/sua-minh-hay-sua-nguoi.html






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