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Ensayo: La temporada de llamadas

QTO - Diciembre siempre llega de improviso, cuando la gente aún está ocupada contando sus tareas pendientes, sin darse cuenta de que las páginas del calendario ya están más de la mitad vacías. El frío ya no es una señal de alerta, sino una visita silenciosa, colándose por las rendijas de las puertas viejas, envolviéndose en la ropa, el cabello y los rincones más vulnerables del alma.

Báo Quảng TrịBáo Quảng Trị05/01/2026

Diciembre no tiene por qué ser ruidoso; es como una nota profunda y silenciosa, suficiente para recordarnos que otro ciclo de la Tierra está a punto de terminar. Es hora de hacer una pausa, reflexionar y apreciar incluso las cosas más familiares. Diciembre llega suavemente, como un mensaje susurrado: ¡Vuelve a casa!

En el último mes del año, en lo más profundo de los corazones de las personas, se agitan recuerdos primarios y puros, tan frescos como el rocío de la mañana.

Recuerdo los pobres campos del campo cuando el agua apenas cubría el rastrojo, donde las delgadas garcetas vadeaban la dulce y fría niebla vespertina. Recuerdo seguir a otros a los campos para desherbar el maíz, con las hojas secas quemándome las manos, pero mi corazón se llenaba de alegría como si estuviera tocando toda una infancia despreocupada. ¿Y cómo puedo olvidar aquellas tardes corriendo por los ventosos arrozales, con el gélido viento del norte barriendo todas las preocupaciones, descalzo sobre la hierba seca, sintiendo una alegría vibrante e inocente que no se puede describir?

Una esquina de la calle en invierno - Foto: H.H.
Una esquina de la calle en invierno - Foto: HH

Fue el frío cortante de ese invierno lo que forjó una fuerza interior, una gratitud infinita por los valores simples que nos nutrieron hasta donde estamos hoy.

Diciembre también es la época del hogar, donde el calor familiar se reúne en la luz más suave y duradera. Qué cálida puede ser una cena de invierno, incluso si se trata de una simple olla de arroz al vapor que mamá prometió cocinar al mediodía, o un manojo de espinacas de agua frescas y verdes recogidas con prisa de los arrozales. El olor a humo de la cocina se mezclaba con el aroma de la comida sencilla, el sonido de la risa cordial del abuelo provocando a los niños que competían por un dulce... Son estas pequeñas cosas las que se convierten en recuerdos preciados, anclas que nos protegen de las tormentas de la vida.

En el frío, al pasar las páginas de nuestros recuerdos, sentimos aún más cariño por nuestros padres y madres, esas personas trabajadoras y manchadas de barro que se mantuvieron gentiles y resilientes como la tierra y la cosecha. Nos enseñaron lecciones de responsabilidad y amor tácito.

Algunos diciembres en la edad adulta pasan volando, como el ciclo incesante del trabajo. Perseguimos metas brillantes, sin darnos cuenta, olvidando lo más preciado. Nos damos cuenta de que le debemos a nuestro pobre pueblo, a nuestros padres, un regreso a casa, y le debemos una disculpa a nuestra infancia.

Diciembre no es solo el último mes del año. Es una época de serena reflexión, un tiempo que nos impulsa a hacer una pausa y encontrar consuelo para el alma, incluso mientras las calles siguen con su bullicio. En medio del ritmo acelerado de la vida, todos necesitamos un refugio: quizás el hogar donde nuestra madre aún enciende el fuego para preparar las comidas, o simplemente una larga tarde contemplando el cielo familiar, redescubriendo recuerdos olvidados.

Diciembre. La época del reencuentro. Un llamado a las personas a regresar a las cosas más simples y genuinas de la vida. Y a veces, un regreso tan completo como ese basta para cerrar el año y traer paz al corazón.

Duong Linh

Fuente: https://baoquangtri.vn/van-hoa/202601/tan-van-mua-goi-ve-3271bd9/


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