Todos guardamos recuerdos de nuestros profesores. Pueden ser su dedicación en las clases, la mirada de orgullo en sus ojos cuando obteníamos buenos resultados, la sonrisa alentadora cuando nos equivocábamos o, a veces, la estricta amonestación que nos ayudaba a mejorar. Para mí, ese recuerdo especial es la primera vez que saqué un 9 en Matemáticas, una nota que creía imposible.
Tras terminar el décimo grado en mi ciudad natal, me mudé con mi familia al sur y continué mis estudios en el undécimo y duodécimo grado en una escuela de la ciudad. El nuevo entorno, los nuevos profesores, los nuevos amigos… todo me generaba ansiedad. Pero lo que más me preocupaba eran las asignaturas de ciencias, especialmente matemáticas, una materia en la que prácticamente no tenía conocimientos básicos y no sabía por dónde empezar. Entonces, la suerte me sonrió cuando conocí a la Sra. Thao.
El año en que me matriculé fue también el año en que ella se graduó, y le asignaron la enseñanza de matemáticas en esa escuela, incluyendo mi clase de 11.º grado (A8). Muchos pensaban que una maestra joven se desanimaría fácilmente con nuestra clase traviesa. Pero fue todo lo contrario. Ella no solo aportó sólidos conocimientos a la clase, sino también entusiasmo, meticulosidad y una actitud profesional que cautivó a todos. Durante sus clases de matemáticas, todos escuchaban con atención; incluso los alumnos más traviesos se concentraban mejor.
Nunca me habían fascinado tanto las matemáticas. Antes, la clase de matemáticas era una pesadilla porque no entendía nada, pero ahora estoy completamente absorto en sus clases. Estoy empezando a memorizar teoremas y definiciones, y a explorar fórmulas especiales, cosas que antes creía imposibles de comprender. Gracias a su estilo de enseñanza, problemas que parecían imposibles de repente se volvieron claros. Y entonces, sucedió algo que no esperaba: resolví un problema de geometría espacial y obtuve 9 puntos en matemáticas.
Para muchos, esa nota no tenía mayor importancia. Pero para mí, que antes me aterrorizaba cada vez que iba a clase de matemáticas, fue un punto de inflexión. Ese examen se convirtió en una gran fuente de motivación, ayudándome a superar gradualmente mis inseguridades. Me di cuenta de que, con la orientación adecuada y mucho esfuerzo, podemos lograr lo que antes creíamos imposible. Gané confianza, no solo en mis estudios, sino también en mis decisiones futuras. Hasta el día de hoy, sus enseñanzas, su generosidad y su aliento se han convertido en recursos invaluables que me han acompañado a lo largo de mi vida.
Este noviembre, con la llegada de los primeros vientos fríos, la recuerdo: aquella que transformó mi vida escolar. Ya no da clases, pero la huella que dejó jamás se borrará. En estos momentos tan especiales, solo puedo expresar mi más sincera gratitud: gracias por creer en mí, por darme fuerzas cuando pensaba que no podía más. Que siempre encuentre paz y felicidad en el camino que eligió.
Huyen Minh
Fuente: https://baodongnai.com.vn/van-hoa/dieu-gian-di/202511/thang-11-toi-nho-ve-co-32211df/






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