En realidad, los productos falsificados no se limitan a unos pocos artículos de consumo comunes, sino que se han generalizado en la producción de alimentos, productos farmacéuticos, cosméticos, insumos agrícolas , componentes electrónicos y más. Los productos falsificados perjudican directamente la salud pública, distorsionan el entorno competitivo y socavan la confianza del mercado; por ejemplo, una pastilla falsificada puede poner en peligro la vida de un paciente, y un fertilizante falsificado puede provocar que los agricultores pierdan toda su cosecha.
El Ministerio de Industria y Comercio está elaborando un proyecto de ley para enmendar y complementar varios artículos de la Ley de Comercio, la Ley de Competencia, la Ley de Gestión del Comercio Exterior y la Ley de Protección de los Derechos del Consumidor. En particular, el Ministerio propone establecer un reglamento que defina qué constituye "producto falsificado" en la Ley de Comercio, con el fin de crear una sólida base jurídica y reforzar la eficacia de la lucha contra la producción y el comercio de productos falsificados, así como para proteger los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos y las empresas.
Las enmiendas y adiciones del borrador también muestran un enfoque más claro: la lucha contra los productos falsificados no es solo una cuestión de mera gestión del mercado, sino también una exigencia para proteger los intereses públicos, la seguridad y la salud y la seguridad de las personas.
Desde una perspectiva macroeconómica , los productos falsificados reducen la eficiencia de la inversión, merman el impulso innovador de las empresas legítimas y generan un entorno empresarial menos transparente. En el contexto del objetivo de Vietnam de lograr un alto crecimiento, centrado en la calidad y la sostenibilidad, la persistencia de los productos falsificados se convertirá en un obstáculo importante para la competitividad nacional.
Sin embargo, reforzar la disciplina del mercado no implica crear más "barreras administrativas" incontroladas. Lo importante es que las medidas se diseñen con una autoridad clara, procedimientos transparentes y rendición de cuentas por parte de los organismos ejecutores. Las inspecciones deben ser específicas y las sanciones justas, evitando situaciones en las que se trate con dureza a los débiles y con indulgencia a los fuertes, o en las que las herramientas de gestión se conviertan en una carga para las empresas que cumplen con la ley.
Este espíritu también concuerda con los requisitos establecidos en el documento del 14.º Congreso del Partido: un cambio radical de la mera formulación de políticas a la organización de su implementación, superando la situación en la que se elaboran políticas correctas pero su aplicación es ineficaz. En cuanto a la lucha contra la falsificación, lo que la ciudadanía y las empresas esperan no son más eslóganes, sino cambios concretos: que se reduzca la falsificación, que el mercado sea más transparente y que los consumidores estén mejor protegidos.
Para que la lucha contra los productos falsificados sea más eficaz, muchos expertos consideran que los consumidores deben ocupar un lugar central. Proteger los derechos del consumidor no se limita a castigar las infracciones, sino que también implica proporcionar información completa, fortalecer la capacidad de autoprotección y crear las condiciones necesarias para que los consumidores participen en la vigilancia del mercado. De esta forma, los productos falsificados tendrán pocas posibilidades de proliferar.
Es hora de abordar el problema de los productos falsificados mediante un marco institucional coordinado, leyes sólidas y acciones concretas. Cuando se implemente la ley y se refuerce la disciplina a través de una legislación estricta y acciones consistentes, el mercado se convertirá en un espacio verdaderamente seguro para ciudadanos y empresas, impulsando así el desarrollo sostenible.
Fuente: https://www.sggp.org.vn/the-che-manh-cung-hanh-dong-thuc-chat-post836028.html






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