Si se cumplen las predicciones actuales, esto será mucho más que un simple fenómeno meteorológico. El Niño podría convertirse en una prueba crucial para la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la resiliencia de muchas naciones ya vulnerables a la guerra, la deuda pública y el cambio climático.

El 11 de junio, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente el regreso de El Niño. Según las previsiones de numerosos centros climáticos de todo el mundo , las temperaturas de la superficie del mar en la región del Pacífico ecuatorial podrían ser entre 2,5 y más de 3 grados Celsius superiores a la media en los próximos meses.
Si eso ocurre, sería el fenómeno de El Niño más intenso en al menos 75 años, superando el récord establecido durante el período 1982-1983.
El Niño es un fenómeno climático natural que se produce cuando cambian los patrones de viento sobre el océano Pacífico, lo que provoca la acumulación de una masa de agua de mar inusualmente cálida. Si bien no es una causa directa del cambio climático, El Niño puede amplificar el calentamiento global provocado por el ser humano.
La historia demuestra que cada episodio intenso de El Niño tiene consecuencias de gran alcance.
El fenómeno de El Niño de 1997-1998 convirtió a 1998 en el año más caluroso registrado hasta entonces. Un escenario similar se repitió tras el período de El Niño de 2015-2016, con temperaturas globales que continuaron batiendo récords.
Actualmente, 2024 ostenta el récord del año más caluroso jamás registrado, con temperaturas medias globales aproximadamente 1,6 grados Celsius superiores a los niveles preindustriales. Muchos modelos climáticos sugieren que 2027 podría establecer un nuevo récord.
Sin embargo, el aumento de las temperaturas es solo una parte del problema.
Lo que más preocupa a los expertos es que El Niño suele ir acompañado de alteraciones en los patrones climáticos a escala global. Se pueden producir sequías severas en un lugar mientras que en otro se registran lluvias torrenciales e inundaciones. Estos cambios abruptos en las precipitaciones y la temperatura suelen afectar directamente a la producción agrícola , los recursos hídricos y el sustento de millones de personas.
Los anteriores fenómenos de El Niño han causado daños devastadores en África Oriental, África Meridional, Centroamérica y Oceanía. Las sequías prolongadas han provocado malas cosechas, pastos estériles y escasez de alimentos para millones de personas.
Las Naciones Unidas consideran que estas zonas siguen siendo focos de riesgo en este ciclo de El Niño.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el sur de África y la región del Sahel —una franja semiárida al sur del desierto del Sahara— son particularmente vulnerables. El fenómeno de El Niño de 2023-2024, si bien fue de intensidad moderada, con temperaturas de la superficie del mar aproximadamente 1,5 °C superiores a lo normal, contribuyó a la sequía más severa que ha sufrido el sur de África en más de un siglo.
En Somalia, la FAO advierte que el país podría enfrentarse a un doble escenario: una sequía prolongada que se extienda hasta octubre, seguida de fuertes lluvias a finales de año. Sin embargo, las lluvias intensas tras un largo periodo de sequía no siempre son una buena noticia. El suelo endurecido dificulta la infiltración del agua, lo que aumenta el riesgo de inundaciones repentinas.
Más allá de África, se prevé que muchas zonas de Centroamérica, el Caribe y Asia también sufran escasez de agua en los próximos meses.
Lo preocupante es que El Niño está surgiendo en un momento en que el mundo se ha vuelto mucho más frágil que en ciclos anteriores.
Muchos de los países más vulnerables aún se enfrentan a la guerra, la inestabilidad política y las crisis alimentarias. La guerra con Irán y la reciente interrupción del estrecho de Ormuz han afectado el suministro mundial de fertilizantes, aumentando la presión sobre la producción agrícola en muchas regiones.
La Comisión Europea ha advertido del riesgo de una crisis humanitaria en varios países, entre ellos Sudán, Somalia, Sudán del Sur, Chad, Ecuador, Venezuela y Haití, si los impactos del cambio climático siguen agravando las dificultades ya existentes.
Por supuesto, el mundo no está completamente indefenso ante El Niño. Medidas como el uso de cultivos resistentes a la sequía, la conservación del agua, el almacenamiento de alimento para animales y la construcción de sistemas de alerta temprana han demostrado ser eficaces a lo largo de los años.
Sin embargo, la experiencia de ciclos anteriores de El Niño demuestra que actuar con anticipación siempre es mucho más económico que lidiar con las consecuencias posteriormente.
Lo que preocupa a los expertos no es solo la intensidad de este fenómeno de El Niño, sino también el momento en que se produce. Con muchas partes del mundo aún lidiando con conflictos, inflación, deuda pública y escasez de alimentos, un nuevo impacto climático podría sumir a millones de personas en una crisis.
Si se cumplen las predicciones actuales, El Niño no solo será el fenómeno meteorológico más notable de 2027, sino que podría convertirse en una prueba crucial para la capacidad de adaptación del mundo en una era de clima cada vez más extremo.
Fuente: https://hanoimoi.vn/the-gioi-truoc-phep-thu-el-nino-1207856.html








