Los maestros sin duda nunca olvidan a sus alumnos de cada generación que se gradúa. Con los ojos entrecerrados tras sus gruesas gafas, gritaban el nombre de cada uno. Este estudiante solía ser travieso, aquel era callado pero tenía talento para la literatura, o aquel casi los hizo llorar con sorpresas, desde fiestas de cumpleaños hasta el Día del Maestro Vietnamita. Todo parece como si fuera ayer, evocando tantos recuerdos hermosos que resurgen con el paso de los años.
| Enviando las dulces melodías de mayo, atesorando aún más recuerdos y momentos de la llegada de la estación. Allá afuera, la figura encorvada de mi madre, cargando sus mercancías por el estrecho sendero, anhela que mayo regrese a nuestra puerta... |
En mayo, junto al malecón, los niños perseguían cometas de colores que revoloteaban suavemente en la brisa de la tarde. El silbido de las cometas traía apacibles recuerdos de sus primeros días; algunos corrían tras cometas más grandes, otros se metían en el río pescando pequeños peces para freírlos con salsa de chile. Los cangrejos contemplaban perplejos la dorada luz del sol sobre los arrozales cargados de grano, presagiando una cosecha abundante. Papá seguía llevando diligentemente su azada a los campos todos los días, inspeccionando los arrozales desde su exuberante verdor hasta los días de la cosecha, con los ojos brillantes de alegría al ver una cosecha tan abundante después de tantos años. Los árboles frutales del jardín se impregnaban de los frescos sonidos del verano, y los alegres cantos de los niños resonaban desde el jardín del vecino. El "festival" infantil había comenzado así.
Caminé por el largo pasillo, absorto en mis pensamientos, recordando el sendero bordeado de jazmines amarillos que conducía a una curva donde crecían muchos tamarindos silvestres. Recordé cómo, al llegar mayo, iba allí tranquilamente, a veces para escapar de las frustraciones de la escuela, otras para recoger alegremente tamarindos ácidos para que mi madre preparara una refrescante sopa de verano. La charla de mis amigos aparecía y desaparecía en mi mente; este era el lugar donde la pequeña Minh, enfadada con su padre, se sentaba a llorar conmigo. Aquí era donde Quan recogía mangos verdes para mojarlos en pasta de camarones; esas imágenes siempre me llenan el corazón de un ritmo cálido y familiar.
Suiza
Fuente: https://baodongnai.com.vn/dong-nai-cuoi-tuan/202505/thenh-thang-thang-5-1dd1e30/






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