A finales de febrero, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) bloqueó el estrecho de Ormuz y emitió una advertencia: "Si alguien intenta cruzar, los héroes de la Guardia Revolucionaria y la armada regular reducirán esos barcos a cenizas".
Mediante ataques con drones y misiles antibuque, así como la colocación de minas, el régimen iraní ha interrumpido las exportaciones de petróleo de Oriente Medio y ha provocado un aumento vertiginoso de los precios de la energía.
Según un artículo de la revista Foreign Affairs, el control de las vías navegables ha sido utilizado durante mucho tiempo por naciones de todo el mundo para perturbar las operaciones de sus rivales e influir en los resultados estratégicos.
La revista cita el ejemplo de 1951, cuando, después de que el primer ministro iraní Mohammad Mossadegh nacionalizara la industria petrolera, Gran Bretaña utilizó su armada para interceptar petroleros iraníes que transitaban por el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz con el fin de ejercer presión económica sobre el gobierno de Mossadegh.
Por ejemplo, en la Guerra de los Petroleros de 1984, después de que Bagdad atacara con aviones y misiles a petroleros vinculados a Irán, Irán tomó represalias colocando minas en el Estrecho de Ormuz y atacando barcos de Kuwait, Arabia Saudita y países que apoyaban a Irak, lo que provocó un bloqueo del Estrecho de Ormuz.
Según la autora Lynn Kuok, que escribe en Foreign Affairs, la crisis actual en el estrecho de Ormuz demuestra claramente que cerrar el estrecho se ha vuelto más fácil, pero las consecuencias podrían ser muy graves.
Tecnologías relativamente económicas, como los sistemas de vigilancia costera, los misiles antibuque costeros, los drones, los buques de superficie no tripulados y las minas navales, han permitido a las naciones más débiles llevar a cabo ataques a gran escala contra adversarios más fuertes a un coste enorme.
El artículo afirma además que la concentración del comercio mundial y los flujos energéticos en unos pocos puntos críticos amplifica el impacto de las crisis locales.
Como señalaba el artículo, los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de bloquear el estrecho de Ormuz demostraron la voluntad de las grandes potencias de sufrir importantes pérdidas económicas e ignorar el derecho internacional, incluidas las normas de tránsito.
Además, el cierre de esta vía fluvial no tiene por qué causar daños graves; las meras amenazas bastan para aumentar las primas de los seguros, desviar las rutas marítimas internacionales y generar una importante inestabilidad en los mercados mundiales de materias primas.
La autora Lynn Kuok cree que el estrecho de Ormuz podría convertirse en un ejemplo de cómo incluso una potencia más débil puede transformar un punto estratégico en un arma estratégica y una herramienta de disuasión asimétrica, obligando a las naciones poderosas a asumir enormes riesgos.
Anticipándose a los acontecimientos futuros, el autor advierte que una situación similar al bloqueo del estrecho de Ormuz podría repetirse en otras partes del mundo, especialmente en los cuellos de botella de las rutas marítimas internacionales, como el estrecho de Luzón, el estrecho de Malaca en el océano Pacífico o el estrecho de Gibraltar que conecta el mar Mediterráneo con el océano Atlántico.
Fuente: https://giaoducthoidai.vn/tranh-doat-eo-bien-hormuz-ke-yeu-de-dang-danh-bai-ke-manh-post778926.html








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