
Estudiantes en un concurso para alumnos superdotados - Foto: NHU HUNG
Las escuelas secundarias especializadas (o simplemente escuelas especializadas) se organizan para identificar y cultivar a estudiantes superdotados y así crear una cantera de talento para el país. Sin embargo, en los últimos años, muchas de estas escuelas se están orientando hacia "estándares internacionales" mediante indicadores como el SAT, las puntuaciones de los exámenes AP y el porcentaje de estudiantes que estudian en el extranjero.
La misión de las escuelas especializadas
Según la Ley de Educación , las escuelas especializadas se organizan para identificar y formar a estudiantes con una inteligencia excepcional, que obtienen excelentes resultados académicos, y para desarrollar sus talentos en determinadas materias, al tiempo que se garantiza una educación general integral para crear una fuente de talento para el país.
En los últimos años, muchos institutos de enseñanza secundaria especializados en Vietnam han experimentado una marcada tendencia hacia un modelo conocido como "estándares internacionales". Algunos indicadores que se utilizan habitualmente para demostrar esta orientación incluyen las puntuaciones del SAT, los programas de AP, el porcentaje de estudiantes que estudian en el extranjero, el número de estudiantes admitidos en universidades extranjeras o el número de becas internacionales concedidas anualmente.
Ante todo, es importante afirmar que las certificaciones internacionales como el SAT o el AP tienen un valor académico genuino. El SAT está diseñado para evaluar la comprensión lectora, el pensamiento analítico y las habilidades matemáticas para la admisión a la universidad en los Estados Unidos.
Por su parte, el programa AP busca capacitar a los estudiantes para cursar asignaturas a un nivel equivalente al primer año de universidad. Estos certificados establecen un estándar de evaluación común para estudiantes de diversos países y contribuyen a ampliar las oportunidades educativas a nivel global.
Es importante comprender que el SAT y el AP son herramientas de admisión académica, no marcos exhaustivos para evaluar los resultados de un sistema educativo nacional.
Un sistema educativo moderno necesita no solo estudiantes que sobresalgan en las pruebas estandarizadas, sino también aquellos con habilidades de investigación, pensamiento creativo, capacidad para resolver problemas, habilidades de colaboración, responsabilidad social y capacidad de aprendizaje permanente. Gran parte de esta competencia no puede medirse completamente solo con pruebas estandarizadas.
Quedarse atrapado en el tema de las "admisiones internacionales"
El problema surge cuando los "estándares internacionales" se convierten en sinónimo de "estándares de admisión internacionales". Cuando el éxito de una escuela especializada se mide por las puntuaciones del SAT, el número de estudiantes admitidos en las mejores universidades o el porcentaje de estudiantes que estudian en el extranjero, todo el sistema educativo se adapta fácilmente para servir a esos indicadores.
El plan de estudios tiende a estar "orientado a los exámenes", con poco tiempo para la investigación, la creatividad y la experiencia práctica, y los estudiantes se ven inmersos en la competencia por obtener altas calificaciones desde una edad muy temprana.
En un entorno así, los estudiantes pueden ser muy buenos en técnicas para realizar exámenes, optimizar sus solicitudes o emplear estrategias académicas competitivas, pero esto no significa necesariamente que se hayan desarrollado en consecuencia en habilidades de investigación, innovación o la capacidad de resolver problemas sociales.
Un estudiante con un impresionante perfil internacional no es necesariamente una persona académicamente competente y completa, ni alguien que pueda contribuir de forma duradera al ecosistema científico y de innovación del país. Es necesario abordar este punto con franqueza: la educación de élite no puede medirse únicamente por su alto índice de admisión.
Cuando se persiguen objetivos de internacionalización con financiación pública, la cuestión deja de ser una elección individual para convertirse en un asunto de política educativa. Esto implica que los recursos públicos deben priorizarse para desarrollar una auténtica competencia académica, capacidades de investigación, innovación y la capacidad de contribuir a la sociedad a largo plazo.
Por lo tanto, si la mayor parte de los recursos públicos se utilizan para la preparación del SAT, el apoyo a la elaboración de solicitudes para estudiar en el extranjero o la optimización de la competitividad para la admisión en universidades extranjeras, surge la pregunta: ¿qué recibirá la sociedad a cambio de esa inversión?
Esto no constituye un argumento en contra de estudiar en el extranjero ni una negación del valor de los certificados internacionales. Al contrario, las oportunidades de aprendizaje global son esenciales en el contexto de la integración. Sin embargo, el problema radica en que los certificados internacionales se están convirtiendo gradualmente en el objetivo principal, en lugar de ser simplemente una herramienta de apoyo en el proceso de desarrollo de las habilidades de los estudiantes.
Las "normas internacionales" no son solo certificaciones internacionales.
Hoy en día, es un error común creer que tener un certificado internacional equivale a alcanzar "estándares internacionales". En realidad, los estándares internacionales en la educación moderna se entienden de forma mucho más amplia. Abarcan no solo la competencia académica, sino también el pensamiento crítico, las habilidades de investigación, la innovación, las competencias digitales, la colaboración interdisciplinaria y la responsabilidad ciudadana global.
Muchos sistemas educativos avanzados, como los de Finlandia, Singapur y Corea del Sur, no utilizan las puntuaciones del SAT ni de los exámenes AP como estándares nacionales de graduación. En cambio, desarrollan sus propios marcos de competencias que combinan conocimientos académicos, investigación, proyectos creativos, participación comunitaria y habilidades prácticas para la resolución de problemas.
En estos sistemas, las certificaciones internacionales sirven únicamente como punto de referencia, no como eje central de la filosofía educativa. Esto demuestra que «internacionalizar la educación» no equivale a «internacionalizar los exámenes».
Necesitamos un marco de producción que se ajuste a los estándares internacionales.
En lugar de utilizar las puntuaciones del SAT, los exámenes AP o las tasas de estudios en el extranjero como indicadores principales, las escuelas especializadas deberían aspirar a construir un marco de resultados que se aproxime lo más posible a los estándares internacionales, en consonancia con el espíritu de la Ley de Educación.
Ese marco de resultados debería incluir competencias académicas básicas, habilidades de investigación, innovación, idiomas extranjeros, comunicación intercultural, la capacidad de utilizar la tecnología y la inteligencia artificial, así como responsabilidad social y habilidades cívicas.
En ese modelo, las calificaciones del SAT o del AP aún pueden considerarse logros académicos valiosos, pero son solo un componente del panorama general. Más importante aún, los estudiantes desarrollan la capacidad de pensar de forma independiente, resolver problemas, realizar investigaciones científicas y contribuir a la sociedad a largo plazo.
Una buena educación no se mide por la cantidad de certificados que poseen los estudiantes, sino por su competencia genuina, creatividad, capacidad de investigación y contribuciones a la comunidad.
La educación de élite no solo debe formar personas que sepan competir por un buen currículum, sino también científicos, innovadores y ciudadanos responsables del desarrollo del país.
Fuente: https://tuoitre.vn/truong-chuyen-can-mot-chuan-quoc-te-rong-hon-sat-20260516092808895.htm








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