En la madrugada del 21 de enero en Yeda, la selección sub-23 de China derrotó a la selección sub-23 de Vietnam por 3-0 en las semifinales del Campeonato Asiático Sub-23 de la AFC 2026. Este resultado sorprendió a muchos, no solo por la diferencia de forma antes del torneo, sino también por la manera en que la selección sub-23 china manejó el partido: con limpieza, confianza y eficacia.
Por primera vez en más de dos décadas, el fútbol juvenil chino ha regresado a una final continental gracias a sus propias capacidades, no a las circunstancias ni a la suerte.
La clave está en la liga nacional, no en milagros a corto plazo.
Según Sina Sport , esta plantilla tiene una edad media de 21,3 años y un valor total de 8,48 millones de euros. Estas cifras no pretenden ser presuntuosas. Al contrario, plantean una pregunta importante: ¿es esto una señal de que el fútbol chino está encontrando un camino más realista para desarrollar a la próxima generación?
La mayor diferencia de esta selección china sub-23 no reside en su formación ni en un momento de brillantez puntual, sino en su experiencia acumulada. La mayoría de los jugadores clave del equipo cuentan con una importante trayectoria en la Superliga china y la Primera División china. No llegan al ámbito asiático como "jóvenes promesas", sino como individuos ya acostumbrados a la presión de conseguir resultados, la intensidad de la competición y el riguroso proceso de selección del fútbol profesional.
Wang Yudong llega al torneo tras una temporada revelación en la liga nacional. Xiang Yuwang no saltó a la fama gracias a un solo partido, sino que es el resultado de dos temporadas consecutivas de gran capacidad goleadora en la Primera División.
Peng Xiao ha madurado en cada nivel de la liga, desde la Segunda División hasta la Superliga, demostrando una madurez poco común en un joven defensa central. Estos datos no son nuevos, pero al compararlos con su actuación contra la selección sub-23 de Vietnam, resaltan un punto importante: el valor de una plantilla no es un número abstracto, sino que se construye a partir del tiempo real de juego.
Frente a Vietnam Sub-23, China Sub-23 no demostró superioridad en el control del balón, pero sí destacó en la toma de decisiones. Defendieron con disciplina, mantuvieron la calma bajo presión y aprovecharon bien los momentos clave.
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El primer gol, obra de un defensa central; el segundo, fruto de una buena combinación en el centro del campo; y el remate en el tiempo de descuento demostraron la solidez de su estructura ofensiva. No fue una victoria fruto de la improvisación, sino el resultado de un equipo que comprendía sus fortalezas y debilidades.
Más importante aún, este equipo no depende de un solo jugador. Los tres goles fueron anotados por tres jugadores diferentes, en tres momentos distintos, lo que refleja una clara distribución de la responsabilidad. Esto es señal de un equipo maduro, algo que el fútbol chino ha echado en falta durante muchos años.
Actitud, contexto y la gran prueba llamada Japón.
El éxito de la selección china sub-23 no puede separarse del contexto del torneo. Este Campeonato Asiático Sub-23 no estaba directamente vinculado a la clasificación olímpica, lo que llevó a muchos equipos a considerarlo una prueba de fuego.
Algunos rivales se preparan apresuradamente, incluso utilizando jugadores más jóvenes que ellos. En ese contexto, la selección china sub-23 adopta un enfoque opuesto: se concentra intensamente, se prepara durante un largo período y considera el torneo como el objetivo principal.
Esa diferencia de actitud se reflejó claramente en el terreno de juego. Contra Vietnam Sub-23, el equipo chino no mostró impaciencia ni nerviosismo excesivo. Esperaron pacientemente el momento oportuno, mantuvieron su formación y solo aceleraron cuando fue necesario.
Cuando sus rivales se ven obligados a presionar, aparecen huecos, y la selección china sub-23 los aprovecha al máximo. Este es el tipo de victoria que un equipo puede lograr comprendiendo el valor de cada minuto en el campo, en lugar de dejarse llevar por las emociones en un partido.
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Sin embargo, este camino solo cobra verdadero sentido al llegar a la prueba final: el partido decisivo contra Japón Sub-23. Japón no solo es más fuerte en cuanto a tradición, sino también más constante en la formación de jugadores. Son la referencia más precisa para evaluar el progreso de China Sub-23.
Si nos fijamos únicamente en el resultado, la selección china sub-23 ha tenido éxito. Pero si analizamos más a fondo, lo destacable es cómo llegaron a la final.
Este es un caso excepcional en el que el fútbol juvenil chino demuestra una perfecta integración entre el entrenamiento, la liga nacional y la selección nacional. La inversión de 8,48 millones de euros ya no es solo una cifra simbólica, sino que se está transformando gradualmente en un valor tangible sobre el terreno de juego.
Independientemente del resultado final, este equipo envió un mensaje claro: cuando los jugadores jóvenes tienen minutos de juego regulares, se desenvuelven en un entorno verdaderamente competitivo y reciben una preparación rigurosa, pueden progresar a nivel continental. No es un milagro, sino la lógica del fútbol.
La pregunta que queda es: ¿tendrá el fútbol chino la paciencia necesaria para convertir este momento en un ciclo de desarrollo sostenible, o se considerará un éxito aislado que pronto se olvidará? La selección china sub-23 ha abierto la puerta. Que la crucen o no, es algo que determinará todo el sistema que la respalda.
Fuente: https://znews.vn/u23-trung-quoc-thang-dam-viet-nam-khong-phai-tinh-co-post1621420.html











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